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El mercado de capitales como parte de una estrategia nacional de crecimiento

OpiniónEl Economista

Para enfrentar exitosamente el desafío del futuro, México debe plantear una pregunta que va mucho más allá del ámbito financiero: ¿cómo vamos a financiar el crecimiento para las próximas décadas?

La respuesta no puede descansar únicamente en el crédito bancario, en los recursos públicos o en la inversión extranjera y nacional. Si buscamos desarrollar una economía con mayor capacidad para invertir, innovar, generar más emprendimiento, tener mejor infraestructura, crear más empleos y enfrentar mejor los retos de la digitalización y relocalización, necesitamos también un mercado de capitales cada vez más profundo, dinámico e incluyente.

Por ello, resulta fundamental impulsar una visión de largo plazo para el desarrollo del mercado de capitales, construida conjuntamente entre autoridades y participantes del mercado. Una visión que reconozca al mercado de valores como un motor estratégico para el crecimiento, la inversión y el financiamiento de las empresas, con continuidad más allá de los ciclos económicos y administrativos.

En los últimos años hemos trabajado de la mano de las autoridades y reguladores, intermediarios, calificadores y estructuradores para facilitar la entrada de nuevas empresas al mercado bursátil. Es así como se han generado reformas a las leyes del Mercado de Valores y de Fondos de Inversión, para facilitar la incorporación de emisoras simplificadas y la aparición de Fondos de Inversión de Cobertura.

Aun así, debemos seguir avanzando y proponiendo nuevos caminos para fortalecer aún más el mercado bursátil y agilizarlo. Un mercado de valores desarrollado y ágil va más allá de ser un espacio donde se compran y venden instrumentos financieros. Es una infraestructura estratégica que conecta de forma eficiente y rápida el ahorro con la inversión productiva, permitiendo que una empresa consiga capital para ampliar una planta, que una compañía mediana financie su siguiente etapa de crecimiento o que un desarrollador de infraestructura encuentre inversionistas dispuestos a acompañarlo en el largo plazo.

La OCDE considera que los mercados de capitales que funcionan adecuadamente contribuyen a la inversión, la innovación y el crecimiento, además de complementar al crédito bancario y fortalecer la estabilidad financiera. El organismo también destaca la importancia del financiamiento de largo plazo y del capital para afrontar transformaciones como la digitalización, la adopción de IA y la transición energética.

Para México, desarrollar ese mercado requiere una visión de continuidad a largo plazo. Y esa visión debe traducirse en objetivos concretos y medibles: más empresas accediendo al mercado, una mayor presencia de compañías medianas, más financiamiento mediante capital y deuda, mayor liquidez, más inversionistas institucionales e individuales, nuevos instrumentos, mejores prácticas de gobierno corporativo. Esto supone, además, canalizar una mayor proporción hacia inversiones productivas y fortalecer la capacidad del país para atraer capital internacional.

Es innegable que México tiene espacio considerable para aumentar su profundidad financiera y ampliar las fuentes de financiamiento, lo que favorecería el crecimiento de empresas y el emprendimiento. En particular, debemos seguir trabajando en facilitar el acceso de las medianas empresas al mercado de valores y promover el avance de las pequeñas, para que eventualmente logren el tamaño y la solidez para también tener ese acceso.

Pero quizá el argumento más importante es uno del que hablamos poco: desarrollar el mercado de capitales también genera beneficios para las familias mexicanas. El impacto social de un sistema financiero no se limita al acceso al crédito. También existe cuando una empresa consigue recursos para crecer y genera nuevos empleos, cuando una compañía mediana encuentra una alternativa para financiar un proyecto, cuando el ahorro de millones de personas puede canalizarse hacia actividades productivas, o mejor aún, cuando más mexicanos cuentan con acceso a instrumentos para invertir y tener mejores oportunidades para construir un patrimonio a lo largo de su vida.

La OCDE ha señalado precisamente esta conexión en México: ampliar el acceso al financiamiento puede permitir a las empresas invertir más, elevar su productividad y generar empleos formales, al tiempo que una mayor inclusión financiera puede abrir oportunidades para hogares de menores ingresos y regiones rezagadas.

Además, tener más opciones de financiamiento hace a una economía más fuerte. En momentos de incertidumbre, volatilidad o cambios tecnológicos, las empresas necesitan contar con distintas alternativas para seguir creciendo e invirtiendo. Por eso, desarrollar mercados de deuda y capital más sólidos permite abrir nuevas fuentes de recursos y reducir la dependencia de un solo tipo de financiamiento.

De ahí que autoridades y participantes del mercado somos aliados alrededor de un mismo propósito. No se trata de desarrollar el mercado por el mercado mismo, sino de fortalecer la capacidad de México para movilizar su ahorro, financiar empresas y proyectos, atraer inversión y transformar oportunidades económicas en crecimiento.

México necesita más inversión para crecer. Una parte de los recursos necesarios ya existe en forma de ahorro. El desafío es construir mejores puentes entre ambos.

Un mercado de capitales más profundo puede ser uno de esos puentes. Y fortalecerlo debería dejar de verse únicamente como una agenda del sector financiero para convertirse en lo que realmente puede ser: crecimiento, oportunidades y bienestar para el país.

* Marcos Martínez Gavica, presidente de la BMV.

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