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Ya no hagan apps, el dinero está acá
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
¿Cuántas aplicaciones más necesita México? Tal vez algunas. Pero quienes buscan dónde estará el dinero nuevo deberían voltear hacia un sitio menos sexy: turbinas, subestaciones, válvulas, robots y centros de datos.
El domingo, el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) anunció a tres startups ganadoras del programa SENTRY: Raptor Dynamix, Frenos y Bastazo, que levantaron 6.4 y 5.3 millones de dólares en ronda semilla las últimas dos.
Tienen nombre de refaccionaria y de premios de lotería de farmacia, pero no, no hay mexicanos todavía en esos negocios.
Trabajarán en ciberseguridad energética: desde simular ataques contra subestaciones hasta defender infraestructura crítica de drones y medir con IA qué tan vulnerable es una instalación industrial. Aquí empieza una industria.
Durante los últimos 15 años, en la Ciudad de México una startup tecnológica significó alguna variante de plataforma financiera, comercio digital o entrega. Funcionó. Algunas lo hicieron.
Pero el enorme volumen de dinero que ahora fluye hacia la inteligencia artificial provoca necesidades distintas.
Cada centro de datos requiere electricidad y cada central de generación eléctrica necesita subestaciones. Las redes agregan baterías, sensores y otros dispositivos que terminan conectándose a una fábrica. Todo eso tiene software, todo eso puede ser atacado.
En ese ‘dolor’ nació un negocio: OT, Operational Technology. Así se refieren a la tecnología que controla físicamente una instalación industrial: bombas, turbinas, válvulas, líneas de producción y robots.
La dimensión de la ciberseguridad se mueve y ahora un hacker entrando al sistema de una planta puede detener la producción, alterar una máquina o interrumpir la electricidad.
El DOE está financiando tecnologías para evitarlo y SENTRY es su herramienta (Securing Energy Technology Resiliency, sí, por la Y). SENTRY trabaja en riesgo energético, sistemas de control industrial, activos descentralizados y defensa frente a drones.
Hay otra pista: el DOE tiene 17 laboratorios que está usando como fábricas de nuevas empresas y uno de ellos, Sandia National Laboratories, este mes mostró un sistema que utiliza IA generativa para detectar ataques contra la red eléctrica.
Logró localizar amenazas con 95 por ciento de precisión y redujo a unas horas procesos de ingeniería de datos que tomaban dos meses.
Para México esto prende focos, particularmente en las oficinas de Polanco, Reforma, Santa Fe y Lomas donde están fondos, consultoras, corporativos y quienes deciden presupuestos tecnológicos. ¿Recuerdan el reciente hackeo a las cámaras de oficinas en Monterrey?
¿Qué empresas podrían cubrir servicios de protección de este lado de la frontera? ¿Quién va a invertir en ellas?
CFE tiene una red eléctrica, Pemex tiene refinerías y ductos, las plantas automotrices operan fábricas llenas de robots. Llegarán más centros de datos y todos necesitan proteger máquinas conectadas. Ahí pueden ver clientes, también nuevos empleos.
Quienes deciden qué carrera estudiar deberían revisar: sistemas de control industrial, redes eléctricas, automatización, IA aplicada a infraestructura y ciberseguridad “OT”.
Conviene observar hacia dónde colocan dinero quienes construyen la próxima infraestructura de Estados Unidos, a donde se dirige el 80 por ciento de los productos que exporta México y a donde podría exportar ahora servicios.
Ingenieros pueden proteger una subestación y una startup puede detectar anomalías en una planta, todo desde una oficina frente al Parque México. Un fondo ubicado en Paseo de la Reforma puede buscar empresas que ya tengan esas capacidades.
Durante meses he seguido en este espacio una cadena: electricidad, gas, reactores, transformadores, centros de datos.
Ahora aparece otra encima: personas, startups, software, ciberseguridad y propiedad intelectual. La segunda requiere bastante menos capital para entrar.
Llevamos mucho tiempo intentando fabricar el próximo unicornio financiero mientras frente a nosotros pasa una nueva industria dedicada a cuidar las nuevas máquinas.
Hay negocios tal vez menos elegantes que una app, pero que también pueden valer más.