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Elecciones en EUA y el poder de compra de las familias
Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
Hoy los estadounidenses acuden a las urnas para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, y lo hacen con una economía que, vista desde los indicadores agregados, cualquier gobierno envidiaría. El producto interno bruto creció a una tasa anualizada de 3.4% en el tercer trimestre, su mayor ritmo en un año y por encima del 3.1% que esperaban los analistas. El consumo avanzó 3.8% por segundo trimestre consecutivo, la inversión empresarial no residencial se expandió 12.7% y el índice de pedidos manufactureros se ubicó en 55.5 puntos en octubre, lo que reafirma la idea de una economía en expansión.
Sin embargo, el Partido Republicano llega a la jornada a la defensiva. De acuerdo con la última encuesta del Financial Times y Focaldata, 68% de los votantes desaprueba el manejo que el presidente Trump ha dado a la inflación y al costo de vida, diez puntos más que en mayo; entre los independientes la cifra sube a 77%. Su aprobación general apenas ronda 34%.
La explicación está en el poder de compra de los hogares. Desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, el salario promedio por hora ha subido 5.5%, pero los precios al consumidor lo han hecho 5.4%: prácticamente toda la ganancia salarial se la ha comido la inflación. Los salarios reales acumulan seis meses de caída. En los doce meses a septiembre, el gasto real creció 2.5% mientras el ingreso disponible real apenas lo hizo 1%. La diferencia se cubrió con ahorro: la tasa de ahorro cayó de 5.1% a 3.8%, un nivel que rara vez se ha visto en EUA.
Lo que más ha afectado la opinión de los votantes sobre el presidente Trump es el precio de los combustibles. La gasolina promediaba 4.29 dólares por galón a finales de octubre, 40% más que un año antes, consecuencia directa de la guerra con Irán, que ya cumple ocho meses. Peor aún, la semana pasada, el diésel se ubicó en 6.35 dólares por galón, un 70% más caro que en la misma fecha de 2025. Es un incremento que se resiente en el transporte de mercancías y la actividad agropecuaria, por ejemplo.
Por otro lado, la tasa para los créditos hipotecarios a 30 años supera el 7%, lo que aleja aún más la posibilidad de comprar vivienda. Y aunque el desempleo es bajo, de 4.2%, el mercado laboral está estancado: se han creado en promedio apenas 39,000 empleos mensuales desde enero de 2025, y en septiembre sólo 29,000. Lo que ocurre es que hay pocos despidos, pero también poca contratación. Es un fenómeno que golpea particularmente a los jóvenes que buscan su primer empleo.
Paradójicamente, la vertiginosa expansión en el sector tecnológico, que se ha traducido en gigantescas inversiones en la construcción de centros de datos, lejos de ser vista como una promesa de mayor bienestar en el futuro cercano, se ha traducido en un notorio rechazo de muchas comunidades, ante la firme creencia que se verán afectadas por los impactos negativos que esa infraestructura tendrá sobre las condiciones de vida locales. El costo político de esto también está recayendo sobre los republicanos.
En una encuesta del Wall Street Journal, una cuarta parte de los encuestados señaló a la guerra con Irán como el principal factor detrás de la carestía y otra cuarta parte, a los aranceles. Se trata de dos factores que los estadounidenses asocian con políticas deliberadas del presidente Trump, no con escenarios ajenos a decisiones de política del gobierno de los EUA.
En contraste con lo anterior, vale la pena revisar lo ocurrido en Brasil, donde Lula fue reelecto para un cuarto mandato, pese a que las finanzas públicas están al límite, el nivel de endeudamiento durante su tercer mandato creció en 11 puntos con relación al PIB y el ajuste será inevitable. Así que, mientras en Estados Unidos todo indica que los votantes castigarán a un gobierno con buenos números agregados porque no los siente en su bolsillo, en Brasil, votaron mayoritariamente los que prefieren que el gobierno incremente los apoyos, aun cuando eso significa un mayor deterioro en las finanzas públicas en el corto plazo y un imperativo ajuste vía impuestos o mayores tasas de interés, que le pegarán a todos y afectará nuevamente las condiciones de bienestar allá.
*El autor es economista.