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Arte e Ideas

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Destello: la primera impresión nunca falla

La nueva revisión de la Colección Jumex nos toma desprevenidos. Hay obras contundentes como un susto, una carcajada o un knock-out.

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Un destello es un aura. Más bien, es como el comienzo de un aura, un pequeño golpe de luz que en cuanto lo vemos se apaga. En algún momento un destello duró lo suficiente para que alguien alcanzara a bautizarlo, a inventarle una definición.

Muchas veces pensamos que la experiencia humana se reduce a lo que podemos razonar, a lo que podemos nombrar y definir; nos olvidamos precisamente de los destellos, de esas impresiones breves e indefinibles que nos dejan de plano sin palabras.

Destello se llama la nueva exposición de la Colección Jumex y es precisamente eso: un recorrido de primeras impresiones, de obras de arte que nos toman desprevenidos.

Es decir, esta es una exposición para no pensar mucho. El curador Osvaldo Sánchez preparó una muy efectiva selección de obras (la mayoría pertenecientes a la Colección Jumex, aunque también hay algunos préstamos) que son contundentes como un susto, una carcajada o un knock-out.

Obras rotundas como las arañas gigantes de Louise Bourgeois. Una de ellas, de tamaño mediano (unos 2 metros de largo) abre el recorrido desde una pared. Más parece que nos mira ella a nosotros que nosotros a ella.

Pero la contundencia no es cosa de tamaño, así que junto a la araña de Bourgeois hay un pequeño dibujo Francis Alÿs, un dibujo místico que a primer golpe de vista parece una ilustración de catecismo o de manual de sadomasoquismo. Cuando leemos la placa, nos damos cuenta que más bien es un bosquejo de uno de sus happenings más famosos, Cuando la fe mueve montañas en el que decenas de personas le ayudaron a mover una duna a palazos.

Quizá la mejor recomendación para disfrutar Destello sería hacerlo dos veces: una vez rápido, sin detenerse nunca a leer las placas descriptivas de las obras, dejar que nuestras reacciones naturales tomen el control; la segunda vez solo deteniéndose antes las obras que hayan parecido más enigmáticas o las que hayan causado una impresión difícil de definir.

Todo depende del humor

Algo que hay que celebrar de Destello es su buen humor. No pocas veces esta reseñista soltó una risotada durante el recorrido.

Algunas obras son cómicas por sí mismas, como la escultura Autogol de Thomas Glassford: un chile que se mete el rabito a sí mismo (¿Glassford será chilango de clóset?).

Otra muy cómica es la extrañísima escultura del norteamericano Charles Long. Es una pieza negra de dos piezas montadas en la pared como si fueran repisas. La particularidad es que las repisas parecen estarse derritiendo. Leer el título da todavía más risa: la obra se llama Shelf-pity (Juego de palabras intraducible entre self pity, autocompasión, y shelf, repisa)

Hay otras piezas que resultan cómicas por su efecto que causan al enfrentarse con otras obras, seguramente con toda la intención del curador. Un ejemplo es la escultura sin título de Alan Saret, una nube de alambre gris y enmarañado como una mata de pelo, puesta junto al autorretrato al desnudo del fotógrafo John Complans, quien era muy velludo.

Pero así como algo puede ser muy cómico para alguien, para otro visitante puede resultar irritante o conmovedor hasta las lágrimas.

Destello se trata de dejarnos llevar por las primeras impresiones, de por una vez quedarnos en silencio y darle toda la razón a nuestras tripas.

cmoreno@eleconomista.com.mx

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