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Opinión

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¿Quién me atracó, el banco o el SAT?

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

En la reciente convención bancaria de Cancún los banqueros nos regalaron una revelación que si fuera futbolística nos pondría felices: en México ellos ganan más que en ninguna otra parte del mundo. Y es natural, porque en nuestro país el cliente no siempre es primero, pero sí es constante, constante en pagar comisiones por respirar cerca de una sucursal, por consultar su saldo, por transferir su propio dinero y, si se descuida, hasta por pensar en retirarlo.

Los jerarcas bancarios prometieron a la presidenta Claudia Sheinbaum que ahora sí, de veras, ofrecerán mejores créditos. Más accesibles, dijeron. Más baratos, insinuaron. Más humanos, casi juraron. La escena tiene algo de déjà vu: cada año se descubre que los bancos ganan como nunca, y cada año, los banqueros, prometen portarse mejor. Es una relación tóxica donde el usuario pone el dinero y la banca pone las condiciones y las comisiones.

¿Y nosotros qué tenemos? Paciencia de santo, resignación de cliente cautivo y la esperanza de que algún día el sistema financiero deje de tratarnos como cajeros automáticos “de dos patas”.

Mientras tanto, entre discursos de buena voluntad y estados de cuenta con malas noticias, no queda más que hacer lo que todo ciudadano responsable: documentar, reclamar y, llegado el caso, escribir cartas incómodas a la autoridad. Porque si algo le duele más a un banco que una regulación, es un cliente que no se queda callado.

A continuación comparto con lectoras y lectoras, un resumen de la carta que ayer dejé en la Condusef —expediente 2026/090/19830— en la cual, como un acto de decencia que espero sea recíproco, omitiré el nombre del banco y de su gerente.

Escribí: Me dirijo a ustedes no sólo como usuario de servicios bancarios, sino como ciudadano al corriente de sus obligaciones fiscales. El motivo de la presente es denunciar una situación irregular, injusta y preocupante (…) al acudir a la institución bancaria para conocer el estado de mi cuenta de inversión, fui notificado que mediante los oficios número 4007400010520262967 y 4007400010520264056, supuestamente emitidos por el Servicio de Administración Tributaria (SAT) se realizaron dos retenciones de 82,868.00 pesos. Ambas cantidades suman, según el banco 166,142.00 pesos. Aunque según las matemáticas hacen un total de 165,736.

Al acudir al SAT, a través de mi contador, la respuesta fue desconcertante ya que dicha autoridad afirmó que no realiza retiros de cuentas bancarias, sino únicamente congelamientos, deslindándose así de cualquier responsabilidad.

Por su parte el banco se limitó a entregarme un documento sin membrete con el sello de la institución, la firma de la gerente y la fecha, con los números de los oficios, las cantidades aludidas y la leyenda “RETENCIÓN POR EL MONTO SOLICITADO POR LA AUTORIDAD”. Además me fueron entregados otros documentos sin firma y sin membrete, copia de los cuales acompañan la presente.

Días después regresé para informarle al banco lo dicho por el SAT, me atendió un joven ejecutivo el cual me enseñó, mediante una computadora, documentos con el logotipo del banco que corroboraban las retenciones. Al pedir una copia de ellos, el ejecutivo bancario me enseñó que al pie de los mismos se lee: “los documentos pueden mostrarse en sistema pero no entregar al cliente”.

Mi dinero fue retirado, pero ninguna de las dos instituciones involucradas asumen responsabilidad ni proporciona información suficiente para conocer el fundamento legal, el destino de los recursos o la naturaleza del supuesto adeudo.

Solicito formalmente: Se requiera al banco la entrega integra de los documentos que dieron origen a las retenciones. Se esclarezca la legalidad de los cargos realizados. Se determine la responsabilidad de la institución financiera y/o de la autoridad fiscal. Y que en su caso, se ordene la devolución integra de los recursos indebidamente retirados.

Punto final

En un país donde se exige al contribuyente cumplir con precisión milimétrica, resulta inaceptable que las instituciones operen con opacidad kilométrica.

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Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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