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El INE se quedó sin Taddei y por poco sin dinero
Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar
En México, la democracia es tan maravillosa que hasta sus guardianes necesitan vigilancia. Y cuando el vigilante termina bajo investigación, lo recomendable es contratar otro vigilante que vigile al vigilante, procurando que ninguno sea primo, compadre, socio, amante o representante legal del sistema de vigilancia.
Guadalupe Taddei Zavala decidió abandonar la presidencia del Instituto Nacional Electoral, después de una semana tan complicada que seguramente hasta las urnas, todavía sin usar, pidieron vacaciones.
La renuncia fue anunciada el domingo y formalizada el lunes 26 de octubre. Taddei explicó que se marchaba para proteger la credibilidad del INE. ¡Qué gesto tan conmovedor! Es como si el capitán del Titanic anunciara que abandona el barco para evitar que se moje su uniforme.
El problema comenzó con unos modestísimos contratos por 197 millones de pesos destinados a fabricar materiales para la elección judicial. Una cantidad insignificante, naturalmente, si consideramos que en México la democracia nos cuesta un ojo de la cara y el otro nos lo quieren ver de pendejos, y cuando abrimos los dos nos percatamos que se llevaron nuestro dinero y debemos el cambio.
Las empresas beneficiadas, entre ellas Corporativo Zeg y Cajas Graf, aparecieron en investigaciones periodísticas que revelaron presuntos conflictos de interés. Y aquí comienza esa hermosa tradición mexicana de convertir las licitaciones públicas en reuniones familiares donde todos compiten, pero algunos ya conocen al ganador.
Según las revelaciones, Jonathan Navarrete Torres figuraba como trabajador adscrito a la Presidencia del INE y apoderado de una empresa contratista. ¡Extraordinaria versatilidad profesional! Por la mañana, servidor público; por la tarde, representante empresarial. Como Batman pero sin cambiar de ropa. También apareció Jesús Octavio García González, quien pasó de representar empresas proveedoras a ocupar la Dirección Ejecutiva de Administración del instituto. Una trayectoria que demuestra que en México las puertas giratorias funcionan mejor que las escaleras eléctricas del Metro.
La Auditoría Superior de la Federación comenzó a revisar posibles irregularidades, mientras surgían señalamientos de triangulación de recursos y simulación de competencia. Mientras tanto, Taddei sostenía que no renunciaría. Pero en la política mexicana la palabra empeñada dura menos que un billete de quinientos en manos de un diputado con viáticos..
La presidenta Claudia Sheinbaum pidió aclaraciones y transparencia. Porque la corrupción, cuando aparece cerca del gobierno, debe investigarse; y cuando aparece lejos, con mayor razón rigurosamente y sin atenuantes.
Finalmente, llegó la despedida solemne de la señora Taddei: “con serenidad, dignidad y satisfacción del deber cumplido (…) Conservo mis principios, mis convicciones y mi confianza en México y en sus instituciones” (No coments).
Y todo esto ocurre cuando se preparan las elecciones de 2027. ¡Qué oportunidad! Los ciudadanos podremos comprobar si el árbitro electoral necesita silbato, tarjeta roja o una auditoría pegada al pecho.
La primera presidenta del INE identificada políticamente con la Cuarta Transformación se marcha entre investigaciones todavía abiertas. Una ironía formidable para un movimiento que prometió separar el poder político de los intereses particulares.
Pero tampoco conviene adelantarse. Las investigaciones deberán establecer responsabilidades, no los chismes, las simpatías partidistas ni las columnas periodísticas. Lo indispensable es que los 197 millones tengan explicación, que las contrataciones sean transparentes y que los responsables, si los hay, respondan ante la ley.
Porque en México la democracia es el único asunto donde el pueblo paga la fiesta, los políticos se llevan el pastel y nos cobran las velitas.
Por lo pronto Blanca Cruz García tomó, provisionalmente, el timón del INE, aunque sólo será por mes y medio falta saber si limpiará la casa o solamente cambiara las cortinas.
Y entre contratos sospechosos, renuncias repentinas y explicaciones que nadie se traga, la democracia mexicana vuelve a quedarse con los cuernos puestos. Porque en el INE, por lo visto, no todos los asuntos se resuelven respecto a las urnas; algunos se arreglan entre sábanas. Y cuando el amor mete mano en la nómina, hasta Cupido termina cobrando honorarios.