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¿Los combustibles fósiles no causan el cambio climático?
Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio
Una investigación disidente publicada apenas el 1 de noviembre pasado (Cohler & Soon: Mathematical Falsification of the Fossil-Dominant Hypothesis for Rising Atmospheric CO2. SCC Publishing) ha generado cierto revuelo, y dado munición a quienes niegan la contribución primordial de los combustibles fósiles en el proceso de calentamiento global. Cohler y Soon plantean argumentos matemáticos que apuntarían a que el incremento en las concentraciones de CO2 en la atmósfera no son debidas a combustibles fósiles, sino a fuentes naturales. En el balance neto del CO2 en el planeta, las emisiones naturales totales (de suelos, plantas y océanos) son de 770 mil millones de toneladas anuales (mmta), mientras que las absorciones naturales totales (por fotosíntesis de las plantas terrestres y por los océanos) alcanzan 795 mmta. La diferencia es de 25 mmta de absorciones naturales netas. Pero los humanos emitimos 42 mmta (algo relativamente pequeño con respecto a las emisiones naturales, de acuerdo a Cohler y Soon), por lo que se acumulan en la atmósfera 17 mmta. Esto explica que las concentraciones de CO2 en la atmósfera hayan aumentado de 280 Partes por Millón (ppm) en la época preindustrial, a casi 430 ppm en la actualidad, lo que causa el calentamiento global. Todo el CO2 en la atmósfera se mezcla casi de manera homogénea, y en principio, parecería imposible saber de dónde proviene cada molécula de CO2. Los autores tratan de dilucidarlo para exonerar a los combustibles fósiles, a través de análisis isotópicos, es decir, del estudio de los isótopos de Carbono presentes en la atmósfera.
El Carbono (C) posee tres isótopos. El más frecuente es el Carbono 12, que tiene 6 protones y 6 neutrones. En mucho menor concentración está el isótopo Carbono 13 con 6 protones y 7 neutrones. En las plantas (y por tanto en los animales) la fotosíntesis favorece la incorporación de Carbono 12 contra el Carbono 13, por lo que en los combustibles fósiles (que fueron hace millones de años plantas y animales) el Carbono 13 es muy escaso. Por último, se encuentra en trazas el conocido isótopo Carbono 14 con 6 protones y 8 neutrones, que es radiactivo, con una vida media de más de 5,700 años. El Carbono 14 se forma en la atmósfera a partir de los rayos cósmicos, y se va incorporando en los seres vivos hasta que mueren, por lo que el Carbono 14 decae y sirve para datar la antigüedad de vestigios de materia orgánica (cadáveres, madera, etc.). Por ello, los combustibles fósiles (que tienen millones de años) prácticamente carecen de Carbono 14. Es claro con este razonamiento, que la quema de combustibles fósiles debería diluir con el tiempo el Carbono 13 y el Carbono 14 en la atmósfera. Esto, según los autores, no ha sucedido, lo cual descartaría que los combustibles fósiles son una fuente relevante del CO2. Cohler y Soon analizan la composición isotópica del Carbono atmosférico, o sea, de Carbono 12, 13 y 14, concluyendo, estadísticamente, que el Carbono 13 (su firma isotópica) se ha mantenido prácticamente constante en los últimos 500 años, en vez de haberse diluido. Esto, a pesar del enorme incremento en las emisiones de CO2 de combustibles fósiles que tienen muy poco Carbono 13. A partir de ello concluyen que el carbono proveniente de los combustibles fósiles no puede ser la fuente dominante del incremento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera. Aunque de una forma matemáticamente muy elaborada que no es posible reproducir aquí, esta es la esencia del argumento de Cohl y Soon, para negar que los combustibles fósiles son responsables del aumento en las concentraciones de CO2 en la atmósfera.
No obstante, hay consideraciones que muy claramente refutan a Cohl y Soon. Primero, los autores ignoran que las moléculas individuales de CO2 están en perpetua circulación entre los océanos, la vegetación y la atmósfera; la acumulación de CO2 no puede ser atribuible a una fuente en particular. Aunque los combustibles fósiles diluyen el Carbono 13, los océanos lo reponen. También los océanos absorben Carbono 13, en un intercambio muy complejo. Más fuerte aún, la NOAA ha documentado que efectivamente el Carbono 13 ha disminuido desde la Revolución Industrial, lo que ratifica la influencia de los combustibles fósiles en el aumento en las concentraciones de CO2 en la atmósfera. O sea, sí ha cambiado la composición isotópica del Carbono en la atmósfera, esto es, entre Carbono 12, 13 y 14. Un último dato que refuta a Cohl y Soon es que el Carbono 14 (radiactivo) en la atmósfera también se ha diluido por las emisiones de combustibles fósiles – que prácticamente no tienen Carbono 14 – después de los ensayos nucleares entre los años 40´s y 70´s. En fin, la argumentación de Cohl y Soon, de entrada, presenta deficiencias básicas, y es preciso verificar sus premisas y construcción. Las empresas de combustibles fósiles y sus consumidores (que somos todos, como dijo “Digger”) no deben echar las campanas al vuelo.