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El futuro del CJNG: cinco escenarios posibles
Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times
Desde la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, el pasado domingo en Tapalpa, Jalisco, la pregunta que muchos se hacen en los círculos de seguridad, política y periodismo es: ¿qué le pasará ahora al Cártel Jalisco Nueva Generación? La pregunta es legítima, pero cualquier respuesta honesta debe comenzar con una advertencia: todo lo que se diga o se escriba es pura especulación. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá dentro de una organización criminal que opera en las sombras, y quien diga lo contrario miente o se equivoca.
Lo que sí sabemos es lo que ya ocurrió, y eso es revelador. En las horas posteriores a la muerte de su fundador, el CJNG demostró que sigue siendo una fuerza formidable: 252 bloqueos de carreteras en 20 estados, incendios de vehículos, ataques coordinados y la fuga de 23 personas de una cárcel en Puerto Vallarta. Una organización agonizante no hace eso. Esa violencia tiene dos lecturas simultáneas: un mensaje de fuerza hacia afuera, pero también una señal de estrés interno. Ambas son ciertas al mismo tiempo.
Conviene, además, abandonar la idea de que el CJNG era una organización con un mando estrictamente vertical. Analistas lo describen como un modelo tipo franquicia, con células regionales que operan con considerable autonomía bajo la marca y la red financiera del cártel. Eso lo hace más resistente de lo que sugiere la euforia del momento.
Con eso en mente, estos son los escenarios más probables para el futuro del CJNG.
Sucesión ordenada. Juan Carlos Valencia González, El Pelón, hijastro de Oseguera, es el nombre que más circula. Si consolida el mando, el CJNG podría mantenerse cohesionado. Por ahora es un contendiente fuerte, no un relevo probado.
Fragmentación violenta. Sin un sucesor con autoridad comparable, distintas facciones disputarán rutas y plazas. México vivió este guion tras la captura de El Chapo: el Cártel de Sinaloa no desapareció, se dividió y, desde que uno de los hijos de el Chapo secuestró y llevó al Mayo Zambada a Estados Unidos, esa división resultó más sangrienta que la organización original.
Absorción por rivales. Una organización debilitada puede convertirse en blanco de grupos que busquen cooptar sus células en territorios estratégicos como Colima o Jalisco.
Reorganización silenciosa. El CJNG lleva más de 15 años construyendo redes de complicidad con gobiernos locales, policías y el sistema judicial. Esas redes no desaparecen con la muerte del fundador. Un repliegue discreto, seguido de una reorganización silenciosa, es un escenario que no debe descartarse.
Punto de inflexión real. El más optimista y, hay que decirlo, el menos probable si el gobierno no actúa con rapidez. La ventana de oportunidad existe, pero aprovecharla requiere desmantelar las finanzas, la logística y la protección política del cártel. Sin eso, el problema cambia de forma, pero no desaparece.
La historia obliga al escepticismo. Cada vez que México celebra la caída de un gran capo, los cárteles demuestran ser lo que son: empresas criminales, no monarquías. Se adaptan, se reorganizan, se transforman y continúan. El verdadero reto para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no fue el operativo del domingo. El resto real comenzó ese día.
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