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Libros de texto: crónica de un desastre advertido
Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times
La destitución de Marx Arriaga como director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) es la aceptación —tardía— de un desastre que durante años comenté en este espacio y en mi programa en Grupo Fórmula: convertir los libros de texto en propaganda lopezobradorista y no en herramientas para aprender lo necesario para prosperar intelectual, emocional, espiritual y materialmente en la vida.
A quien hoy diga que “no sabía” lo que estaba haciendo el marxista que aún admira lo que fue la fracasada y criminal Unión Soviética, no tiene buena memoria.
El paso de Arriaga por la SEP será recordado como un experimento ideológico que promovieron Andrés Manuel López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez Müller. El hoy exfuncionario no llegó a mejorar la calidad de la enseñanza, sino a empujar su visión clasista y resentida, que compartía con la exprimera pareja del país. Metió sus ideas en las mochilas de millones de niños y dejó fuera de ellas las materias que sí mejoran la calidad de vida, como las matemáticas y las ciencias. Las páginas de los libros de texto del lopezobradorato se llenaron de rollos y consignas que suenan bien en un mitin de Morena o de cualquier partido populista de izquierda, pero no enseñan a resolver problemas, a razonar con números, a escribir mejor o a entender lo que se lee.
Desde el principio manifesté mi inconformidad y preocupación por lo que sucedía. En agosto de 2023 advertí que los libros de texto se estaban convirtiendo en panfletos de la “4T”, con una historia mal interpretada y errores que ningún proceso serio debió permitir. Señalé que especialistas de la UNAM y del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINESTAV), uno de los principales centros públicos de investigación de México, señalaron sus graves fallas. La respuesta oficial fue predecible: atacar a quienes señalamos como lo evidente.
La alerta surgió antes. En mayo de 2021, Daniel Valles escribió en ruizhealytimes.com sobre la prisa por sacar libros “a la carrera” y la obsesión por “formar conciencias” en lugar de “formar mentes críticas” y señaló que la 4T buscaba convertir la educación en una trinchera política.
Y mucho antes, en 2011, señalé la falta de calidad de los libros y la opacidad presupuestaria de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG). En 2013 señalé con la misma severidad los cientos de errores y descuidos en los libros elaborados por el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Lo que hoy se ve es el intento de la presidenta Claudia Sheinbaum de corregir el rumbo, porque en un mundo dominado por la tecnología y la inteligencia artificial, minimizar las matemáticas y la lectura es condenar a los niños al fracaso en todos los sentidos. Así de simple.
Se fue Arriaga y ahora le toca a su sucesora, la pedagoga, poeta indígena y activista en derechos educativos y culturales, Nadia López García, revisar y corregir el contenido de cada libro de texto, consultar a gobiernos estatales, maestros y padres de familia, y someter las nuevas ediciones, antes de imprimir millones de ejemplares, a revisiones serias, con estándares internacionales y evaluación externa por parte de expertos.
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