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Opinión

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Sin educación no hay manera

Jaime Cervantes Covarrubias | (p) palabra de líder

Cambiemos el liderazgo del mundo, una persona a la vez

El futuro también se aprende en el trabajo.

En nuestra conversación en (p) Palabra de Líder, David Calderón recordó una experiencia de su juventud como educador comunitario en Oaxaca. La comunidad se reunía para reparar caminos y puentes; niñas y niños participaban en las tareas que les correspondían. Aquel día se aprendía mediante el trabajo compartido y el ejemplo comunitario. Cuidar el camino era comprender que el bienestar propio dependía también de que otras personas pudieran transitarlo, hoy y en el futuro.

Me quedé pensando en esa anécdota porque en nuestras empresas compartimos tareas, resolvemos dificultades y convivimos durante años. Esa convivencia deja aprendizajes sobre el esfuerzo y la autoridad, sobre cuánto vale nuestra palabra y qué merece cuidado. Aun sin proponérnoslo, estamos educando.

¿Qué estamos enseñando a las personas que trabajan con nosotros, incluso cuando creemos que solamente estamos dirigiendo?

Con esta pregunta llegamos al sexto episodio de la segunda temporada de (p) Palabra de Líder, Sin educación no hay manera. Me acompaña David Calderón Martín del Campo, educador y promotor del derecho a aprender desde la sociedad civil. Su trayectoria comenzó en la educación comunitaria, continuó en la docencia y lo llevó a cofundar Mexicanos Primero. Hoy preside Aprender Primero, organización que defiende ese derecho mediante litigios estratégicos, también frente a la exclusión que viven niñas, niños y adolescentes en México.

Hay una continuidad entre su palabra y su trabajo. Aprender Primero documenta acciones para que estudiantes con discapacidad accedan a una educación inclusiva y para que adolescentes privados de libertad reciban enseñanza. Son esfuerzos colectivos que convierten la defensa de un derecho en posibilidades concretas de justicia social. Desde nuestra conversación, encuentro allí un vínculo con el activismo dialogal: comprender una necesidad y actuar con otros para transformar las condiciones que la mantienen.

La temporada viene construyendo ese arco de conciencia. Con Luis Velasco Lafarga examinamos el diálogo cuando ejercemos poder; con Jorge Guerrero, las relaciones que permiten funcionar a un país; con Tomás Natividad, la justicia que debe llegar a la vida cotidiana. José Yuste nos acercó a la angustia económica y Maribel Ramírez Coronel al cuidado de la salud. Ahora llegamos a una condición que atraviesa todo lo anterior: la educación que nos permite comprender nuestra realidad y participar en su transformación.

Del grado escolar a la educación para la vida

David distingue escolaridad y educación. La primera organiza trayectorias y acredita estudios; la segunda abarca un proceso de desarrollo humano que continúa durante toda la vida. La escuela forma parte de ese proceso, que también sucede en la familia, el trabajo y la comunidad. Concluir estudios abre oportunidades; seguir aprendiendo permite darles sentido, ejercer criterio y construir con otras personas.

Como empresariado, conviene observar una contradicción que puede revelar nuestra propia negligencia. Solicitamos certificados o grados académicos para contratar y después pedimos iniciativa, pensamiento crítico y capacidad de resolver problemas. Sin embargo, podemos organizar el trabajo de tal manera que preguntar resulte incómodo y decidir requiera siempre la autorización de alguien más. Buscamos autonomía mientras enseñamos dependencia.

La investigación permite dimensionar las oportunidades pendientes. Education at a Glance 2026, publicado por la OCDE en septiembre, informa que la proporción de personas de 25 a 34 años en México sin educación media superior concluida bajó de 55% en 2015 a 40% en 2025. El avance merece reconocimiento. Aun así, cuatro de cada diez personas de esa generación no habían completado ese nivel.

En otro universo, PISA 2022 encontró que 34% de los estudiantes mexicanos de 15 años evaluados alcanzó al menos el nivel básico de competencia en matemáticas y 53% en lectura. La evaluación observa determinadas capacidades para aplicar conocimientos; sus resultados no describen la inteligencia de toda la juventud mexicana ni abarcan a quienes ya están fuera de la escuela. Revelan, sin embargo, aprendizajes pendientes en una generación que se incorpora a la vida laboral. Al empresariado también nos corresponde contribuir a fortalecer esas capacidades.

Estas cifras me hacen pensar en acciones cotidianas: comprender una instrucción, comparar un crédito, interpretar información de salud o revisar una promesa pública. Sin educación… no hay manera.

