Desde que tomó la atención del público, Donald Trump fue seriamente criticado por su trato hacia las mujeres y durante la campaña por la Presidencia de Estados Unidos, 13 mujeres denunciaron insinuaciones sexuales no deseadas por parte del ahora Mandatario. El caso más emblemático de la campaña fue la divulgación de una grabación, hecha en 2005, por el programa "Access Hollywood", en la que Trump se jacta de ser capaz de manosear y besar a las mujeres, todo en un tono vulgar, soez y con poco respeto.

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La población femenina es mayoría en Estados Unidos, con 162, 100,917 mujeres, lo que supone el 50.43% del total, frente a los 159, 317,903 hombres que son el 49.57%, según datos macro.

El tema de que el Presidente de la nación más poderosa del mundo no respete al factor demográfico más numeroso de ese país, no es sólo problema de Estados Unidos, es un problema mundial. Para poder lograr en algún punto una equidad de género los líderes del mundo deben predicar con el ejemplo y el hombre que está encargado de velar por los intereses de los estadounidenses debe ser uno de los que cargue con la batuta en cuanto equidad de género se refiere.

En Estados Unidos hay muchos frentes abiertos en lo que a equidad de género respecta. Tras éxitos en este tema décadas anteriores, la proporción de mujeres en la fuerza de trabajo estadounidense se ha estabilizado en los últimos años. Según proyecciones publicadas recientemente por la Oficina de Estadísticas Laborales de ese país, la proporción femenina de fuerza laboral alcanzará un pico de 47.1% en 2025 y luego disminuirá a 46.3% en 2060, lo que significa que las mujeres seguirán siendo una minoría de la fuerza de trabajo.

La disminución de la participación en la fuerza de trabajo es preocupante porque las mejoras en el nivel de vida de cualquier país dependen de la participación en la fuerza de trabajo y del crecimiento de la productividad. En medio siglo (1950-2000), el rápido aumento de la proporción de mujeres que se incorporaron a la fuerza laboral, estimuló un aumento del nivel de vida (medido por el producto interno bruto por persona). La disminución de la participación desde el año 2000 ha funcionado con el efecto contrario, deprimiendo el crecimiento económico.

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Según datos del Centro de investigaciones Pew, en esas cinco décadas el aumento en la participación de las mujeres en la fuerza laboral se debió sobre todo a la incorporación de las mujeres casadas y las madres casadas. Para el año 2000, el 59.9% de las mujeres estaban en la fuerza de trabajo, frente al 37.7% de 1960. Para la década de los años noventa el crecimiento sostenido de la representación de la mano de obra femenina se desaceleró a medida que la participación de las mujeres alcanzó su punto máximo. La participación de la población activa disminuyó tanto para hombres como para mujeres entre 2000 y 2015, por lo que las tasas de crecimiento de la mano de obra masculina y femenina son ahora bastante similares en promedio: 0.8% anual para las mujeres entre 2000 y 2010, frente al 0.7% para los hombres, según datos de Pew.

Esta disminución de la participación femenina desde 1999 no se debe únicamente al envejecimiento ya la jubilación. Según Pew, la tasa de participación de las mujeres de 25 a 54 años ha disminuido desde el año 2000. La caída ha sido generalizada. Actualmente, según las estadísticas de Pew, las madres con hijos menores de 18 años tienen menos probabilidades de participar en la fuerza laboral que en el año 2000, en particular las madres con menos educación.

Esto puede ser debido en parte a las actitudes cambiantes del papel del género. Las mujeres sin hijos menores de 18 años y mujeres solteras también tienen menos probabilidades de participar que en los años noventa a esa edad. La retirada de mujeres solteras de la mano de obra en parte refleja que más de ellas van a la escuela.

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Para poder incorporarse al mercado laboral, las mujeres debieron superar ciertos mitos que determinaban las decisiones de hombres y mujeres sobre quiénes debían de nutrir la clase trabajadora de cada país. Aunque pareciera que se superaron esos mitos, en todo el mundo, las niñas y las mujeres batallan con opiniones y creencias comunes que limitan sus oportunidades y potencial.

Lo cierto es que las mujeres son agentes económicos importantes para el desarrollo que todos los días superan barreras de género. Las mujeres triunfan a pese a las leyes, las políticas y las instituciones que las detienen, pero es una lucha constante.

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Es hora de crear ambientes de apoyo para que las mujeres prosperen económicamente, y busque estos mitos de una vez por todas, por eso aquí hay 7 mitos que se deben de eliminar para invertir en las mujeres:

1. Mito: Invertir en las mujeres no deja dividendos

Cerrar la brecha de género en el mercado laboral lleva directamente a un aumento significativo del Producto Interno Bruto (PIB). Un informe reciente del McKinsey Global Institute, citado por el Foro Económico Mundial, reveló que si las mujeres desempeñan un papel idéntico en los mercados de trabajo con respecto al de los hombres, se podrían agregar 28 billones de dólares o 26% al PIB anual global para el año 2025. Ese aumento es equivalente al PIB de China y Estados Unidos juntos.

2. Mito: La inequidad de género no es un problema en países desarrollados

La inequidad de género es un problema generalizado a nivel mundial. Aunque algunos países han hecho progresos significativos en este tema, la inequidad sigue en niveles altos. Según el Foro Económico Mundial, en Estados Unidos, hay sólo 66 mujeres por cada 100 hombres en puestos directivos y las mujeres casi doblan el trabajo de cuidado no remunerado que realizan los hombres. Mientras tanto, en Europa la situación de las mujeres es aún menos prometedora. Los hombres ocupan el 89% de los puestos de trabajo de los comités ejecutivos en las 100 mejores empresas.

Según una noticia difundida por la agencia de noticias mexicana, Notimex, citando a especialistas de la Universidad de Monterrey, el 91% de las mujeres mexicanas se sienten preparadas para asumir altos puestos ejecutivos en las empresas, pese a los obstáculos a enfrentar.

3. Mito: El salario de la mujeres no se usa de manera diferente que el de los hombres

Según el Foro Económico Mundial, un gran porcentaje del salario de las mujeres se invierte en sus familias y en su comunidad. Este gasto impulsa un mejor acceso a la educación, la nutrición y la asistencia sanitaria. Según el Foro Económico Mundial, la evidencia también demuestra que no es sólo un aumento de los ingresos de la mujer, sino más bien su control sobre los ingresos que le ayuda a lograr el empoderamiento económico. Un estudio en Brasil mostró que la probabilidad de supervivencia de un niño aumentó en un 20% cuando la madre tomó decisiones financieras. Estas decisiones económicas clave, sin embargo, están intrincadamente envueltas en normas culturales en torno al género, la edad, el origen étnico, la salud o el estado físico y la jerarquía social general.

En este punto encontramos una de las más grandes preocupaciones actuales de la agenda pública de Estados Unidos. Según la agencia de noticias norteamericana, AP, el intento del Partido Republicano para derogar la ley de atención sanitaria del ex presidente Barack Obama, conocida como Obamacare, aumenta la preocupación sobre las repercusiones que podría tener para las mujeres, ya que esta ley del 2010 acabó con una práctica común entre las aseguradoras, que cobraban más a las mujeres que a los hombres por pólizas contratadas individualmente. El Obamacare convirtió la maternidad y la atención a los recién nacidos en un beneficio incluido en casi todos los planes sanitarios, y estableció una serie de servicios preventivos que deberían ser proporcionados sin un costo extra a las mujeres

4. Mito: Las mujeres eligen trabajar menos que los hombres

Según el Foro Económico Mundial, las mujeres soportan más carga de trabajo no remunerado y tienen menos oportunidades. Según el Foro Económico Mundial, la cuestión es que su trabajo no es remunerado y a menudo no está registrado. En algunas regiones como Asia meridional, Oriente Medio y África del Norte, las mujeres asumen hasta el 90% del trabajo de cuidado no remunerado. Según el Reporte Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial, el promedio de horas laborales diarias de una mujer es de 8 horas 39 minutos, cuatro horas con 47 minutos del total no son pagadas. Los hombres por el contrario, sólo trabajan una hora y media diaria extra de forma no remunerada del promedio total de siete horas con 47 minutos trabajadas diariamente.

5. Mito: La inequidad termina cuando el salario de las mujeres aumenta

Se debe dar a las mujeres el control sobre el ingreso lo que encamina hacia el fin de la desigualdad. Según el Foro Económico Mundial, existe evidencia que demuestra que no es sólo un aumento de los ingresos, sino su control sobre los ingresos lo que le ayuda al género a lograr el empoderamiento económico. Cuando una mujer sostiene las cuerdas al bolso de la familia, esa familia tiene más probabilidad de prosperar. El Foro Económico Mundial ejemplificó que en el Programa Bolsa Familiar de Brasil, que proporciona transferencias monetarias directamente a la mujer cabeza de familia, representó hasta un 25% de la reducción de la desigualdad en Brasil y un 16% de su caída en la pobreza extrema.

6. Mito: No vale la pena invertir en políticas favorables a la familia y sensibles al género

Según el Foro Económico Mundial, en Estados Unidos, por cada dólar invertido en planificación familiar el resultado son siete dólares de ahorro; en países como Jordania, un dólar puede resultar en hasta en 16 en ahorros. El Consenso de Copenhague mostró que por cada dólar gastado en métodos anticonceptivos modernos el resultado arrojará al menos 120 dólares en beneficios totales.

El Foro Económico Mundial argumentó que las empresas que invierten en políticas favorables a la familia y sensibles al género han encontrado altos retornos en sus inversiones, incluyendo la reducción del absentismo laboral y el aumento de la productividad.

7. Mito: Los grupos de mujeres no se dedican al desarrollo económico

Según el Foro Económico Mundial, los grupos de mujeres, incluidos las cooperativas, los colectivos, los grupos de agricultores, las asociaciones empresariales y los sindicatos, suelen ser el único camino para el desarrollo económico sostenible de muchas mujeres de todo el mundo.

Según la información del Foro Económico Mundial, estos grupos de mujeres pueden ofrecer un refugio seguro en el cual las mujeres de escasos recursos pueden agrupar y maximizar los recursos, manejar el riesgo, innovar y experimentar, desarrollar habilidades y capacidad, enseñar y aprender unos de otras, organizarse y abogar por los derechos, compartir responsabilidades de cuidado, y recibir información clave sobre todo, desde la información del mercado hasta la orientación nutricional, la planificación familiar y la salud reproductiva.

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