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Festejar de verde, blanco y colorado
Hasta este momento, lector querido, vamos recorriendo el mes de septiembre de acuerdo con el calendario y como se debe: con buenas noticias como inauguraciones de nuevas escuelas y hospitales y la confirmación de que el aeropuerto de Tepic se sigue llamando Amado Nervo. Ya sabemos lo que nos espera: banderitas tricolores, cantar música mexicana, comer enchiladas y pozole y concentrarnos en los gritos que lanzamos sólo una vez al año.
El protocolo ha cambiado muchas veces, pero septiembre sigue siendo el mes de la patria. Huele a cuetes, sabe a tequila, todo es blanco, verde y colorado y queremos celebrar. En un lugar donde parezca que la Historia ha nacido con nosotros y estamos invitados todos. No sabemos a dónde nos llevará el muy debatido laberinto de la historia nacional, ni si las consignas que nos sabemos de memoria — la independencia, la libertad, los héroes que nos dieron patria— cambiarán por nuevas ocurrencias que se decidan gritar el mero día. Pero igual gritaremos, no cabe duda.
Desde el día 1 de septiembre la cosa se puso interesante: en casi todos los calendarios se marcaba como fecha para iniciar el primer período de sesiones ordinarias del Congreso de la Unión y para que la presidencia rindiera su informe de gobierno. Así fue y ha pasado una semana. Hoy, que ya es lunes y día 7, lector querido, las efemérides indican que se conmemora la coronación de Cuitláhuac, último emperador azteca y, con nuestra actual manía de celebrar todo lo pasado, también permiten un festejo, aunque haya ocurrido en 1520.
Sin embargo, mañana, que es 8 de septiembre, tenemos infinitas posibilidades. Podemos elegir a quiénes festejamos y organizar desde delicados saraos hasta escandalosos reventones: por el cumpleaños de Jaime Nunó, inspirado compositor que ganó el concurso convocado por Santa Anna para ponerle música el Himno Nacional; por la batalla de Molino del Rey —otra de las derrotas que nos honran— que tuvo lugar el 8 de septiembre de 1847 y donde combatimos con inigualable heroísmo o también festejar porque un 8 de septiembre nació José María Pino Suárez y conmemorar respetuosamente el fallecimiento del general Ignacio Zaragoza, a los 33 años de edad y a sólo 3 meses de haber triunfado en la Batalla de Puebla, su gesta más heroica.
Mañana habrán pasado 258 años desde el nacimiento de Josefa Ortiz de Domínguez que también nació un 8 de septiembre. Heroína de la Independencia, ampliamente conocida como “la Corregidora”, es una de las mujeres más destacadas del movimiento que liberó a México del yugo del imperio español , inigualable motivo para una fiesta,
Bautizada como María de la Natividad Josefa Ortiz Girón y nacida en Valladolid, hoy Morelia, sus padres, españoles de clase media, fueron Juan José Ortiz y Manuela Girón, pero desde muy pequeña los perdió a ambos, quedando bajo la tutela de su hermana mayor con quien se trasladó a la antigua capital del virreinato, hoy Ciudad de México. para realizar estudios y vivir pensionada en el Colegio de San Ignacio de Loyola, también conocido como Colegio de la Vizcaínas. Fue allí mismo donde conoció al abogado Miguel Domínguez, miembro de la Audiencia y oficial mayor del Supremo Gobierno de la Nueva España, del que se enamoró y por el cual abandonó el colegio para unirse en matrimonio y fijar su residencia en Querétaro.
Convertida en mujer de su casa y de su causa, doña Josefa fue la principal instigadora de las reuniones en la casa número 14 de la calle del Descanso y en las realizadas el número 4 de la calle de la Cerbatana, que fueron calificadas como sedes de las más malignas conspiraciones. Disfrazados de encuentros literarios, las reuniones para planear la insurrección se improvisaban en el comedor y en la sala del hogar de doña Josefa. Si no hubiera sido por ella, que utilizó el tacón de su zapato para pegar en el piso de su cuarto y avisar — ¿en clave Morse?— que ya habían sido descubiertos, Miguel Hidalgo no sería una leyenda, jamás se hubiera dado el Grito y nadie recordaría que el Día de la Patria había nacido en aquella legendaria madrugada de septiembre de 1810.
Parecería que esa debería ser la fecha para terminar las conmemoraciones, pero no es así- El 13 de septiembre es el aniversario del sacrificio de los Niños Héroes. Una batalla trágica y heroica en el cerro de Chapultepec donde sólo quedó entre el ejército invasor y nuestras fuerzas, una pequeña guarnición de soldados y cadetes cuyas edades oscilaban entre los 14 y 18 años y que con sus cuatro pequeños cañones no pudieron vencer al enemigo. Evidentemente no es motivo de una fiesta, pero quizá unos tragos de tequila.
Manténgase animado. Para festejar septiembre todo el mes lector querido, no faltan motivos ni pretextos. La consumación de la Independencia, por ejemplo, está oficialmente está fechada el 27 de septiembre 1821, nos recuerda la entrada triunfal del Ejército Trigarante, que se firmó el Acta que nos reconoce como país libre y soberano y cuando hasta los chiles rellenos, para festejar, se vistieron de blanco, verde y colorado.