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Opinión

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Obesidad en México y la oportunidad de genéricos de los GLP-1

Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios

La crisis epidemiológica y económica que amenaza la sostenibilidad de nuestro sistema de salud ante el reto de la obesidad, el sobrepeso y los males derivados, obligan a abrir una discusión sobre la conveniencia o no de que México se abra a impulsar el consumo de los llamados agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida (Ozempic, Wegovy) y la tirzepatida (Mounjaro, Zepbound), como herramienta prometedora para ayudar en el combate de esa epidemia.

A muchos no les gustará la idea porque la solución tendría que ser más preventiva mediante cambio de hábitos, pero a estas alturas y sin ver cambio en la curva ascendente que tenemos en la enfermedad de obesidad en México, no puede negarse que su prescripción en el sector público podría ser una opción. El tema plantea un reto presupuestal colosal ante el elevado costo de estas opciones terapéuticas. Lo bueno es que ya vienen los medicamentos genéricos. Estos medicamentos, originalmente diseñados para la diabetes tipo 2, actúan como "modificadores de la enfermedad" al imitar hormonas intestinales que regulan el apetito, la glucosa y el metabolismo. Estudios clínicos demuestran pérdidas de peso del 10-16%: semaglutida logra alrededor del 12%, y tirzepatida hasta el 16% en 68 semanas. Más allá de la estética, reducen comorbilidades como hipertensión, dislipidemias y riesgos cardiovasculares, previniendo infartos y hospitalizaciones. En México, tenemos a la obesidad casi como "factor de destino" para enfermedades crónicas que consumen gran parte del gasto en salud, estos fármacos podrían generar ahorros a largo plazo.

Un análisis de Aon con 130 mil trabajadores mostró que, tras un aumento inicial en costos durante los primeros 12-15 meses, el gasto médico se reduce en un 7% comparado con no usuarios, gracias a una menor progresión de complicaciones.

Claro que el panorama económico es alarmante. El costo mensual de estos tratamientos fluctúa entre 4,000 y 16,000 pesos en el mercado privado, lo que los hace inaccesibles para la mayoría. En 2025, la semaglutida se clasificó como una de las terapias crónicas más costosas, con un precio que puede superar los 20,000 pesos al mes; en México, prácticamente no está en el sector público, solo para casos excepcionales, de modo es que son opciones sólo para quienes su bolsillo les permite.

El gobierno no habla de cubrirlos en las instituciones públicas, pues presupuestalmente no es concebible, menos en el contexto donde el gasto público en salud representa un limitado 2.5% del PIB. Considerando que hay aproximadamente 40 millones de adultos con obesidad, y asumiendo que solo el 10% sería elegible inicialmente (unos 4 millones), el costo anual podría superar los 20,000 millones de pesos, basándonos en precios netos ajustados. Esto equivale a más del doble del presupuesto eliminado en 2026 para el Programa de Prevención y Control de Sobrepeso, Obesidad y Diabetes, que fue suprimido por Morena en el Paquete Económico.

El Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 propone un aumento real del 5.9% en gasto en salud, alcanzando 996,528 millones de pesos (2.6% del PIB), lejos del 6% recomendado por la OMS. Sin embargo, incluye recortes significativos en áreas clave: el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, enfocado en obesidad, enfrenta reducciones del 26.5% respecto a 2024, al igual que cancerología y cardiología, vinculados a comorbilidades de la obesidad. En un escenario utópico, el incremento de impuestos a bebidas azucaradas (de 1.64 a 3.08 pesos por litro) y tabaco, esperando recaudar 41,000 millones de pesos adicionales para salud, podrían destinarse a subsidiar GLP-1, pero es un mero sueño.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda los GLP-1 para obesidad, pero advierte sobre sus altos costos y acceso limitado: incluso con expansión productiva, menos del 10% de beneficiarios globales los obtendrá para 2030, con un impacto económico de la obesidad estimado en 3 billones de dólares anuales.

La buena noticia, es que ya se acerca el vencimiento de patente de los primeros GLP-1, de modo que ya podría empezar a organizarse una estrategia para agilizar genéricos. El regulador estadounidense FDA aprobó versiones orales en 2025, reduciendo precios por competencia. En particular, la semaglutida es el principal GLP-1 con patente por expirar en este 2026 en México y varios mercados emergentes.

Respetando el espíritu de las patentes que después de un periodo de exclusividad de venta, deben surgir las réplicas, ello podría transformar el tratamiento de obesidad y diabetes al permitir genéricos más asequibles. Aquí el problema es que a las empresas de innovación les cuesta soltar esa exclusividad, y buscan patentes secundarias y barreras de producción (como biosimilares complejos) lo que termina retrasando la competencia plena.

En este marco, a México le tocará medir el impacto real de los GLP-1 mediante evaluaciones que podría hacer CENETEC sobre su costo-efectividad, y no ver estos fármacos sólo como gasto, pues a la larga las complicaciones crónicas son una factura más cara.

En resumen, los GLP-1 ofrecen esperanza contra la obesidad, pero sin políticas presupuestales equilibradas, podrían agravar la carga fiscal. Es hora de invertir en salud como motor económico, pues una población sana impulsa la productividad.

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Comunicadora especializada en temas de salud pública e industria de la salud. Cursó la maestría en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM. Forma parte de la iniciativa www.HospitalsinInfecciones.com. Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, plataforma de contenidos sobre salud femenina.

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