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Sobrevivir
Ezra Shabot | Línea directa
El Estado de Israel y el mundo judío en general sufrieron un golpe existencial el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás desató la violencia indiscriminada contra todo habitante dentro de territorio hebreo con el objetivo abierto de exterminar a toda persona que viviera dentro de Israel. Además, con el apoyo de Irán, Rusia y Turquía desataron una campaña mediática destinada a justificar la desaparición del Estado judío. “Desde el río hasta el mar una Palestina Libre”, ha sido una narrativa que pretende justificar la destrucción de la entidad hecrea y su sustitución por un Estado Palestino islámico con Hamás a la cabeza.
Está estrategia reactivó el antisemitismo latente en gran parte de la sociedad europea, encontrando en el gobierno israelí encabezado por Netanyahu su principal aliado involuntario, pero totalmente responsable por la catástrofe judía. Su alianza con Qatar, su desconocimiento de la realidad que lo llevó a permitir la invasión de Hamás durante largas horas sin tener una estrategia efectiva de respuesta, y una guerra interminable por su incapacidad de encontrar interlocutores internacionales más allá de un errático Trump, llevaron al ciudadano israelí a temer por su propia existencia dentro del Estado judío a menos que las elecciones convocadas para el 27 de octubre pasado devolvieran a Israel al mundo de la racionalidad y la decencia.
Y a pesar de esto, la sociedad israelí decidió quedarse atascada en medio de un proceso electoral donde la participación masiva de casi el 80% de la ciudadanía no sirvió para definir el rumbo del país. El bloque del cambio encabezado por Gadi Eisenkot quedó prácticamente empatado con Netanyahu y sus aliados, mientras que la población árabe–israelí acudió masivamente a las urnas y obtuvo el 15% de la votación total en una especie de bloque bisagra que podría definir el futuro del Estado judío.
Sin embargo, la dinámica interna del sistema parlamentario israelí parece inclinarse hacia una tormentosa negociación entre Netanyahu y el bloque opositor que podría desembocar en la permanencia en el poder del actual primer ministro, lo que sería una verdadera catástrofe para la democracia israelí y un serio peligro para la existencia de Israel como Estado judío democrático. La alternativa sería una convocatoria a nuevas elecciones, o algo que hoy se ve prácticamente imposible como lo es la incorporación casi plena de los dos partidos árabes como socios plenos de una alianza con Eisenkot y allegados, capaz de obtener la mayoría parlamentaria para gobernar.
El populismo, junto con la presencia de líderes ineptos y corruptos como Netanyahu, sigue triunfando como alternativa política a pesar de lo absurdo de su propuesta. Los israelíes siguen pensando que pueden sobrevivir con un liderazgo de ese tipo, sin entender el daño que se hacen a sí mismos y a un mundo judío amenazado por un antisemitismo en ascenso. Terrible.
El Estado de Israel y el mundo judío en general sufrieron un golpe existencial el 7 de octubre de 2023, cuando Hamas desató la violencia indiscriminada contra todo habitante dentro de territorio hebreo con el objetivo abierto de exterminar a toda persona que viviera dentro de Israel. Además, con el apoyo de Irán, Rusia y Turquía desataron una campaña mediática destinada a justificar la desaparición del Estado judío. “Desde el río hasta el mar una Palestina Libre”, ha sido una narrativa que pretende justificar la destrucción de la entidad hecrea y su sustitución por un Estado Palestino islámico con Hamas a la cabeza.
Está estrategia reactivó el antisemitismo latente en gran parte de la sociedad europea, encontrando en el gobierno israelí encabezado por Netanyahu su principal aliado involuntario, pero totalmente responsable por la catástrofe judía. Su alianza con Qatar, su desconocimiento de la realidad que lo llevó a permitir la invasión de Hamas durante largas horas sin tener una estrategia efectiva de respuesta, y una guerra interminable por su incapacidad de encontrar interlocutores internacionales más ella de un errático Trump, llevaron al ciudadano israelí a temer por su propia existencia dentro del Estado judío a menos que las elecciones convocadas para el 27 de octubre pasado devolvieran a Israel al mundo de la racionalidad y la decencia.
Y a pesar de esto, la sociedad israelí decidió quedarse atascada en medio de un proceso electoral donde la participación masiva de casi el 80% de la ciudadanía no sirvió para definir el rumbo del país. El bloque del cambio encabezado por Gadi Eisenkot quedó prácticamente empatado con Netanyahu y sus aliados, mientras que la población árabe – israelí acudió masivamente a las urnas y obtuvo el 15% de la votación total en una especie de bloque bisagra que podría definir el futuro del Estado judío.
Sin embargo, la dinámica interna del sistema parlamentario israelí parece inclinarse hacia una tormentosa negociación entre Netanyahu y el bloque opositor que podría desembocar en la permanencia en el poder del actual primer ministro, lo que sería una verdadera catástrofe para la democracia israelí y un serio peligro para la existencia de Israel como Estado judío democrático. La alternativa sería una convocatoria a nuevas elecciones, o algo que hoy se ve prácticamente imposible como lo es la incorporación casi plena de los dos partidos árabes como socios plenos de una alianza con Eisenkot y allegados, capaz de obtener la mayoría parlamentaria para gobernar.
El populismo, junto con la presencia de líderes ineptos y corruptos como Netanyahu, sigue triunfando como alternativa política a pesar de lo absurdo de su propuesta. Los israelíes siguen pensando que pueden sobrevivir con un liderazgo de ese tipo, sin entender el daño que se hacen a sí mismos y a un mundo judío amenazado por un antisemitismo en ascenso. Terrible.