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Financieras agropecuarias, ante mayor morosidad por clima y precios de materias primas
Un menor dinamismo económico podría reducir la demanda de crédito y presionar la capacidad de pago de los deudores más vulnerables.
Las financieras enfocadas en el sector agropecuario enfrentan un deterioro en la calidad de su cartera ante el impacto de las sequías y otros fenómenos climatológicos, así como la volatilidad en los precios internacionales de las materias primas. Al segundo trimestre del 2026, el segmento agrofinanciero registró un índice de morosidad ajustado de 6.7%, frente a 4.1% en el mismo periodo del año previo, de acuerdo con un análisis de HR Ratings.
La cartera agrofinanciera alcanzó 37,905 millones de pesos al cierre de junio del 2026, equivalente a 14.7% de la cartera total consolidada de la muestra de la calificadora, que ascendió a 257,675 millones de pesos. Un año antes, la participación del segmento era de 13.3 por ciento.
El deterioro de la cartera ocurre en un entorno económico menos favorable para las instituciones financieras no bancarias (IFNB), de acuerdo con HR Ratings, estima que la economía mexicana crecerá 1.1% este año, debido a una desaceleración del consumo y menores flujos de remesas. Un menor dinamismo económico podría reducir la demanda de crédito y presionar la capacidad de pago de los deudores más vulnerables.
A este escenario se suma el descenso de las tasas de interés, recientemente el Banco de México redujo su tasa de referencia de 9.3% a 7.2% a junio del 2026, lo que beneficia a los acreditados, pero puede limitar los ingresos por intereses de las financieras con una mayor exposición a créditos a tasa variable.
Entre los segmentos analizados por HR Ratings, el agrofinanciero registró el segundo mayor índice de morosidad ajustado, solo por debajo del microfinanciero. Este último reportó un indicador de 13.6% al segundo trimestre del 2026, aunque mostró una ligera mejora frente al 14% registrado un año antes.
“Esta tendencia al alza refleja la vulnerabilidad del sector primario ante choques climatológicos en diversas regiones agrícolas del país y la volatilidad en las cotizaciones internacionales de las materias primas”, señaló la calificadora.
De acuerdo con el análisis, estos factores limitan los ingresos de los productores, pese a los esfuerzos de las instituciones por incorporar herramientas como coberturas financieras y monitoreo satelital en sus procesos de originación.
El riesgo climático también se mantiene como una preocupación para el sistema financiero en general. En su Reporte de Estabilidad Financiera, publicado en junio pasado por el Banco de México, se destaca que 79% de las instituciones consultadas identificó los riesgos climáticos como uno de los principales riesgos no financieros en mayo del 2026, frente a 81% en noviembre del 2025.
Aunque la proporción disminuyó dos puntos porcentuales, el riesgo climático se mantuvo por encima de factores como la inseguridad y violencia, identificado por 69% de las instituciones, y sólo por debajo de los riesgos políticos, geopolíticos y sociales, con 91%, y los cibernéticos y tecnológicos con 85 por ciento.
Fondeo, otro reto para las financieras
El deterioro de algunos segmentos ocurre mientras las IFNB mantienen, en términos generales, una posición financiera favorable, aunque con diferencias importantes dependiendo del tipo de clientes y sectores que atienden.
Otro de los retos para estas instituciones es el acceso al fondeo. Por su parte, Fitch Ratings ha señalado que, aunque las condiciones del mercado de deuda local han mejorado, las financieras privadas de menor escala todavía enfrentan dificultades para colocar deuda en el mercado bursátil.
A ello se suma la concentración de las inversiones institucionales. De acuerdo con Fitch Ratings, alrededor de 95% de los recursos de los grandes fondos de inversión, incluidas las afores, se concentra en valores gubernamentales o emisores con la máxima calificación crediticia, lo que limita el acceso de financieras pequeñas o con perfiles de mayor riesgo a estas fuentes de financiamiento.
Pese a estos desafíos, la posición financiera general de las IFNB se mantiene sólida. El sector registró un índice de capitalización de 31.9% al cierre de junio del 2026, nivel que le proporciona un margen para absorber pérdidas y mantener sus planes de crecimiento.
Asimismo, el índice de morosidad general se ubicó en 3.6%, una ligera reducción que se presentó en un contexto de crecimiento de 17.8% en la colocación de nuevos financiamientos, lo que contribuyó a diluir el peso de la cartera con problemas de pago.
En materia de rentabilidad, las IFNB también mantienen resultados positivos, con un rendimiento promedio sobre activos (ROA) de 3.3 por ciento.
En el caso del sector agropecuario, el perfil de riesgo también está respaldado por los esquemas de garantías de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), que apoyan al sector agropecuario, forestal y pesquero mediante programas especializados como el Fondo de Garantía y Fomento para la Agricultura, Ganadería y Avicultura (FEGA), el Fondo Especial para Financiamientos Agropecuarios (FEFA) y otros mecanismos de garantía.
Estos esquemas funcionan como mecanismos de mitigación de pérdidas para los intermediarios financieros no bancarios, al reducir el impacto de los incumplimientos sobre sus carteras.
“Dichos fondos operan bajo un esquema de banca de segundo piso y canalizan recursos e incentivos que funcionan como un mitigante directo de pérdida, optimizando la severidad del incumplimiento de la red de intermediarios no bancarios de la muestra”, señaló HR Ratings.
La cartera agrofinanciera alcanzó 37,905 millones de pesos al cierre de junio del 2026, equivalente a 14.7% de la cartera total consolidada de la muestra de la calificadora.