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Políticos autoritarios aprovechan miedos a los cambios que trae el siglo XXI: Manuel Hinds
Lo que la gente quiere es certeza, porque está llena de angustias ante el cambio tecnológico y sus consecuencias, como la migración internacional y este tipo de dirigentes ofrece mano dura, poniendo en riesgo la democracia liberal, explica el economista Manuel Hinds.
Los cambios generados a escala mundial por la revolución tecnológica en marcha han generado una serie de incertidumbres, odios, resistencias y miedos, que han aprovechado líderes autoritarios que ofrecen mano dura y certezas, plantea Manuel Hinds.
En entrevista, el autor del libro Nuevo Orden Mundial. La reconfiguración del mundo tras las guerras en Ucrania y Medio Oriente, editado por Debate, explica que asistimos a una nueva revolución tecnológica que causa cambios en las relaciones humanas; en la actitud con las que se enfrenta esa realidad y en las instituciones y políticas públicas para enfrentar esas trasformaciones.
En ese sentido indica que la atracción que generan figuras como Donald Trump, en Estados Unidos; Javier Milei, en Argentina o Nayib Bukele, en El Salvador. Responde que lo que la gente quiere es certeza, porque está llena de angustia ante el cambio.
En Estados Unidos, por ejemplo, hay un sector de la población que dice aquí están llegando todos esos latinos que nos están quitando los trabajos. Nuestras familias, que han vivido aquí por decenas de años y que han trabajado para formar este país, se están quedando sin trabajo, porque están llegando otros. Yo no voy a encontrar trabajo, ni mis hijos.
El problema, añade, es que la gente empieza a creer que un líder como Trump va a ser su salvador.
Manuel Hinds es un ingeniero industrial originario de Costa Rica, que se nacionalizó como ciudadano de El Salvador, de donde fue ministro de Economía, de 1995 a 1999. Luego trabajó como economista principal del Banco Mundial para América Latina. Posteriormente fue jefe de la División de Comercio, Finanzas y Desarrollo del Sector Privado para Europa, Oriente Medio y Norte de África en el Departamento Técnico. A finales de los años ochenta del siglo pasado, trabajó en Europa del Este, en el momento del colapso del comunismo. Es autor de los libros: “En defensa de la democracia liberal: lo que debemos hacer para sanar a un Estados Unidos dividido” y “Triunfo de la sociedad flexible: La revolución de la conectividad y la resistencia al cambio”.
El economista llama la atención en que los cambios en marcha generan resistencias, las cuales históricamente se han enfrentado de distintas maneras.
Recuerda la experiencia en la Revolución Industrial, donde, debido a los cambios en la agricultura, se generó una gran migración a los centros urbanos y, ya en las ciudades, donde había gente concentrada, comenzaron a ocurrir manifestaciones sociales, para exigir soluciones a demandas de diversos tipos.
Las respuestas a esas demandas fueron delimitando dos tipos de regímenes: Las naciones que se convertirían en democracias liberales, como Inglaterra, se abrieron a las demandas. Lo que hicieron fue darle más votos a la gente, permitieron que hubiera sindicatos y mejoraron servicios sociales.
Sin embargo, hubo otras donde se opusieron al cambio y prohibieron las políticas en favor de los pobres, por ejemplo, Alemania y Rusia. No quisieron flexibilizarse y absorber las fuerzas nuevas que venían y derivaron en comunismo o nazismo con figuras autoritarias al frente.
Eso se explica porque, ante el caos que generaron las demandas no satisfechas, “en Alemania y antes en Rusia, la gente lo que quería es que llegara alguien que impusiera orden. Alguien que dijera aquí el que manda soy yo y todos me van a hacer caso”.