Fortalecer el aprendizaje amplía herramientas para un buen vivir. La dignidad de las personas permanece intacta cualquiera que sea su escolaridad, aunque nuestras prácticas no siempre la respeten. Nuestra responsabilidad consiste en reconocerla y ampliar las posibilidades de desarrollo.

Martha Nussbaum, filósofa que estudia el desarrollo humano desde las capacidades y la justicia, propone mirar qué puede realmente ser y hacer cada persona. Su enfoque permite distinguir entre desarrollar una habilidad y disponer de condiciones para ejercerla. Aprender a argumentar sirve de poco si hablar con libertad trae represalias.

Esta mirada profundiza la responsabilidad política del empresariado y de una sociedad civil activa. Nos corresponde contribuir a crear oportunidades para que las personas puedan usar lo aprendido, participar y elegir su propio proyecto de vida. Desde mi propuesta humanista, educar y transformar las condiciones que limitan el desarrollo forman parte de un mismo compromiso con el bien común.

También exige reconocer los saberes adquiridos en el oficio, la crianza y la comunidad. Quien no terminó la secundaria puede enseñarnos a resolver dificultades que ningún título garantiza comprender. Una empresa educadora reconoce esa experiencia y construye desde ella, con oportunidades de desarrollo y una remuneración que valore la contribución de cada persona.

La familia necesita tiempo para educarse

En la conversación apareció una preocupación que enlaza las columnas sobre ingreso y salud: el cansancio con el que muchas personas regresan a casa. Pedimos a madres y padres que acompañen el aprendizaje de sus hijos, pero pocas veces examinamos cuánto tiempo y disposición les quedan después del trabajo y los traslados.

¿Qué posibilidad de acompañar a una niña estamos dejando en casa cuando la jornada consume toda la energía de quienes la cuidan?

Desde la empresa influimos indirectamente en la educación mediante horarios, ingresos y permisos. Una jornada previsible facilita organizar cuidados. La posibilidad de acudir a una reunión escolar permite comprender una dificultad antes de que crezca. Un permiso de maternidad o paternidad con apoyo efectivo también expresa cuánto valoramos la crianza y el vínculo temprano.

La responsabilidad familiar necesita condiciones para ejercerse. Las familias tienen composiciones distintas y requieren apoyos que reconozcan esa diversidad. Educar también sucede con abuelas, abuelos y otras personas cuidadoras. Respetarlas implica escucharlas antes de diseñar soluciones desde una idea única de familia. La gestión de personas debe incorporar esta mirada: lo que decidimos dentro del trabajo también facilita o dificulta el aprendizaje fuera de él.

El rezago educativo muestra, además, la fuerza del contexto. El INEGI estimó que en 2024 dicho rezago afectaba a 24.2 millones de personas, 18.6% de la población. En el ámbito rural alcanzaba 32.2%, frente a 14.8% en el urbano. Ese indicador considera la escolaridad obligatoria correspondiente a la edad y generación; no mide capacidad personal ni calidad de los aprendizajes.

La brecha retoma el código postal que discutimos con Jorge Guerrero. Las oportunidades llegan de forma desigual y pueden interrumpirse por razones que desbordan la voluntad individual. Por eso me preocupa pedir a las familias un compromiso educativo sin revisar las condiciones laborales que nosotros mismos establecemos.

La familia, la escuela y la educación necesitan aliados. Maestras y maestros requieren preparación, materiales, acompañamiento y reconocimiento. Cargarles la reparación de todo el tejido social nos permite eludir nuestra parte. Podemos acercarnos a una comunidad escolar, escuchar qué necesita y aportar capacidades concretas con respeto a su trabajo.

La postura política también educa

Paulo Freire, pedagogo brasileño que vinculó la educación con la conciencia crítica, cuestionó una enseñanza que trata a las personas como recipientes donde depositar contenidos. Su crítica ayuda a mirar nuestra vida empresarial: también podemos impartir cursos mientras dejamos intactas las relaciones que impiden pensar y participar.

Una capacitación sobre ética pierde credibilidad cuando el mejor vendedor recibe permiso para mentir. Una charla de colaboración se debilita si quien reconoce un error termina humillado. En cambio, explicar una decisión, escuchar una objeción y reparar un incumplimiento enseñan formas de convivencia que pueden acompañarnos fuera del trabajo.

¿Cómo aprenderá un equipo a hacerse responsable si expresar una duda pone en riesgo su lugar?

