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¿Y ese boom en Chihuahua y Guadalajara?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
No es que todas las cosas vayan mal, quizás es que están parados donde no deben.
Si han leído de negocios recientemente, sabrán que las importaciones y exportaciones de productos eléctricos y electrónicos desde México están explotando. Particularmente desde Ciudad Juárez, Chihuahua; Guadalajara, Jalisco, o El Marqués, Querétaro.
Las razones brincan desde hace días. Puede tomarse como punto de partida la entrevista que Zanny Minton Beddoes, editora de The Economist, hizo a Elon Musk.
Somos bien quién sabe cómo. En ese diálogo, Musk admite que pasa de la emoción a la depresión todos los días pensando en lo que la inteligencia artificial traerá a los humanos: abundancia, en el mejor de los casos. Es el lado positivo.
Habrá tantas máquinas haciendo cosas que los humanos ya no tendrán que trabajar. Esa abundancia tirará los precios y los gobiernos tendrán que dar cheques mensuales a las personas para que compren a precios muy bajos.
No dio muchos detalles de lo que puede pasar si las cosas salen mal, pero aclaró que no hay opción. La IA es ya un hoyo negro que nos atrae y nos llevará a una situación desconocida.
Aclaró que es posible estar a favor o en contra, pero él prefiere sumarse.
¿Quién podría ir en contra? ¿Una nación? ¿Cuál?
Estados Unidos es el país más adelantado en inversiones en centros de datos que sostienen la IA.
Solo en 2026, sus empresas invierten más de 700 mil millones de dólares en esa infraestructura. Destaca Amazon, con 220 mil millones, en centros de datos de AWS.
Alphabet pone otros 205 mil millones en los de Google. Microsoft, 175 mil millones; Meta, 125 mil millones. Ahí está la demanda que salpica algo hacia el sur.
La estadounidense Nvidia anunció ayer que vendió más de mil millones de dólares diarios durante tres meses. No es petrolera ni vende coches. Vende la capacidad de cómputo que empresas y gobiernos necesitan para entrar a la economía de la inteligencia artificial.
Facturó 96,221 millones de dólares en su segundo trimestre fiscal de 2027, más del doble que un año antes. De esa cantidad, 89 mil millones provinieron de centros de datos.
Para el trimestre en curso espera 108 mil millones, sin contar ventas en China.
Pero a ese despliegue le falta algo: electricidad para funcionar.
Musk dijo algo valioso en esa conversación con The Economist. Hay una carrera y la ganará el país que tenga más poder de cómputo, capacidad que no puede funcionar sin electricidad.
China va atrás en centros de datos, pero avanza mucho más rápido en energía.
Ahí aparece China. Al cierre de 2025 acumulaba 3.89 terawatts de capacidad eléctrica instalada, alrededor de tres veces la estadounidense a gran escala. Como referencia, la CFE de México tiene 0.062 terawatts. Eso es 1.6 % de la capacidad china.
Cada año China añadirá demanda equivalente a una vez y media toda la electricidad que México genera. ¿Cómo puede hacer algo semejante?
El libro Confucianismo y desarrollo. El resurgimiento de China y Asia del Este, coordinado por Arturo Oropeza y publicado por la UNAM, ofrece otra pista.
En esa región pesan la solidaridad familiar, la piedad filial y la subordinación del individuo al grupo. Es una cultura que premia disciplina, mérito y continuidad y coincide con un Estado cuyos planes sobreviven a gobernantes y coyunturas. China absorbe tecnología extranjera, la adapta y la convierte en capacidad propia. “Esencia china, utilidad occidental”, dice una idea del libro.
El país construye renovables, transmisión, almacenamiento, carbón de respaldo y casi 30 gigawatts nucleares adicionales hacia 2030.
¿Ahora Estados Unidos pretende copiar parte del modelo? La Misión Génesis, lanzada por la Casa Blanca en noviembre, busca conectar a científicos, supercomputadoras y datos de los 17 laboratorios nacionales del Departamento de Energía para acelerar avances en nuclear, fusión y materiales.
Hay una carencia: personas. Revisé las vacantes de esos 17 laboratorios al 28 de julio y encontré 1,520: 201 relacionadas con actividades nucleares; 161 con física, aceleradores o fusión, y 338 con ingeniería.
Estados Unidos se apura por conseguir la energía que hace falta. Lo que viene es inevitable: una creciente batalla por la supremacía tecnológica y luego por sus frutos. Más chips, más energía, y algo de eso va a derramarse hacia Guadalajara, Chihuahua, Querétaro…