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¿Hay una burbuja de Inteligencia Artificial?
Los billones de dólares comprometidos en infraestructura de cómputo superan con creces los ingresos actuales de la industria. Expertos del sector divergen sobre si el mercado puede sostener esta apuesta.
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Austin, Texas. En algún momento de los años 90, las telecomunicaciones del mundo enterraron kilómetros de fibra óptica convencidas de que la demanda de internet crecería 30% anual. Creció al 15 por ciento. La diferencia entre esas dos cifras fue suficiente para quebrar a cientos de empresas y hundir billones de dólares en capital en lo que se conoce como la burbuja de las dotcom. Hoy, desde el corazón del ecosistema tecnológico de Texas, los arquitectos de la infraestructura de Inteligencia Artificial (IA) describen un escenario similar.
Dan Stanzione, director ejecutivo del Texas Advanced Computing Center (TACC) de la Universidad de Texas en Austin, uno de los centros de supercómputo más importantes del mundo, no duda en plantearlo con precisión matemática. OpenAI generó entre 10,000 y 15,000 millones de dólares en ingresos el año pasado. Sin embargo, sus compromisos de compra con proveedores de centros de datos durante los próximos cinco años ascienden a 1.3 billones de dólares.
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"Si crecen 10 veces y llegan a 100,000 millones de dólares, aún no es suficiente para pagar 1.3 billones", advirtió Stanzione a medios de comunicación.
Una empresa que crece por un factor de 10 sería, en cualquier industria convencional, un caso de éxito histórico. En la economía de la IA actual, eso todavía la dejaría en números rojos frente a sus acreedores.
Un problema de aritmética simple
El argumento de Stanzione no requiere modelos econométricos sofisticados. Si la industria aspira a generar 1 billón de dólares anuales vendiendo suscripciones de chatbots a 20 dólares por mes, necesitaría 50,000 millones de suscriptores. La población mundial es de apenas 8,000 millones de personas.
Esto quiere decir que, para sostener las inversiones actuales, el precio promedio de los servicios de IA deberá ser sustancialmente mayor, los modelos de negocio tendrán que diversificarse hacia usos empresariales de alto valor, o una parte importante de las empresas que hoy invierten no sobrevivirá.
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A esto se suma una dinámica financiera que el director del TACC describe como "dinero reciclado". Nvidia realiza una inversión en una empresa; esa empresa usa el capital para comprar hardware de Nvidia, lo que eleva el precio de la acción de Nvidia, lo que permite a la compañía hacer otra inversión. El ciclo genera apariencia de crecimiento sin que haya un flujo real de demanda externa que lo respalde. Oracle, por ejemplo, tiene contratos suficientes para justificar su expansión, pero ha pedido prestados 130,000 millones de dólares para financiarla. Si la demanda no se materializa, esa deuda no desaparece, y los servidores que compró hoy valdrán poco o nada en cuatro o cinco años.
Los márgenes actuales de los fabricantes de GPUs, memorias y dispositivos de almacenamiento rondan el 700%, según Stanzione. Esa cifra es incompatible con un mercado maduro y competitivo, y su normalización inevitable comprimirá los ingresos de toda la cadena de suministro.
Del otro lado del mostrador
En las oficinas de Dell Technologies, a pocos kilómetros del TACC, el panorama luce distinto. David Schmidt, director sénior de Sistemas de Cómputo, y Armando Acosta, director de Gestión de Productos de HPC, describen una demanda que simplemente no muestra señales de desaceleración.
Dos centros de datos de la empresa Switch construidos en las inmediaciones de Austin estaban planeados para alcanzar su capacidad máxima en el año 2030. Ya están vendidos en 2026, y uno de ellos ni siquiera ha sido terminado de construir.
Para los ejecutivos de Dell, el mercado tiene aún amplio margen de expansión porque la adopción empresarial y comercial de la IA apenas está comenzando.
"Seguimos en la punta de la lanza", dijo Acosta a medios de comunicación.
Las grandes empresas que reconfiguran sus centros de datos para IA representan solo una fracción de la demanda potencial; la mayor parte del tejido corporativo global (manufactura, retail, petróleo y gas, banca) todavía está evaluando su primer caso de uso. Si esa adopción se acelera, la capacidad instalada actual podría resultar insuficiente.
La posición de Dell no niega la posibilidad de un ajuste, sino que subraya que el ciclo no ha terminado. Schmidt apunta que, históricamente, cada oleada tecnológica ha tenido un ciclo de renovación en el que la infraestructura construida en una generación es reemplazada por tecnología más eficiente en la siguiente, y que ese proceso es inherente a la industria, no una señal de colapso.
Peso ambiental y regulatorio
El crecimiento de los centros de datos plantea un problema de infraestructura física que tiene consecuencias directas para los consumidores. Stanzione describe cómo los centros de datos comerciales de hace una década consumían entre 20 y 30 megawatts. Las nuevas instalaciones de IA operan en el rango de gigawatts, cientos de veces más. Ese consumo, cuando se conecta a la red eléctrica general, eleva los costos de electricidad para toda la población.
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El TACC opera con un sistema cerrado de enfriamiento por agua: bombea alrededor de 130,000 galones (casi medio millón de litros) por hora para mantener sus servidores a temperatura adecuada, pero reutiliza casi toda esa agua en un ciclo continuo desde 2012. Muchos centros de datos privados, especialmente los vinculados a la minería de criptomonedas, han operado de forma mucho menos eficiente. La regulación, concluye Stanzione, puede marcar la diferencia entre una industria ambientalmente responsable y un desastre de proporciones masivas.
Crecimiento posible, quiebra inevitable
Lo que emerge de estas conversaciones no es un diagnóstico binario de burbuja o bonanza, sino la certeza de que la IA transformará la economía global, combinada con la igualmente alta probabilidad de que una parte significativa de las empresas que hoy apuestan por ella no sobrevivirá para verlo.
Stanzione lo formula con claridad histórica. El internet fue un negocio enorme y transformador, y aun así la mitad de las empresas punto com quebraron en 1999. El sector inmobiliario es indispensable para cualquier sociedad, y sin embargo genera una crisis cada veinte años.
"Probablemente estamos gastando demasiado en infraestructura ahora mismo", admitió.
Su pronóstico para el sector científico y académico es de crecimiento sostenido, pero moderado, acotado por presupuestos gubernamentales que en Estados Unidos, paradójicamente, están disminuyendo.
La pregunta que define el destino de billones de dólares no es si la IA será importante. Lo será. La pregunta es si el ingreso total mundial de la industria llegará a 1, 2 o 5 billones de dólares anuales. En uno de esos escenarios, todos ganan. En otro, la mitad de las empresas desaparece. Aun nadie tiene la respuesta.