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La cultura de los carnavales

OpiniónEl Economista

Cada comunidad te cuenta su historia y para cada una de ellas, su historia es la manera que encontraron de explicarse el mundo. Por eso, un mismo episodio tiene una visión distinta si cambias de comunidad. En este pueblo la tradición se entiende así y en este otro, se entiende en esta variación. Por supuesto que hay un sinnúmero de historias que se entretejen y que van haciendo que las cosas hoy por hoy, sean como son.

Hay tres fiestas en esta ciudad, ligadas a lo religioso, que me tienen la cabeza girando desde hace algunos años. Carnavales, Semana Santa y día de muertos.

Los carnavales en México tienen antecedentes en el siglo XVI, con la fusión de elementos africanos, europeos e indígenas. En el mundo del teatro, el carnaval es un elemento muy utilizado. Hay cualquier cantidad de obras de teatro que ocurren justo en la noche del carnaval y eso le pone a la escena un elemento de excepción. En la noche de carnaval, todo se puede y todo se permite. Bajo el disfraz, bajo la máscara, puedo ocultar lo que soy y desvelar mis deseos prohibidos.

En el cine y en el teatro universal, es en la noche de carnaval donde los hombres se visten de mujeres y juegan a la seducción con otros hombres y donde las mujeres vestidas de hombres se viven atrapadas en las luchas de poder, sin quererlo. Es en la noche de carnaval donde quien se iba a casar huye para siempre con un nuevo amor, o quien quiere asesinar a alguien aprovechando la confusión de las máscaras, termina asesinando a su propio hermano y es condenado para siempre.

El carnaval es intenso, no solo en la narrativa, también en la actualidad.

El travestismo sigue siendo un elemento muy utilizado. También el encarnar personajes de los cuales se quiere hacer una burla, como los catrines con cabeza de cerdo. Aparece la muerte, los charros, los huehues, los ancianos, las damas elegantes, las reinas y se atraviesan personajes del imaginario popular y hasta de la televisión.

Las agrupaciones que hacen carnavales se lo toman muy en serio y van pasando la estafeta de generación en generación. Todo un año se van haciendo los vestuarios, pensando en los personajes, organizandose en comunidad. En los carnavales de este año me llamaron mucho la atención los vestuarios de los charros, que tienen bordados espectaculares que bien puedes ser de dioses griegos, dragones chinos o la mismísima serpiente emplumada.

En nuestos carnavales se mezclan elementos de distintas épocas y regiones, produciendo manifestaciones únicas en cada pueblo y barrio de la Ciudad de México, pero me pregunto qué tanto esta fiesta, sigue significando la noche en donde todo se permite y eso cémo se vive el día después en las comunidades.

Hay una película peruana que junta la circunstancia del carnaval y la semana santa bajo el argumento de que Dios, al estar muerto, no ve lo que hacemos y por lo tanto nada se considera pecado y todo se permite hasta el domingo de resurrección. Medeinusa se llama. Le recomiendo mucho que la vea. Ya es viejita pero la premisa es muy buena y siempre es un remanso estético mirar cine no hegemónico. Lo interesante de esta película, como pasa siempre que se usa el carnaval para la ficción, es que estas noches cambian para siempre el destino de sus comunidades.

Curioso. Dado que toda cultura tiene este tipo de celebraciones, al perecer necesitamos el “todo se vale” aunque sea nomás tantito, para poder resistir el orden el resto del tiempo. Sobrevivencias culturales les llamo yo.

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