Lectura 4:00 min
¿Cómo va el T-MEC?
Luis Miguel González | Caja Fuerte
¿Cómo va el T-MEC? La cuarta ronda de negociaciones estaba programada para la semana del 21 de septiembre. Se aplazó y podría ocurrir el 28 y 29 de septiembre. Imposible saber si esto es una buena señal o todo lo contrario. Donald Trump dice que muy pronto habrá un gran acuerdo comercial entre México y Estados Unidos, pero es difícil creer que eso ocurrirá porque se trata de Trump y también porque sigue metiendo candela a la relación.
El miércoles, hubo una llamada telefónica entre Claudia Sheinbaum y el presidente de Estados Unidos. Ha trascendido que no fue la más cordial de las 18 conversaciones telefónicas que han tenido. La relación económica es cada vez más rehén de las presiones que vienen de la agenda de Seguridad y del calendario electoral de Estados Unidos.
Seguimos con dos negociaciones en paralelo, pero la relación del Gobierno de Canadá con Trump no ha dejado de deteriorarse. El mandatario canadiense Mark Carney se acercó a la Unión Europea y abrió la posibilidad de que su país se convierta en un miembro asociado, un estatuto similar al que tiene Noruega. El presidente de Estados Unidos reacciona con amenazas a los europeos por el coqueteo con Canadá: podría haber más aranceles o la suspensión del comercio con Europa.
Lo que pierde Canadá no es ganancia para México, necesariamente. En el corto plazo, las cifras registran fuertes avances del comercio entre México y Estados Unidos y un estancamiento del intercambio Canadá-Estados Unidos. No todo es ganancia para México porque nuestra consolidación como principal socio comercial de Estados Unidos se da en el contexto de un deterioro de la institucionalidad en América del Norte. Hay cosas que no mide la balanza del comercio binacional. ¿Cuánto pesa la desconfianza? ¿Cuánto cuesta la incertidumbre?
El T-MEC es un acuerdo zombie. Lo que está en el papel está sujeto a la revisión arbitraria del equipo de Donald Trump. En la Casa Blanca no se reconoce que se trata de un acuerdo entre tres países que están en igualdad de condiciones. Arbitrariedad quiere decir que cualquier tema no comercial puede irrumpir en la negociación comercial, en cualquier momento: Migración; Fentanilo; gestión del agua en la Frontera; procedimientos contra políticos mexicanos presuntamente vinculados con el narcotráfico.
Cuando las negociaciones se centran en los asuntos comerciales, Estados Unidos tiene a tres personas con poder suficiente para descarrilar cualquier acuerdo: Howard Lutnick, el secretario de Comercio; Jameson Greer, el Representante Comercial de la Casa Blanca, y Peter Navarro, el asesor especial para temas de Comercio. Ninguno de los tres cree en el libre comercio. Todos parten del supuesto de que los socios comerciales de Estados Unidos han abusado del Tío Sam. Este trío comparte un coraje por el déficit comercial de Estados Unidos con México. Fue 196,000 millones de dólares el año pasado y ha seguido creciendo. En julio de 2026, el desbalance a favor de México llegó a 26,310 millones de dólares. Lo que está moviendo la aguja son las exportaciones mexicanas de equipo para Centros de Datos y desarrollo de Inteligencia Artificial.
Para la cuarta ronda de negociaciones estarán en la mesa las reglas de origen del sector automotriz y los aranceles que Estados Unidos ha impuesto a varios productos mexicanos, entre ellos el acero y el aluminio. La Casa Blanca quiere elevar el contenido hecho en Estados Unidos en los vehículos fabricados en América del Norte. Esto es contrario al espíritu y la letra del T-MEC, pero eso no importa. En la visión de Trump, el T-MEC es una olla donde se puede meter y cocinar todo: quiere vincular la relación comercial a los resultados en contra de los carteles y la detención de narcopolíticos.
La incertidumbre sobre el futuro del T-MEC ha pegado con fuerza a la industria automotriz mexicana. La estadística a observar no es tanto el comercio como las nuevas inversiones anunciadas para México. Hay una caída que se explica por la dificultad para planear. Mientras no haya claridad en las reglas, es imposible saber dónde producir y qué tipo de vehículos conviene fabricar en cada país. Es una industria con márgenes reducidos, que logró eficiencias aprovechando la complementariedad de Canadá, Estados Unidos y México.
El futuro ya no es lo que era. El tejido industrial que se desarrolló a partir del TLCAN se está llenando de agujeros. Trump cree que en el nuevo escenario gana Estados Unidos. Los números dicen que América del Norte pierde competitividad frente a China.