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La cultura del cuidado

OpiniónEl Economista

Estoy sentada con una buena amiga a la que admiro y quiero. La admiro por razones profesionales, pero también por cómo lleva su maternidad. Me gusta mucho la relación que tiene con sus hijos adultos. Le pregunto lo que me pregunto a mí misma: ¿Cuándo te dejan de preocupar los hijos? ¿A qué edad? Me dice: Nunca, pero las cosas se van acomodando y tranquilizando y más bien estás al pendiente. Me preocupa esto y esto y esto otro, sobre todo, me preocupa que cuando este hijo era chiquito, yo me tuve que ausentar como mes y medio de su crianza por problemas de salud y entonces pienso que hay algo que no estuvo ahí. El hombre en cuestión tiene ahora 30 años y se le ve perfectamente bien, pero su mamá no olvida que cuando tuvo 6, ella faltó un mes y medio.

Hace unos días se instaló la junta del sistema público de cuidados para dar seguimiento y cumplimiento a la ley y comenzar toda la reglamentación necesaria en la ciudad de México, para algo que ya existe y que debe crecer y comprenderse bien.

La jefa de gobierno, en sus palabras de arranque planteó varias ideas que me atravesaron el corazón. Al final del día todas somos hijas y/o madres y la maternidad y los cuidados nos despiertan cientos de emociones encontradas.

Las mujeres han sostenido al mundo, es hora de que el mundo sostenga a las mujeres. Hace muchos años, unas feministas economistas me dieron un dato que me dejó helada. El trabajo de cuidado que hacemos las mujeres gratuitamente representa el doble del PIB que el ingreso por el petróleo, en México. Económicamente hablando, los cuidados son centrales para que la rueda gire. Por supuesto que es momento de que la rueda que gira se haga cargo también de lo que le toca. Lo que pasa es que ha sido muy conveniente para el sistema capitalista no pagar por sostener las manos que lo sostienen y disfrazarlo de “lo natural”, “lo que te toca”. Nanay, lavar el baño no es agradable pa´nadie y la habilidad de hacerlo se aprende, no viene en los genes.

Sacar los cuidados de la soledad de los hogares y llevarlos al corazón de lo público. La soledad de los hogares. Todo lo que no se ha dicho en términos emocionales de lo que ha significado acomodar el “te toca porque eres mujer” cuando el sentido común todos los días te grita que es injusto, que cansa de más, que es mucho trabajo, que debería repartirse.

Este sistema es para las que siempre dejaron su vida para después. Al ser la menor, me tocó ser la primera hija a la que mi mamá ya no pudo cuidar tan de cerca porque comenzó su vida profesional. Ya no pudo esperar más por la realidad económica, pero también, supongo, porque se estaba asfixiando. Por supuesto que hay un montón de emociones que tuve que gestionar y es muy probable que mi mamá tuviera su dosis de culpas por no haber estado tanto. Quizás es momento de que las mujeres encontremos formas de reconocernos y abrazarnos entre hijas y madres. Como a mi amiga que aún le pesa ese mes y medio de ausencia de hace 25 años. Como a mi mamá que esperó 4 hijas para poder empezar sus sueños profesionales.

Queremos una ciudad que haga del cuidado una nueva forma de vida en común. Esto me parece central. Tiene que ver con un cambio cultural. Pensar en que buena parte del sentido de vida es cuidarnos entre nosotros y nosotras. Que el centro del sentido de comunidad es el cuidado. Un ejemplo: las UTOPÍAS: centros en los que puedes hacer cualquier cantidad de actividades que te cuidan, te educan, te entretienen o te acompañan a que descanses sin que tengas que gastar nada. Es decir, el sentido de tu presencia ahí, no es por lo que puedes comprar ¿En cuantos espacios de la vida cotidiana tiene sentido ir si no puedes comprar nada? Por supuesto que es un cambio cultural mayúsculo. Es otra forma de hacer sociedad, es un nuevo sentido común.

No está mal que cuidar a quien cuida sea parte del nuevo sentido común, es otra manera de abonar a la paz.

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