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Opinión

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El murmullo de historias de un tiempo pasado

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Todo está permitido en el paraíso, menos la curiosidad. Giuliano da Empoli

Cada quien, más unos que otros, dieron a conocerse en otra faceta política que nos resulta innegable no reparar en el análisis, en fechas significativas de esa identidad manifiesta, en un país como el nuestro con valores arraigados, a pesar de ya no estar en la formación, esa educación cívica que creció con nosotros de manera distinta, ahora escuchando un grito diferente en cada autoridad local o estatal.

Pueden o no criticarse las vestimentas, quizá están más allá del bien o del mal, siendo rigoristas, para no perdernos, son las fiestas patrias muy significativas siempre, a pesar de los problemas cotidianos, de ese ir y venir austero, las dificultades para surtir una receta médica, cumplir con los horarios pre establecidos en ese manual no escrito de rigurosa puntualidad biométrica.

Y este año no ha sido la excepción, por vez primera en todos los años, acumulados de vida útil en la gran ciudad capital, que por momentos nos pareciera ser una selva, donde sobrevive a los desencuentros el más fuerte, vimos con orgullo en el cielo la destreza, coordinación y habilidad de pilotos de la fuerza área mexicana surcar los aires desplegando nuestros colores patrios, por encima de cualquier duda.

Percatarnos de los discursos con la retórica del actual sexenio, por la intromisión permitida de los Estados Unidos en asuntos única y exclusivamente de México, con añejas deudas en la impartición de la justica, clara, especifica, sin mediar concesiones, así sean fieles adoradores de quien ya no está, pero sigue siendo parte de la dinámica de las sombras en palacio.

Hemos tenido la oportunidad en estas horas de comer también a gusto, de reunirnos en familia, amigos, fiesta y más fiesta; orgullosos de quienes lucharon y enfrentaron con heroísmo los desafíos de los tiempos idos, ahora independientes sí, pero no en un lecho de rosas ni en un remanso de paz social, menos interior en estados donde la violencia se recrudece.

Así también escuchamos en el recuento de lo sobresaliente, desafortunadamente, esa distinción de saberse poderosos y gritar lo que les dio la gana, cuando antes desde la secretaria de gobernación, se enviaba a todos los estados y municipios del país; con anticipación, lo que debía gritarse la noche del 15 de septiembre, a la misma hora que lo haría el mandatario en turno; hoy por vez primera en nuestra historia una mujer. 

Vaya ridículo de algunos alcaldes, y también presidentas municipales, dándole espacio a sus jefes políticos, esos que nada tienen que ver con nuestra historia, donde también hubo mujeres distinguidas en la lucha, y muy significativas sus intervenciones, aquellas que la historia no nos concede el derecho a conocerlas tal cual eran, matizadas por quienes deciden que escribirse o inscribirse para ser leído. 

Dos caballos resbalaron en el desfile, con escaramuzas sin lesiones graves, para paracaidismo de cinco mujeres, el año pasado solo fue una; desde los seis mil pies de altura, con una destreza bárbara, con esa formación militar que nos distingue y nos motiva a intentar construir otro México, donde al menos se frene en las altas esferas del poder político, la desfachatez y el dispendio personal sin sanciones ejemplares, seguir escondiendo debajo de la alfombra la basura que debe aniquilarse o enviarse a quien manda señales amenazantes de intervención.

Es más, algunos daban por hecho que cuando se gritará con fuerza “Viva México”, más de uno de los nombrados de manera recurrente, serían puestos a disposición de quien los reclama como parte de ese más que murmullo, responsables de la inseguridad que padecemos.

ENTRE LÍNEAS

La liga se está estirando demasiado, las finanzas públicas en Méxic pueda que resistan el embate de los precios en las gasolinas, con las importaciones de estas al alza, en un mercado de combustibles impactado por la guerra en el Medio Oriente, donde Israel no cede ningún espacio, sino radicaliza su intervención bélica, apoyado con nuestro vecino incómodo.

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