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Pronatura Noroeste: Treinta y cinco años comprometidos con la conservación y el desarrollo sostenible en el Noroeste de México
Opinión
Hace treinta y cinco años, cuando Pronatura Noroeste inició sus operaciones en Guaymas, pocos hablaban del valor económico de los ecosistemas. Sin embargo, los problemas ya eran evidentes: playas llenas de basura, humedales amenazados por planes de desarrollo y especies que desaparecían sin que casi nadie lo notara. Desde entonces el trabajo ha sido constante y, en muchos casos, discreto: evitar la extinción de plantas y animales, conservar lo que aún queda y recuperar lo que se pueda.
Hoy la organización está presente en nueve estados del noroeste de México y en áreas marinas que cubren casi la mitad del territorio nacional. Ha protegido más de 266,000 hectáreas de hábitat prístino mediante instrumentos privados y ha reforzado la vigilancia en cerca de 19.2 millones de hectáreas, la mayoría dentro de áreas naturales protegidas. En el Delta del Río Colorado, como parte de la Alianza Revive el Río, Pronatura Noroeste ha logrado restaurar 187 hectáreas de humedales y se lograron acuerdos que, por primera vez, destinaron agua no solo a los canales de riego, sino también a los ecosistemas. Eso ha significado el regreso de aves y mamíferos a sitios donde ya casi no llegaban, y mejores condiciones para las comunidades que viven de esos mismos paisajes.
Los resultados se notan en varios frentes. La protección de 28 especies de aves playeras en 15 lagunas costeras y la capacitación a guías especializados ha abierto oportunidades reales para el turismo de naturaleza y generado un incentivo tangible para la conservación de este tipo de humedales. Los programas de educación ambiental han llegado a más de 4.300 personas en comunidades rurales, formando a maestros y promotores que después transmiten el mensaje y multiplican el trabajo. Proteger tortugas, jaguares, corales, aves endémicas y ballenas no es solo un tema de especies en riesgo: es mantener vivos los sistemas que proveen agua, pesca y cierta protección frente a desastres. En lugares como el Río Tijuana, el Arroyo San Miguel o la cuenca de Los Planes, esa labor reduce riesgos que de otro modo terminarían costando caro a las poblaciones locales, sus actividades económicas y su calidad de vida.
Pronatura Noroeste ha impulsado también la creación de áreas naturales protegidas de distintos niveles —federales, estatales, municipales y privadas— y colabora hoy en más de veinte de ellas. La experiencia muestra que, con una modesta inversión pública, estas áreas pueden convertirse en motores de desarrollo rural cuando promueven y aseguran el uso sostenible de los ecosistemas.
La experiencia acumulada en estas tres décadas demuestra que la conservación no debe entenderse como un gasto, sino como una inversión capaz de generar beneficios ambientales, sociales y económicos a largo plazo. Al cumplir 35 años, la pregunta ya no es si funciona, sino por qué sigue ocurriendo a una escala menor que la del deterioro que enfrentamos. Sabemos lo que se logra cuando ciencia, comunidades, instituciones y empresas trabajan juntas: ecosistemas que se recuperan, comunidades que encuentran nuevas oportunidades y una región más preparada para el futuro. Cerrar esa distancia entre lo que ya demostramos y lo que el territorio necesita es, hoy, la conversación pendiente.
*El autor es Director Ejecutivo, Pronatura Noroeste AC.