Desde el Humanismo Mexicano Regenerativo, educar exige reconocer a la otra persona como alguien capaz de comprender, aportar y decidir. Quien lidera también necesita aprender de ella. Todo comienza por uno mismo: revisar cómo reacciono cuando me corrigen y cuánto espacio dejo para una respuesta que no coincide con la mía.

En la empresa familiar, esa tarea adquiere una dimensión generacional. Hijas, hijos y colaboradores observan cómo se ejerce la autoridad, se resuelve una diferencia y se administra lo que pertenece a otros. Nuestra conducta transmite una forma de entender el patrimonio y el poder que influye en la continuidad de la empresa y en su responsabilidad con quienes vienen después.

Podemos enseñar que el apellido concede privilegios o establecer reglas que exijan responsabilidad a todos. Podemos concentrar el conocimiento o acompañar a quien aprenderá el oficio y después sabrá hacerlo mejor. Preparar la continuidad empresarial también significa formar personas capaces de cuestionar lo heredado con criterio y respeto.

Esa educación debe ampliar la libertad y potenciar las capacidades individuales y colectivas. Acompañar estudios o desarrollo humano requiere respetar convicciones, intimidad y decisiones personales. La gratitud que alguien sienta por una oportunidad no nos concede autoridad sobre su conciencia. Cada persona merece ser reconocida como un fin en sí misma, incluso cuando sus nuevos aprendizajes la lleven a buscar otro camino.

Organizar el compromiso educativo

David propone aprovechar la convivencia laboral para abrir oportunidades de aprendizaje: concluir estudios, compartir experiencias de crianza y desarrollar capacidades mediante proyectos reales. Su planteamiento me interesa porque permite comenzar desde lo que ya hacemos, con intención educativa y organización.

Existe una vía concreta para la educación básica de personas adultas. El INEA documenta alianzas empresariales para acercar alfabetización, primaria y secundaria. Una de ellas, con Leadec, incluye a personas trabajadoras y familiares de 15 años o más que lo necesitan. El convenio acredita una posibilidad de colaboración; sus resultados deben evaluarse por separado.

Cada organización puede escuchar las necesidades de su comunidad y acordar un primer compromiso viable. Si hay personas que desean concluir estudios, vale ofrecerles orientación, acceso a asesoría y tiempo protegido. La participación debe cuidar su privacidad y evitar que la falta de un certificado se convierta en una etiqueta que las avergüence.

Una pequeña empresa puede asociarse con otros negocios, una cámara o una organización educativa. Una empresa con más recursos puede ampliar becas, tutorías y formación técnica. Lo decisivo es que el apoyo tenga continuidad y condiciones reales de acceso. Inscribirse después de una jornada agotadora puede ser apenas el comienzo de una dificultad.

La formación también puede surgir de un problema compartido. Pensemos en un proyecto para reducir desperdicios: el equipo observa el proceso, calcula pérdidas, contrasta opciones y evalúa cambios. Ahí se encuentran conocimientos técnicos, responsabilidad ambiental y cooperación. La experiencia necesita acompañamiento para convertirse en aprendizaje y dejar capacidad instalada.

¿Cuánto de nuestro presupuesto de desarrollo fortalece realmente a las personas y cuánto se queda en registrar horas de cursos?

Propongo llevar esa pregunta al consejo y a la dirección. Asignar recursos, una persona responsable y un plazo de revisión. Observar quiénes logran participar, qué barreras persisten y qué capacidades pueden demostrar después. Medir también exige escuchar: una oportunidad educativa vale por lo que permite aprender y hacer, además del reconocimiento que entrega.

El país que nuestras decisiones educan

Al empresariado mexicano nos corresponde asumir esta tarea directa e indirectamente. Directamente, mediante formación y oportunidades para continuar aprendiendo. Indirectamente, mediante condiciones laborales que permitan estudiar, cuidar y convivir, y a través de lo que enseñan nuestros productos, nuestra publicidad y nuestra relación con la comunidad.

La educación tiene una dimensión estratégica: las empresas necesitan personas capaces de adaptarse, colaborar y enfrentar problemas nuevos. También tiene un valor que desborda la productividad. Comprender el mundo, disfrutarlo y participar en él pertenece a una vida digna. Una inversión educativa requiere disciplina; su sentido humano no se agota en calcular el retorno inmediato.

La sostenibilidad empieza a volverse creíble cuando cuidamos esas capacidades. Para gestionar recursos, incorporar tecnología responsablemente y construir confianza hacen falta aprendizaje y criterio. Descuidarlos deteriora las condiciones de las que depende nuestra propia continuidad. Hablar del futuro empresarial obliga a pensar en la sociedad que podrá sostenerlo.

Esta responsabilidad se comparte con obligaciones distintas. Al primer sector –el gobierno– corresponde garantizar el derecho a la educación mediante instituciones, recursos y condiciones de aprendizaje. El segundo –el empresariado– debe cumplir sus responsabilidades laborales y asumir su influencia educativa. El tercero –la sociedad civil– puede acompañar comunidades, aportar conocimiento y defender derechos, como muestra el trabajo de Aprender Primero.

La filantropía consciente puede fortalecer escuelas y proyectos comunitarios cuando escucha necesidades y sostiene capacidades duraderas. Su congruencia exige revisar también la vida dentro de la empresa que dona. Así entiendo nuestro deber ser político: orientar el propósito, las políticas y las acciones cotidianas hacia la construcción del bien común.

Te invito a continuar este recorrido en el sexto episodio de (p) Palabra de Líder con David Calderón. La conversación amplía una pregunta que atraviesa las dos temporadas: cómo convertir el liderazgo en una experiencia de desarrollo humano que alcance a la familia, a la empresa y al país.

Vuelvo al camino comunitario que David recordó. Aquel aprendizaje servía para que otras personas pudieran pasar. Quisiera que nuestras empresas se parecieran un poco a ese esfuerzo: lugares donde trabajar permita abrir camino para uno mismo y también para quienes vienen después.

Sin educación no hay manera. El futuro sostenible que esperamos de México necesita empezar a aprenderse en nuestras decisiones de hoy.

Referencias:

OCDE (2026). Education at a Glance 2026: Mexico. Publicado el 29 de septiembre; escolaridad alcanzada en 2025, tabla A1.2. https://www.oecd.org/en/publications/education-at-a-glance-2026_c0e523a9-en/mexico_0c0d8b23-en.html

OCDE (2023). PISA 2022 Results, nota de México. Resultados de estudiantes de 15 años; tablas I.B1.3.1 a I.B1.3.3. https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2022-results-volume-i-and-ii-country-notes_ed6fbcc5-en/mexico_519eaf88-en.html

INEGI (2025). Pobreza multidimensional 2024, comunicado 118/25, apartado VI, y reporte de resultados, cuadro 2. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/pm/pm2025_RR_08.pdf

Radio Educación (2015). Entrevista con David Calderón Martín del Campo. Archivo de transmisión del 23 de marzo. https://catalogoradioeducacion.cultura.gob.mx/programas/david-calderon-martin-del-campo/

Tecnológico de Monterrey, archivo del IFE Conference (2024). Semblanza de David Calderón. Fuente histórica de trayectoria, no de cargo actual. https://ciieanteriores.mx/2024/es/httpciie-mxspeakerdeb-masters/david-calderon/

Aprender Primero (sin fecha). Nuestra historia, aportes y consejo directivo. Fuente institucional consultada el 31 de octubre de 2026. https://www.aprenderprimero.org/about

Freire, Paulo (2005). Pedagogía del oprimido, traducción de Jorge Mellado, pp. 77–89. Selección autorizada publicada por Revista de la Universidad de México en junio de 2023. https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/b7c0262d-0470-4c5f-b63d-74fff82223a3/la-concepcion-bancaria-de-la-educacion

INEA (2025). Convenio de colaboración con Leadec. Publicación del 14 de agosto; vigencia del 30 de junio de 2025 al 30 de junio de 2027. https://www.gob.mx/inea/documentos/convenio-de-colaboracion-del-inea-con-leadec

Nussbaum, Martha C. (2011). Creating Capabilities: The Human Development Approach. Harvard University Press. https://doi.org/10.4159/harvard.9780674061200

Fuente del diálogo: Palabra de Líder, T2, episodio 6, Sin educación no hay manera. Transcripción automática aportada por el autor, duración 57:15. Todas las intervenciones se recuperan mediante paráfrasis. Antecedentes: columnas 41 a 45, leídas en sus versiones actuales de trabajo.

Y… recuerda, liderar no trata de dirigir, se trata de humanizar.

*El autor es Doctor en Desarrollo Humano por la Universidad Motolinía del Pedregal; Maestro en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana; Master Ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico por IE Business School y Licenciado en Comunicación Gráfica. Presidente del Consejo de Administración de Vitalmex, Liderálity, Indômito y otras empresas; Presidente del Patronato de la fundación Lilo México;  empresario, docente, consejero sistémico estratégico, padre de familia y columnista en El Economista.

jaime.cervantes@liderality.com  LinkedIn | Instagram

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El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

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