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Nadie faltó, excepto los ausentes
Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar
En política, como en las bodas, hay invitados cuya presencia apenas se nota y ausentes que se pasan toda la fiesta llamando la atención.
Algo así ocurrió este primero de septiembre en Palacio Nacional, durante el segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Estaban los que tenían que estar, sonreían los que tenían que sonreír y aplaudían los que saben que en política un aplauso a tiempo evita la incómoda tarea de explicar después por qué las manos se abstuvieron.
Todo marchaba conforme al protocolo hasta que la Presidenta pronunció una frase que consiguió iluminar precisamente aquello que pretendía apagar: “Aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”.
Cuando un matrimonio anuncia durante la cena que no está pensando en divorciarse, uno comienza a preguntarse quién de la pareja contrató al abogado.
Porque mientras Claudia Sheinbaum aseguraba que la Cuarta Transformación permanece más unida que los Tres Mosqueteros —que, como todo mundo sabe, eran cuatro—, había cuatro ausencias que parecían relumbrar: Adán Augusto López Hernández, Gerardo Fernández Noroña, Andrés Manuel López Beltrán y Rubén Rocha Moya.
Cuatro ausencias no necesariamente hacen una fractura, pero alcanzan para sacar una radiografía: Andy López Beltrán no estuvo físicamente, quizá porque no hubo lugares para fumadores, aunque después se hizo presente por medio de las “benditas” redes sociales: Elogió el discurso presidencial y escribió que “la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte”. También afirmó que “la honestidad no es un discurso, sino una forma de gobernar que da resultados”. Gran frase. La honestidad tiene esa ventaja: cuando se practica no necesita vocero. Concluyó afirmando que con Claudia Sheinbaum “la transformación sigue firme”. La transformación estará firme, pero él prefirió comprobarlo a control remoto.
Tampoco apareció Fernández Noroña. Quiero pensar que su ausencia obedeció al berrinche de quien creyó que repetiría como presidente del Senado y descubrió que la rotación de cargos también aplica para él. Seguramente aprovechó el día para meditar sobre lo efímero del poder y lo duradero de algunas propiedades.
Fernández Noroña ha demostrado que puede soportar muchas cosas, excepto pasar inadvertido. Su ausencia consiguió algo extraordinario: que habláramos de él sin necesidad de escucharlo. A veces el silencio también presta servicios a la patria.
Adán Augusto tampoco acudió. No se supo por qué. Pero hay que reconocer que el senador tabasqueño ha perfeccionado una novedosa estrategia de comunicación consistente en no explicar aquello que pudiera obligarlo a dar explicaciones. El exsecretario de Gobernación, cultiva el silencio con admirable disciplina. No hace declaraciones ni de impuestos.
Tampoco asistió Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, cuya ausencia aunque sonora resulta explicable, lo que nunca ha podido explicar son los señalamientos y acusaciones que lo han rodeado, entre ellas las atribuidas a autoridades estadounidenses sobre presuntos apoyos al Cártel de Sinaloa. Acusaciones que, mientras no sean probadas, deben considerarse precisamente eso: acusaciones.
En medio de este festival de lugares vacíos, la doctora Sheinbaum insistió en que dentro de la 4T no existen divisiones ni rompimientos. Puede ser. Faltar a una ceremonia no significa romper políticamente con nadie. Pero cuatro ausencias de personajes metidos recientemente en controversias constituyen, cuando menos, una coincidencia con sentido de la oportunidad.
Lo verdaderamente interesante quizá sea otra cosa: Claudia Sheinbaum parece cada vez más interesada en dejar claro quién conduce el movimiento. Porque una cosa es la continuidad y otra cargar con todo el equipaje del sexenio anterior, incluyendo las maletas que nadie recuerda haber documentado.
La Presidenta dijo: “Que nadie se equivoque”. Tiene razón. Y yo –mal pensado que soy- creo que la frase tuvo como destinatarios a los ausentes. Porque en política existen ausencias justificadas, estratégicas y convenientes. Y cuando en una reunión donde se proclama que “aquí no hay divisiones” faltan cuatro personajes importantes, inevitablemente surge la pregunta: Si la familia está tan unida, ¿por qué hubo cuatro lugares vacíos en la mesa?