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PRI, 97 años, aniversario y muerte
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. José Emilio Pacheco
Innegable la historia política contemporánea de México, esa que leímos y también vivimos en carne propia, en el repaso quizá no necesario, pero si suficiente para sacar conclusiones hoy, a casi un siglo de la formación del instituto político más importante en la transformación del país.
Innegable también que los partidos lo conforman mujeres y hombres comprometidos con causas, objetivos, proyectos y metas de vida, donde las ambiciones hacen naufragar a orillas de un mar denso de descalificaciones, imposiciones y beneficios personales o de grupos; a lo que todo inicio es beneplácito.
La rendición de cuentas y la transparencia se vuelven asignaturas pendientes a lo largo de estas casi diez décadas, con destacados miembros, inteligencias y discurso, consideraciones al margen de los que lograron triunfos, pero que también se levantaron de derrotas, como en el año 2000, donde el panismo les arrebató con pocos argumentos la presidencia de la república, con un irreverente Vicente Fox.
No es Alejandro Moreno Cárdenas, el único culpable de la debacle priista desde su arribo y permanencia inaudita, son infinidad de factores de los que sigue adoleciendo, mirando a distancia lo que fue ilusión y esperanza para los campechanos en 2015, y al abandonar la gubernatura, dejó no solo sueños inacabados, sino una laguna inundada de huérfanos, jóvenes y adultos que creyeron en la política, muchos por primera vez.
Siempre hemos considerado a la denostación, como un pobre argumento para la descalificación del contrario, porque siempre será la propuesta, el diálogo basado en hechos consumados, cifras reales y hasta compromiso social, los que brinden confianza en la actitud del ciudadano común.
No hay festejo sin pastel, ese que endulza la inquietud, cuando se está a nada de ese palomeo de listas para las candidaturas a los miles de puestos de elección popular, quizá con nuevas reglas en la reforma electoral, donde en el marginal despacho de insurgentes sur, se tienen cada vez menos tendencias de triunfo o posibilidades de ganar en solitario.
Las alianzas lejos de ayudar a las victorias fueron fiel compañeras de las derrotas, entre otras aristas, por el purismo partidista o ese cada vez menor reducto del voto verde cautivo, el del campo, ese que no mira las realidades del México que asusta ahora, y que se resigna a escuchar y copiar esquemas de las generaciones que les precedieron.
No es increíble, porque lo estamos constatando, ex gobernadores emanados del PRI ahora en quien tiene la mayor parte del país gobernando, un Alejandro Murat que llegó con el apoyo del actual dirigente nacional, puso distancia y ya está en Morena, como cientos de fuerza otrora priista, esa que juró casi casi amor eterno al tricolor que les dio todo, poder, negocios y dinero; por mencionar un ejemplo reciente, pero nombres conocidos y reconocidos hay más fuera que dentro de este aniversario que sigue sepultando a este histórico partido político.
Se decía que la salvación era el cambio de nombre, porque la memoria es corta, pero de acuerdo con José Emilio Pacheco, “también es el único infierno del que no podemos escapar”. Ahí está Movimiento Ciudadano, antes Convergencia, que, para las nuevas generaciones inmersas en él, es nuevo; pero esa es otra historia.
ENTRE LINEAS
Hoy por fin llega al Congreso la iniciativa de reforma electoral, que seguramente por el chantaje político de los verdes y petistas, tendrán supresiones de como la presentaron la primera vez en la mañanera.