Lectura 4:00 min
Rusia convierte el invierno en una arma
Opinión
Imaginen por un instante que la temperatura en su hogar desciende drásticamente. Imaginen que, en medio de un frío glacial que corta la respiración, el interruptor de la luz no funciona, los radiadores se vuelven bloques de hielo y el agua deja de correr. Esta no es una hipótesis de ciencia ficción; es la realidad que millones de ucranianos enfrentan en este inicio de 2026, mientras el termómetro nocturno se desploma hasta los -25 °C (-13 °F).
Al iniciar este año, el mundo es testigo de una escalada sistemática en la campaña de terror que la Federación de Rusia sostiene contra la población civil. No enfrentamos una dinámica bélica convencional, sino un esfuerzo deliberado y meticuloso por desarticular la vida misma.
Tan solo en el mes de enero, Ucrania fue blanco de más de 6,000 drones de ataque, 5,500 bombas aéreas guiadas y 158 misiles. La precisión de estos ataques no deja lugar a dudas: el objetivo no son instalaciones militares, sino el sector energético, la red ferroviaria y las infraestructuras vitales que sostienen la cotidianidad de seres humanos inocentes.
La crueldad alcanzó un nuevo e infame hito el pasado 1 de febrero. En la región de Dnipró, un ataque selectivo fue dirigido contra un autobús de pasajeros que transportaba mineros; el saldo fue de 15 vidas segadas. Horas más tarde, en Zaporiyia, drones rusos impactaron una maternidad en pleno día, hiriendo a mujeres que acudían a exámenes médicos. Atacar un lugar donde se custodia la vida es la prueba más clara de la condición de Rusia como un Estado terrorista.
Esta ofensiva no ha dado tregua. En la reciente noche del 2 al 3 de febrero, Ucrania sufrió una lluvia de fuego compuesta por 521 objetivos aéreos. Lo más alarmante es el uso masivo de misiles balísticos, diseñados técnicamente para burlar nuestras defensas y maximizar el daño en centros urbanos.
Según informes de DTEK, este ha sido el ataque más potente contra el sistema energético en lo que va de 2026. Las centrales térmicas, aquellas que bombean el calor necesario para que la sangre siga circulando en las venas de nuestras ciudades, en Kyiv, Járkiv, Dnipró y Odesa han sido severamente alcanzadas.
Desde octubre de 2025, la geografía de la destrucción es vasta: 11 centrales hidroeléctricas y 49 centrales térmicas atacadas con precisión; 151 subestaciones eléctricas dañadas en diversas regiones; y una pérdida total de 8.5 GW en la capacidad de generación eléctrica.
Rusia está instrumentalizando las leyes de la naturaleza para convertirlas en un verdugo silencioso. Al destruir la calefacción en el pico más severo del invierno, busca infligir condiciones de vida calculadas para provocar la destrucción física de nuestro pueblo. Esta estrategia de "convertir el frío en un arma" se alinea estrictamente con la definición del Artículo II (c) de la Convención sobre el Genocidio de las Naciones Unidas.
Actualmente, el sector energético se encuentra en estado de emergencia. A pesar de la labor heroica de nuestros equipos de reparación, cientos de hogares permanecen en la oscuridad bajo un invierno implacable.
La resiliencia de Ucrania es inquebrantable, pero la voluntad sola no puede detener los misiles balísticos. Hoy, nuestra nación requiere con urgencia una defensa aérea más sólida y una presión internacional asfixiante sobre el agresor para poner fin a este terrorismo energético.
Agradecemos profundamente la asistencia de nuestros socios internacionales, pero la urgencia no ha pasado. Hacemos un llamado al pueblo de México y a la comunidad global: el silencio ante estos crímenes de lesa humanidad es el oxígeno que alimenta al agresor. La defensa de Ucrania es, hoy más que nunca, la defensa de la civilización frente a la barbarie. No permitan que el invierno se convierta en el cómplice de un agresor sin escrúpulos.
*Embajador de Ucrania en México