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Opinión

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El imperio

Ezra Shabot | Línea directa

A Trump no le interesa si un gobierno es democrático o autoritario, tampoco el tema de los derechos humanos entra en su lógica de poder. Lo fundamental radica en la subordinación automática a sus intereses nacionales y personales, más allá de definiciones ideológica de uno u otro tipo.

Por ello ha terminado distanciándose de Putin, de Xi Jinping, así como de otros dictadores de su tipo. Lo sustancial es el hecho de no coincidir con su visión basada en la supremacía norteamericana y por supuesto con su propio ego. Eso estuvo a punto de costarle a Benjamin Netanyahu la guerra en Gaza, hasta que el premier israelí entendió que su única carta posible era el total alineamiento con el dueño de la Casa Blanca.

Pero la agresividad de Trump se expresa también frente a las democracias europeas no dispuestas a marchar al ritmo que marque Washington. No es un problema de dictaduras o democracias, sino del control absoluto que el presidente norteamericano espera consolidar en todo el mundo. Maduro no lo entendió así, y ya sin su presencia, su narcodictadura comienza a moverse en el sentido que el trumpismo le impone.

Trump no tiene interés alguno en impulsar la democratización de Venezuela, sino convertir al régimen chavista en una autocracia funcional a los Estados Unidos. Por ello su desdén a la oposición venezolana y su enorme interés por mantener intacto el aparato represor del chavismo ahora en sus manos.

Y es esta lectura la que debería entender el liderazgo mexicano. No para hincarse ante el imperio reconstruido, sino para restarle a éste argumentos que justifiquen cualquier tipo de intervención. El problema para México radica en la enorme cercanía entre los grupos del crimen organizado y dirigentes políticos encaramados en la 4T. Por ello las expresiones de Trump en cuanto al dominio total del narcotráfico en nuestro país, y sus amenazas de tomar medidas al respecto, más allá del lenguaje inaceptable para un primer mandatario, representan opciones reales en cuanto a posibles acciones en territorio mexicano con o sin la aprobación de las autoridades mexicanas.

Calificar a la presidenta Sheinbaum como “buena persona”, pero incapaz de enfrentar a los cárteles de la droga, es en realidad una descalificación total de los aparatos de seguridad mexicanos y de la propia clase política en su conjunto. Bajo esa premisa no existe posibilidad alguna de diálogo o colaboración mutua.

La diplomacia del gobierno federal ha fracasado en toda la línea, tanto por sus alianzas con enemigos del vecino del norte como por su incapacidad de encontrar interlocutores efectivos frente al gobierno de Trump. El derecho internacional y la aplicación de la ley no son hoy instrumentos suficientes para la convivencia entre los Estados.

El retroceso en la globalización y el renacimiento del autoritarismo nacionalista no son buenas noticias para el mundo.

Ezra Shabot Askenazi es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Analista político y catedrático universitario con 22 años de trayectoria en la UNAM. Como académico ha sido jefe del Departamento de Ciencias Sociales y Jefe de Planeación Académica en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Acatlán.

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