Lectura 5:00 min
Fernando Landeros recibe medalla al mérito cívico
El presidente fundador del Teletón, al recibir la medalla "Eduardo Nerí, Legisladores de 1913", urgió a trabajar por darle a los niños con discapacidad una vida digna.
Al recibir la medalla al mérito cívico "Eduardo Nerí, Legisladores de 1913", el presidente fundador del Teletón, Fernando Landeros Verdugo urgió a trabajar por darle a los niños con discapacidad una vida digna.
Durante su discurso en la Cámara de Diputados, recordó que en el país hay más de 10 millones personas con discapacidad y su voz se entrecortó al relatar la plática que tuvo con un niño con discapacidad motriz.
"Me preguntó que si en el cielo podría caminar y le respondí que sí. Se fue feliz con la respuesta, pero yo me quedé con la rabia y el dolor. Por eso digo, es necesario construir un cielo en esta tierra para que estos niños tengan una vida digna", afirmó.
El fundador de Teletón-México recordó que hoy se cumplen 100 años de que Eduardo Neri, a sus 26 años, se valiera de esta tribuna con la firme convicción de declarar la verdad y evidenciar una injusticia.
Aclaró que si algún mérito le atribuyen "en realidad no es mío. Y no me atreviera a dirigirme a este honorable Congreso si solo mía fuese esta palabra. Sólo puedo decir hoy, a la mitad del camino de mi vida, que la misión en la que me he empeñado ha buscado contribuir, como Eduardo Neri, a crear un México más humano", expuso.
Landeros Verdugo subrayó que "las condiciones en las que muchos mexicanos vivían y aun viven en el país, clamaban con la voz de una viva y sufrida injusticia, en contra de una palabra llamada desatención, y por qué no decirlo, rechazo. Por ello, si vale esta verdad, vale porque no es mía, es la de muchos."
Al recordar la figura de su padre, Rodolfo Landeros, hijo de un maestro rural de Calvillo, pequeño poblado de Aguascalientes y que una vez esto en el recinto legislativo y sin haber tenido la oportunidad de terminar la preparatoria me enseñó dos lecciones que no se aprenden en las aulas.
En ese momento se le quebró la voz, guardó silencio por unos instantes, trató, en vano de evitar sus ojos llorosos y recordó las palabras de su padre: "Querer a México y tratar con respeto a todos."
Luego, dirigió unas palabras a su madre, Azul Verdugo, mujer del norte, "quien me enseñó que si el amor no es personal, el amor no es real y también me enseñó que no existen las personas, sino cada una con un nombre, un apellido y una historia."
Sobre estas dos columnas y las migas de pan y de luz que la vida me ha permitido recoger, dijo, a veces a tientas y a veces inspirado, es sobre lo que he construido mis 50 años.
Desde la tribuna más alta del país, expuso: "Creo en la promesa de un cielo en el más allá, pero eso no me preocupa demasiado, solo me interesa poder construirles un cielo aquí en la tierra a aquellos que mi México me entregó para servir".
Con la medalla "Eduardo Neri" colgando de su cuello, Fernando Landeros recordó las palabras de un joven con discapacidad que me dijo: "es que no nos ven, parece que somos invisibles", a lo que él respondió: "no son invisibles, sólo lo son cuando asumimos la peor de las discapacidades: la ceguera de la razón y del corazón".
Mi lucha, estableció, es porque ellos sean visibles, no son minusválidos. "Mi lucha es porque ellos sean justamente valorados. Mi anhelo es que nadie tenga que verles hacia abajo. Mi anhelo es que ellos tampoco tengan que vernos hacia arriba. Mi anhelo no tiene nada que ver con caridades ni con lástima. La lastima sólo lastima".
Advirtió que si las escuelas no aceptan a los niños, si las empresas no ofrecen oportunidades de trabajo, si en la sociedad no hay espacios abiertos en el arte, en el deporte y en la cultura, si la sociedad es la que impone las barreras y los límites; "no nos equivoquemos, es la sociedad quien padece la discapacidad".
En ese sentido, resaltó que la sociedad es a quien se tiene que rehabilitar, para que 10 millones de mexicanos puedan elegir entre lo que se les permite hacer y lo que ellos sueñan con ser.
Landeros Verdugo relató que cuando entra cada mañana a un CRIT su reflexión es la misma; "los niños deberían estar jugando, columpiándose en un parque y riendo a todo pulmón. Por ello la pregunta más difícil de contestar, pregunta que escucho prácticamente todos los días es: ¿por qué a mí? ¿Por qué a mi hijo?
Es una pregunta, expuso, que no tiene respuesta y como no la tiene paradójicamente es útil; "útil como los efectos secundarios de una quimioterapia, porque te invita a viajar a tu interior, a bucear razones y sinrazones de tu ser, te regala la vivencia desnuda de la realidad, de lo que es verdaderamente humano".
Mencionó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que 10% de la población padece una discapacidad. En México los censos han variado por millones en los últimos años.
Y preguntó a los legisladores: "¿Cómo pretendemos incluir en la sociedad lo que ignoramos desde su origen? ¿Cómo podemos incluir en la sociedad lo que ignoramos desde el momento en el que un mexicano llega a la vida?
"Si mi voz hablara por los niños con alguna discapacidad les diría que miles podrían estar caminando, comunicándose y ocupando un lugar destacado en la sociedad", puntualizó.
mac