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Opinión

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¿Para eso sí hay dinero?

Lucía Melgar | Transmutaciones

En vista del Mundial, la Ciudad de México se ha convertido en un frenético foro donde, a todo vapor y a última hora, se apresta la escenografía para impactar a los visitantes con un despliegue de muros morados, bardas y cruceros con ajolotes coloridos (alebrijes del axolotl en riesgo), y carteles que transmutan en paraíso terrenal esta capital desigual, insegura, injusta. No importa si las obras de utilería obstaculizan el tránsito y las inundaciones alargan la ida y vuelta a casa, si la vida cotidiana de millones es una pesadilla. Terminada la función, puede desvencijarse el teatro, acabar de arruinarse el tablado recién barnizado, anegarse el foro completo. Ya vendrán otras oportunidades de seguir parchando.

Mucho se ha escrito y dicho sobre la estrategia visual de las autoridades capitalinas, este fútil “cambio de imagen” ideado por gobernantes que parecen vivir en la burbuja de sus palacios, cortesanos y nubes de incienso. Como no salen a la calle (de incógnito) ni hablan con la gente común, “olvidan” los problemas estructurales que arrastramos desde hace décadas, agudizados en estos tiempos por un concepto de desarrollo urbano contrario al derecho a una ciudad sustentable, habitable y más equitativa, que distorsiona sus prioridades.

Atribuir a las inclemencias del tiempo y las lluvias “atípicas” la inundación de calles y casas sólo demuestra falta de previsión, planeación y visión a futuro, y grave menosprecio por el conocimiento científico. La UNAM, por ejemplo, ha publicado estudios sobre los riesgos para la sustentabilidad que implica el deterioro del suelo de conservación, vital para el ecosistema, por la reducción de áreas verdes y humedales, los cambios de uso de suelo, legalizados o no, y la expansión urbana desordenada. Desde la academia, el ambientalismo, organizaciones vecinales y comunitarias se ha argumentado por una planeación integral, con recursos suficientes, para evitar el desperdicio del agua en mini y megafugas, prevenir (no paliar) inundaciones, garantizar un transporte público eficiente y reducir el uso del automóvil y el sufrimiento del pasaje; por impulsar un desarrollo urbano que frene la depredación inmobiliaria y la destrucción de barrios, comunidades y áreas verdes.

En vez de pensar a futuro, tomando en cuenta el reloj climático y la escasez de recursos - que arguyen para disminuir gastos fundamentales, las autoridades han perdido este cuarto de siglo en inversiones y obras mal hechas, en cambiar el logotipo de la Ciudad, en debilitar a las organizaciones ciudadanas, en reparar “al ahí se va” o, como ahora, en mal acabar obras “contra reloj”.

Ahora, pese a la urgencia del cambio climático, las presiones económicas, el creciente malestar social en todos los rumbos de la ciudad, nuestras progresistas autoridades siguen dilapidando nuestros recursos en oropel. Si querían apantallar a las visitas, ¿por qué no planearon y terminaron las obras bien y con tiempo? Si querían agasajarlas, “enchular” la ciudad y alegrarnos, ¿por qué no instalaron bebederos y botes de basura en calles y parques? ¿por qué no han frenado la contaminación visual y auditiva?

Con oratoria craquelada, pretenden hacernos creer que la “derrama” del Mundial compensará nuestros trastornos, que la apuesta del #PGD por la “redensificación” y la centralización de decisiones responde a nuestros problemas, que esta ciudad es ejemplo de “urbanismo feminista” y merece ser sede del Foro Urbano Mundial 2028. Olvidan autoridades y comparsas que los monólogos, telones y andamios improvisados apenas se sostienen breve tiempo.

Mientras no se invierta con eficiencia y calidad en infraestructura y mantenimiento – esas obras que no se ven pero mantienen funcional y habitable la ciudad –- ningún gasto en maquillaje puede justificarse. Mientras no tengamos transporte eficiente y seguro, mientras no mejore la movilidad, mientras no se garantice el abasto de agua potable en todas las colonias, ésta no será una “ciudad de cuidados”. Mientras siga habiendo desapariciones, feminicidios y trata de personas, ésta no puede llamarse “capital feminista”.

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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