Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

La guerra que aquí pocos quieren ver, pero que México también paga

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times

Entre el 25 y el 30% del petróleo mundial, el 20% del gas natural licuado y un tercio de los fertilizantes que el planeta consume pasan por el Estrecho de Ormuz, que desde hace semanas está cerrado. El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo calificó ayer como "la mayor disrupción al mercado petrolero global en la historia". La Agencia Internacional de Energía coincide. Y México siente el golpe.

En otras columnas he insistido en los efectos negativos de la guerra con Irán y debo insistir porque, a juzgar por lo que dicen y hacen muchos líderes empresariales, gobernantes, políticos, analistas y periodistas, aquí nadie parece preocupado. Actúan como si lo que ocurre en Medio Oriente fuera ajeno a la economía mexicana.

Ayer, el FMI explicó que esta guerra afecta a las economías por tres vías principales: la energética, la de las cadenas de suministro y la financiera. En las tres, México sale perdiendo más de lo que gana. Es exportador de crudo pero importador neto de gasolinas, diésel, gas natural y fertilizantes. Por cada dólar que entra por la mezcla mexicana, salen casi dos y medio en gasolinas, diésel y petroquímicos.

La vía fiscal es la más peligrosa. Para evitar que el alza del Brent se traslade a las gasolinas, el gobierno amplía el estímulo al IEPS. El IMEF advierte que mantener ese subsidio puede empujar el déficit al 5% del PIB y la deuda pública al 60%, umbrales que ponen en riesgo el grado de inversión de México. El dilema: o suben los precios y sube la inflación social, o se contienen y se hunde el margen fiscal.

La vía alimentaria ya afecta. México importa aproximadamente el 70% de los fertilizantes que consume. La interrupción en Ormuz coincide con el ciclo de siembra primavera-verano. Si los productores no acceden a ellos o los pagan más caros, el rendimiento disminuye y los precios suben. El FMI subraya que en países de ingresos bajos, la comida representa el 36% del consumo promedio. México no está en ese grupo, pero la inflación alimentaria pesa políticamente como si lo estuviera.

La vía financiera ya se activó. El peso rompió la barrera de los 18 pesos por dólar y hoy cotizó en torno a 18.13; los rendimientos de bonos subieron y la volatilidad regresó. Banxico recortó la tasa a 6.75% el 26 de marzo con un voto dividido 3-2. Los disidentes temían exactamente esto: un choque externo que complique la lucha antiinflacionaria y obligue a pausar el ciclo de recortes.

A todo esto se suma la incertidumbre del T-MEC. La revisión del tratado vence el 1 de julio y las señales del gobierno de Donald Trump no son alentadoras. El nearshoring llega al peor momento posible: un choque energético global, un apretón fiscal interno y un socio comercial distraído.

El FMI publicará su evaluación completa el 14 de abril en el World Economic Outlook. Lo que ya señaló ayer basta para entender el escenario: “todos los caminos llevan a precios más altos y crecimiento más bajo”. Pero aquí se sigue hablando de esto con una ligereza incomprensible. Para México, eso se traduce en menos margen fiscal, más presión inflacionaria y ninguna salida cómoda. La guerra en Medio Oriente dejó de ser una tragedia distante. Ya es un problema para el bolsillo de la mayoría de los mexicanos.

Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy

Instagram: ruizhealy

Sitio: ruizhealytimes.com

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas