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¿Quién dice que se va a acabar el T-MEC?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
El año pasado, México se convirtió en el país que más le compra y más le vende productos a Estados Unidos. Buena suerte tratando de romper esa relación.
Salvo que algo extraño ocurra, los datos oficiales de cierre de 2025 confirmarán esa situación inesperada para quien siguió las declaraciones del candidato Donald Trump, que a la postre se convirtió en presidente de su país por segunda ocasión.
Líderes de empresas estadounidenses exigen más tratados, no acabar con los que hay. Si les preocupa tanto el T-MEC, sugiero reenfocar la energía.
¿Pero cuál es nuestro lugar en la economía norteamericana de la siguiente década?
Asumámoslo: no seremos una potencia en la fabricación de semiconductores, aunque ya estamos dentro de la cadena de suministro de esa producción. Intel hace diseños de esos artefactos nanométricos y Amazon hace lo propio. Ambas, en Jalisco.
Pero está lejos la creación de grandes empresas nacionales proveedoras del ramo.
Permítanme ir a lo básico para llegar a un punto. Hay que recoger los “low hanging fruits”, cosechar los frutos que están a mano. Vamos: la economía de esta era de la inteligencia artificial se centra en centros de datos, las nuevas carreteras del mundo.
Estos no operan sin ingredientes básicos. Para simplificar: energía, tierras raras y humanos.
En energía no damos una, es cierto. Este país acumula 13 años prometiendo una revolución energética que no consiguieron ni el PRI, ni el PAN, ni Morena.
Es un sector cuyo himno puede ser: “Siempre vendrán tiempos mejores”. Que no llegan.
¿Qué hay de las tierras raras? En eso estamos. De acuerdo con Marcelo Ebrard, sí hay algo, pues el secretario de Economía estrechó la mano del embajador Jamieson Greer este mes.
México y EU acordaron un Plan de Acción para proteger el suministro de minerales críticos. Juntos, identificarán y financiarán proyectos de minería y procesamiento prioritarios, que incluyen tierras raras. Además, colaborarán en investigación, inversión y compartirán datos geológicos para mejorar la transparencia del mercado. En 60 días, negociarán políticas comerciales coordinadas, incluyendo precios. O sea: urge.
Va un ejemplo: el neodimio, el praseodimio y el disprosio forman imanes potentes en discos duros, ventiladores y bombas de enfriamiento para cargas de IA masivas.
Pero en lo concerniente a la gente, hay algo inmediato que puede hacerse.
No hay centro de datos que funcione sin… datos. Los humanos saben recopilarlos y administrarlos con propósito económico.
Para eso son necesarios muchos humanos, pero seamos honestos: de los más listos. Y esa gente sabe vivir bien. México puede ofrecer eso. No hay otro modo de explicar la llegada masiva de personas de todo el mundo —mexicanos incluidos— a la Roma y Condesa de la Ciudad de México.
¿Cómo es factible generar más “islas” con una dinámica similar a la de esa zona céntrica de la CDMX? Permítanme divagar.
¿Ya conocen Val’Quirico? Me dicen que es un pueblo de fantasía recién creado en Tlaxcala, que atrajo tanta gente que ya tiene réplica en Baja California: un lugar llamado Sassi del Valle, con tal éxito que parece anunciar uno más en Coahuila.
¿Qué necesitan los Pueblos Mágicos para evocar la mística de una idílica atmósfera mexicana que no solo atraiga foráneos, sino que evite que se nos vayan los mejores paisanos?
¿Ya vieron lo que está haciendo Chetumal? Ante la caída del turismo en Quintana Roo y el aviso de más sargazo, el Gobierno del Estado alinea planes y programas de estudio de las universidades y subsistemas de educación para generar y atraer talento al Polo de Desarrollo decretado en la región.
Mi punto: idealmente debemos generar tecnología propia para competir en el nuevo mundo. Pero en lo inmediato, es factible multiplicar zonas de atracción de talento humano harto del encarecimiento de Estados Unidos y de Europa, obteniendo en el camino negocios relacionados indirectamente con los centros de datos: inmuebles, servicios…
Entonces tendremos humanos para la nueva economía, para vender más que fierros en Norteamérica. Digo, en lo que resolvemos lo de la energía y las tierras raras.
Porque el T-MEC, o como se llame en el futuro ese tratado comercial, no se acabará.