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La cultura del futuro

OpiniónEl Economista

La memoria del futuro es irrenunciable. 

¿Qué es eso de la memoria del futuro? preguntará usted. Es la memoria que se va construyendo en tu cuerpo, en tu corazón y en tu alma, sobre el futuro que estás construyendo, porque lo que imaginas que se puede tener como realidad, se inserta en tu memoria y aunque no necesariamente se construya en un día, se van poniendo piezas en el rompecabezas. 

La memoria del futuro surge cuando tienes una visión. Ojo que no estoy hablando de la zarza ardiente, si no cuando dices, esto es posible para mí, esto es posible para esta comunidad. Y ahí ocurre que esa visión que imaginas en un punto en el tiempo, se inserta en tu cuerpo como una memoria y comienza – en el mejor de los casos – el camino de hacerla realidad.

Cuando se tiene esta visión, es decir, un objetivo claro, es más fácil vencer las resistencias, pero eso no significa que no haya tales o miedo a que la visión se haga realidad, porque sí, los cambios generan un montón de miedo.

¿Cuál es la memoria del futuro que se está construyendo en México? Me queda claro que las realidades son complejas y no se logra todo lo que se quiere, y en el camino de la construcción hay cientos de factores que van ajustando ese futuro, pero por eso la gente, cuando se sube al tren maya, o al insurgente o al nuevo tren que va al AIFA, se siente tan contenta. Porque no se está subiendo a un tren, se está subiendo al futuro que miró cuando se empezó a plasmar la idea de la Cuarta Transformación.

Una memoria de un país de trenes, como alguna vez se empezó a tener, como muchos países que tienen mejores condiciones que las nuestras tienen. Una memoria de un país cuyo pueblo es digno, decente, cuidador, alegre. Una memoria de un país en paz. Los imposibles políticos se logran porque la memoria de futuro puede ser muy potente como horizonte en común.

¿Ya tenemos este país que plantea esa memoria de futuro? Por supuesto que no, pero sin duda que quienes apoyamos y trabajamos en la Cuarta Transformación sostenemos que tenemos avances importantes y que estamos en ese camino, poniendo piezas en el rompecabezas de un futuro deseable y posible.

Pero más allá de echarle porras a la Cuarta Transformación – les juro que esa no es mi intención – me parece importante apreciar la potencia que tiene una visión de futuro deseable, razonable, digna y con una suma de caminos claros. La memoria de futuro planteada es muy potente.

Las Utopías de la ciudad de México es la memoria del futuro que plantea el derecho a la ciudad como posibilidad. La sociedad de cuidados como posibilidad. Por supuesto que es una memoria potentísima. Que se tengan todos estos servicios gratuitos a quince minutos de donde vives cambia radicalmente la vida, la forma de vivir una ciudad. Es la transición de la hostilidad a la amabilidad.

Una democracia sin futuros es asfixiante.

Por cierto, curioso que en el país del norte, la memoria de futuro plasmada en su mundo audiovisual esté tan llena de distopias y apocalipsis. Nomás digo.

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