En ese sentido, Hinds subraya que, en la actualidad, la nueva conectividad promueve las organizaciones multidimensionales y horizontales: sin embargo, esto no ha impedido que esté siendo usada para fortalecer regímenes verticales, como el chino, que usa la tecnología para espiar y controlar a sus ciudadanos. “El resultado de la revolución no dependerá de las características de las nuevas tecnologías, sino de la manera en que las usemos”.
Subraya: una cosa es poner una doctrina unidimensional, como el comunismo o el nazismo y mantener un orden vertical y otra que la autoridad le diga a los ciudadanos, no les puedo decir qué va a pasar, ni los puedo proteger de que haya cambio, pero sí les puedo decir que sus derechos van a ser respetados, como ocurre en las democracias liberales.
Hinds considera que lo delicado es que ese tipo de situaciones lo que están haciendo es erosionar el orden social de la democracia liberal, la cual está basada en la cohesión social.
Para el economista, el problema más serio encarado por las democracias liberales es la falta de cohesión social, que no solo dificulta la creación sino también su sobrevivencia como sociedades horizontales.
“Esta es la piedra angular de los problemas que tiene nuestro mundo”. Si se resuelve, la solución de los demás problemas será posible, pero si no, el único camino que queda es la verticalización de los regímenes nacionales e internacionales.
Por ello, concluye que las posibilidades de lograr un ajuste armonioso a la vorágine de cambios que estamos viviendo, está inextricablemente ligada a la reunificación de las sociedades occidentales, sobre la base de la cohesión social y el rechazo a los regímenes verticales.
La revolución tecnológica nos conduce a la economía del conocimiento
El reconocido economista salvadoreño, explica que es necesario reconocer que estamos entrando en la economía del conocimiento.
Para ilustrar el cambio recuerda que hace algunas décadas, las empresas más relevantes eran del tipo de la armadora de automóviles General Motors, con instalaciones enormes o la ya desaparecida gigante de la aviación comercial, Pan American Airlines; sin embargo, hoy las empresas más valiosas del mundo caben en instalaciones que parecen más a un campus universitario, pues su mayor valor es el conocimiento, no su infraestructura física.
Por ello empresas como Uber o Airbnb, no producen algo físico, “lo de ellos es puro conocimiento y pura organización”. “Ellos se dedican a lo que tiene más valor agregado y lo que tiene más valor agregado es el pensamiento”.
Incluso es más preciso: “en la economía que viene, las grandes empresas son las empresas del conocimiento, la inteligencia artificial y, a diferencia de la Revolución Industrial, que lo que hizo fue multiplicar el poder del músculo, la inteligencia artificial multiplica el poder de la mente”.
Describe que, en este nuevo escenario, una empresa se convierte en un centro de conocimiento, lo mismo que las universidades y las instituciones de gobierno. En el fondo, lo que producen termina siendo puro conocimiento y lo que tenemos son grades cadenas de conocimiento.
Y en ese trance, hay comunidades, ciudades y países que están en mejores condiciones para enfrentar esta revolución, porque se convierten en “supermercados de conocimiento” y el negocio va a donde están las mejores condiciones.
Eso explica, por ejemplo, que empresas como la armadora de automóviles de lujo y constructora de motores para aviones y barcos, Hispano-Suiza, se mudara de España a Francia, simplemente porque en París encontró el conocimiento que necesitaba, a través de mecánicos, diseñadores, etcétera.
En ese sentido, apunta que las empresas son islas de conocimiento, los lugares en donde la sociedad guarda y los organiza, para que sean productivos. Además, la producción se ha vuelto una cooperación mundial, organizada sobre millones de islas de conocimientos que son las empresas y que actúan interconectadas en red.
Por ello subraya que, ahora, la riqueza de un país está en la sofisticación de sus redes de conocimiento, pues a diferencia de las economías piramidales del siglo XX, ahora la organización es más horizontal y el éxito radica en tener empleados educados en muchos nodos de comunicación, sobre todo porque la complejidad y la diversidad se han convertido en factores importantísimos para el desarrollo económico.