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¿Puede Sheinbaum generar empleos?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Ayer 10 de febrero, nos dijeron que no estamos generando empleos; vaya, que incluso estamos perdiéndolos.
Lo importante: ¿es un bache solamente, o vamos de plano de bajada? Creo que es lo primero, aunque es un hoyo grande.
Esta semana, el IMSS dijo que perdimos empleos de los buenos, de los que sí registran a los empleados ante el instituto. Fueron 8,104 menos en enero respecto al mes previo; el año pasado, la institución reportó un incremento de más de 73,000 empleos para el mismo mes.
¿Por qué no estamos generando muchos empleos? Por algunas de nuestras apuestas.
Primera apuesta. Muchos mexicanos y el gobierno apuestan al sector energético gubernamental.
Pero ya saben ustedes que el crudo está 10% más barato que hace un año, cuando ya estaba 6% más barato que en 2024, y ese año ya había bajado cuatro por ciento.
Vaya, el petróleo que vende Pemex está cada vez más barato y cada vez produce menos.
Así está difícil generar empleo en la parte más rentable del negocio, que es la extracción y producción. No hay dinero.
Los estados más petroleros tienen una triste economía: hasta septiembre de 2025, la de Veracruz caía uno por ciento en términos anuales; la de Tabasco, 4%; y la de Campeche ya es una tragedia: se desplomó 11% en un año.
En esa deprimida región del Golfo de México viven más de 11 millones de personas, ante un panorama que no ofrece un gran futuro. Equivale a toda la población de la Ciudad de México.
Como remate, asuman que el gobierno dejó de invertir en terminar el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas, y pueden imaginar el resultado al comparar un año con el otro.
Segunda apuesta. Otros mexicanos, especialmente en el norte del país, se recargan en la manufactura. Son fábricas, plantas, parques industriales al servicio del motor estadounidense.
Desafortunadamente, a partir de 2016 cayó un lastre sobre ese sistema.
La figura de Donald Trump apareció en escena, amenazando incluso, en un caso extremo, con terminar los acuerdos de libre comercio en Norteamérica.
Pónganse en los zapatos de un fabricante de coches: ¿con qué reglas van a operar el año que entra? ¿Sus productos entrarán a Estados Unidos? ¿Cuánto van a pagar de impuestos?
Si no están seguros, ya entienden. Eso es precisamente incertidumbre, y sobre esa base es difícil hacer negocios de largo plazo. Hay que ser valientes para apostar en esta circunstancia.
La gasolina de los empleos es la inversión: el dinero que pone una persona en máquinas, en una empresa, en una fábrica. A menor certidumbre, mayor riesgo y menos inversiones. Fluyen, sí, pero a menor ritmo.
Ahora mismo, México enfrenta nuevamente una negociación del T-MEC que nos une con Canadá y Estados Unidos, misma que nos llevará buena parte del año. Pero cuando eso acabe, puede haber un rebote inesperado. Atención.
¿Qué tan temporal es lo temporal? Aquí hay un asunto clave en el cual baso mi optimismo respecto al segundo semestre del año.
Pese a la incertidumbre en las inversiones manufactureras, las exportaciones mexicanas sí crecieron el año pasado.
Los mexicanos probaron su peso estratégico más allá de lo concerniente a bajos costos: conocen clientes, trámites internacionales y logística, por lo que ahora detonan sectores como el de máquinas, utensilios médicos y eléctricos, y no solo el automotriz, que no está bien.
Los inversionistas en parques industriales afiliados a la AMPIP preparan inversiones por casi 6,000 millones de dólares, similares a sus expectativas del inicio del año pasado.
Y claro, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó la semana pasada un comité promotor de inversiones, coordinado mayoritariamente por mujeres, a las que les ha pedido detectar barreras y reportarlas.
Una muy clara está en la disponibilidad de energía. Si la mandataria puede revertir la percepción de que en este país no hay electricidad, habrá quitado un obstáculo importante. Pero claro, antes debe resolver la burocracia que detiene inversiones, debido a la apuesta en un sector energético gubernamental.