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El encanto contradictorio del Sur de Estados Unidos: Imani Perry (y una lista de lectura)
Imani Perry recorre las ciudades que le dan identidad al Sur estadounidense, una región en la que los recuerdos dolorosos están muy vivos, tanto que no parecen memoria sino vivencias muy presentes.
Opinión
Esta semana estoy leyendo un libro que me tiene muy picada. Es una mezcla de géneros, una parte ensayo, otra crónica de viaje y un pelo de texto académico. South to America, de la doctora Imani Perry—nada más académica de Harvard en estudios de género y cultura afroamericana—, reposaba alegremente en mi buró. Soy un desastre de lectora, mastico pedazos de libros aquí y allá, de pronto mi pila de libros por leer alcanza el techo de mi recámara. No sé por qué me tardé tanto en agarrarlo si va de un tema muy cercano a mi corazón: el Sur estadounidense.
Perry nació y creció en Birmingham, Alabama. En South of America (libro con el que ganó el National Book Award y desgraciadamente no se encuentra traducido al español) se puso como objetivo la tarea más complicada: definir al Sur, que ella llama el alma y corazón de Estados Unidos, y su lugar en el gran fresco estadounidense. Su racismo y violencia, su religiosidad y fundamentalismo, las heridas todavía abiertas de la era Jim Crow. Pero también su espíritu libertario, la rebeldía endémica y su papel ineludible en el imaginario afroamericano.
Como no he terminado el libro no sé si Perry logre el cometido, pero su viaje por el Sur profundo, ese que se encuentra debajo de la línea Mason-Dixie, es sin duda algo que vale la pena aventarse con ella. Con conocimiento preciso y una prosa muy fluida y divertida, Perry va por los lugares claves de la historia sureña, desde Virginia hasta Birmingham, de ahí a Nashville y al Low Country, pasando por la región conocida como el Black Belt y la inclusión inesperada de Washington, DC.
Perry no viaja únicamente con interés académico, sino uno muy personal, rastrear un fantasma en su ADN: Esther-Easter-Mary-Eustace, una mujer múltiple conocida en diversas fuentes con nombre diferentes (pero que la autora considera la misma persona); una antepasada que sobrevivió a las vejaciones más terribles que pudo sufrir una esclava. En esa mujer Perry encuentra una de las presencias más desafiantes de la historia negra. Resistencia pura, la mujer aparece en diversos documentos como alguien que logró su libertad huyendo al Norte.
Pienso usar South to America como guía turística. Desde hace años que tengo ganas de hacer un viaje por carretera por el Bible Belt y el delta del Misisipi. Sería un viaje peligroso, desde luego. Antes de que termine de escribir esta oración los lugareños ya me habrían echado a los agentes de ICE encima. Al menos me invitarían a regresar mi gordo trasero a México.
Entre plantaciones que gritan su pasado esclavista y sus habitantes del más rancio republicanismo trumpiano, en el mundo el Sur gringo personifica todo lo que está mal en nuestro poderoso y amado-odiado vecino del norte. Sin embargo en todo eso encuentro belleza.
¿Por qué quiero ir al Sur con esa gente tan agradable? Es un asunto literario. A inicios del siglo (qué raro todavía me suena decir eso, pero es que ya llevamos 26 años del XXI) me topé en una librería de viejo un libro que me llenó la cabeza de fantasías sureñas: Medianoche en el jardín del bien y el mal (disponible en español en Random House Mondadori), del periodista Jonathan Berendt. La historia la conocí por la adaptación cinematográfica dirigida por Clint Eastwood en 1997. Una ciudad antigua y aristocrática, un crimen sin resolver y un retrato de Estados Unidos,
El libro se lee como ficción, pero es una crónica. Berendt, un reportero muy neoyorquino (tanto que fue editor de la New York Magazine), se enamoró del Sur en uno de sus viajes. En especial de la ciudad de Savannah, Georgia, donde se ubica la crónica. Antigua y provincial, Savannah alberga casas tan antiguas que datan de los inicios del país y tiene una de las herencias gastronómicas más clásicas estadounidenses; una ciudad que apoyó al bando perdedor de la Guerra de Secesión y que aún hoy es felizmente racista, para efectos prácticos todavía segregada.
No voy a soplarles la trama, es más, no recomiendo que vean la película, que reduce el libro a su anécdota. Lean y sientan la seducción, el peligro, las contradicciones. Prueben el ron, el moonshine, el chablis, el té sobrecargado de azúcar, los mint juleps. Escuchen la música, saboreen la comida. Oigan los chismes e ironías contados con ese acento dulce y difícil de entender. El libro de Berendt me convenció de que algo se me ha perdido por allá y tengo que ir a recogerlo. Mi corazón quiere ser Scarlett O’Hara.
Existe en la literatura gringa un subgénero que retrata eso que me atrae: el gótico sureño o southern gothic. Tiene grandes exponentes, el más famoso entre ellos es William Faulkner (que vivió en Oxford, Misisipi toda su vida, considerada la ciudad faulkneriana por excelencia, parada obligatoria en mi viaje imaginario). Faulkner se inventó una región propia para situar sus historias, el condado ficticio de Yoknapatawpha—el nombre se enreda melosamente en la lengua, ¿no? Soy lectora de Faulkner desde hace tiempo y de todos modos no sé pronunciarlo bien—. En Yoknapatawpha se encarna el Sur profundo, un lugar incestuoso, violento, trágico lleno de una maldad de la que no se puede escapar: la seducción del infierno. Pero en ese inframundo también hay rincones de gran belleza y bondad. Esas ñcontradicciones hacen de la historias faulknerianas una odisea emocional.
No se sale indemne de una novela o cuento de Faulkner, quien además tiene un estilo difícil, enredado. Luego no se sabe quién está hablando, cuál es la diferencia entre un diálogo y un pensamiento, o por qué eso importa para la historia. Hay que aceptar el reto, lo vale. Los cuentos de Faulkner son más convencionales pero igualmente geniales; llegué al autor por “Una rosa para Emily”, cuento absolutamente escalofriante, un trago del más perfecto southern gothic.
Otros tres grandes autores en esa vena son autoras: de Alabama, Harper Lee con el clásico ineludible Matar a un ruiseñor (traducida en Lumen); Flannery O’Connor, nativa de Savannah; y Carson McCullers, también born and raised in Georgia. Lee, se sabe, fue una de las autoras más elusivas; sólo publicó su novela, la vio convertirse en un clásico y huyó de todo esa vorágine. O’Connor es una de las mejores exponentes del rico arte cuentista estadounidense. McCullers es autora de El corazón es un cazador solitario (en español en Seix Barral), sin hipérbole, la más bella novela de todo el gótico sureño.
Hay otros escritores y escritoras contemporáneos que se me escapan porque se me acaba el espacio, pero no puedo irme sin mencionar a Jim Thompson (recomiendo The killer inside me y Savage night, ambas también traducidas en la colección noir de RBA), maestro de la literatura negra más violenta y sureño de pura cepa, y Donna Tartt, sobre todo su segunda novela, The little friend, en español traducida como Juego de niños y disponible en Debolsillo.
La música del Sur merece su aparte. Mientras escribo escucho a Neko Case que, aunque es del muy lejano estado de Washington, canta como si hubiera nacido en Memphis con una national guitar entre sus manos. Como dice en su canción “Things that scare me”, el Sur es un lugar “haunted by American dreams”.