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Cine de fantasía en la banca central

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Perdón por el spoiler, pero les cuento esta película por el final: la próxima semana la Junta de Gobierno del Banco de México va a bajar nuevamente la tasa de interés de referencia en 25 puntos base y difícilmente será por unanimidad.
Podrían reclamarme cómo me atrevo a asumir que este drama termina así cuando el Índice Nacional de Precios al Consumidor registró al cierre de la primera quincena de este mes un nivel de 4.53% a tasa anual, con lo que ya suman 123 quincenas fuera de rango, salvo por un espejismo a mediados del año pasado.
Otro argumento para tratar de desmentir este final que se anticipa para la decisión de política monetaria del jueves de la siguiente semana es que la inflación subyacente mantiene componentes que no muestran una clara corrección a la baja, especialmente en servicios, y que el propio banco central no anticipa cumplir su meta sino hasta el próximo año.
Habrá quien diga que confundo una historia de suspenso con una comedia en la que aquellos banqueros, claramente la gobernadora Victoria Rodríguez y el subgobernador Omar Mejía, que adelantan una nueva baja en la tasa de interés, quieren jugar al Forward Guidance de la Reserva Federal; pero lo cómico es que su narrativa se interpreta como debilidad política.
Ahora, habrá quien también me compre, desde ahora, el final anticipado porque ve esta película como un thriller psicológico de dominancia fiscal silenciosa, en la que el banco central se ve obligado a “ayudar” para evitar un colapso presupuestal con una baja en la tasa que permita, a través de un impuesto inflacionario, pagar los intereses de la deuda pública.
Y si ya nos metimos en los géneros cinematográficos, puede ser que todo sea solo un relato de fantasía en el que algunos magos de la banca central juegan con el espejismo de la meta móvil que, con la ilusión de las estadísticas, han podido cambiar el discurso aquel de llegar a la meta de 3.0% primero, en el 2025; después para el 2026; y ahora, para el 2027. Así, lo importante deja de ser la meta y pasa a ser simplemente evitar que se desborde la inflación en lo que bajan las tasas al nivel que las quiere ver el régimen.
El problema de este “final adelantado” es que destruye la esencia misma del drama monetario: la incertidumbre técnica como herramienta de control. Ya no importa la encerrona de la Junta de Gobierno, basta que uno, o dos, de los neobanqueros centrales telegrafíen el movimiento a seguir para romper el misterio y la transparencia en favor de hacer política.
Cuando algunos de los encargados de cuidar el valor de la moneda prefieren ser guionistas del gasto antes que ser protectores del poder adquisitivo, la autonomía del Banco de México pasa de ser uno de los pilares institucionales que le han dado solidez a la economía mexicana a un simple efecto especial.
Si la próxima semana se confirma el recorte a la tasa de interés para ubicarla en 6.50% y por voto dividido, será por el spoiler de los propios productores, quienes habrán renunciado a una obra maestra de técnica monetaria depurada para producir una película palomera de dominancia fiscal.

