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Opinión

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Sin civismo emerge el autoritarismo

Jaime Cervantes Covarrubias | Columna Invitada

“La política autoritaria no sólo gobierna, escribe la narrativa de la nación".

México no corre el riesgo de perder su democracia de un día para otro. Esa sería una lectura ingenua de nuestra época. Las democracias contemporáneas rara vez mueren por un golpe súbito; suelen desgastarse lentamente, por cansancio, enojo, cinismo, indiferencia y una peligrosa comodidad social ante el abuso. Cuando el civismo muere, el autoritarismo entra y no siempre entra con uniforme, a veces entra con promesa de orden, con lenguaje de justicia, con relato de rescate, con enemigos convenientes y con una frase que tranquiliza a la conciencia… “al menos ahora sí hay control”. Una falacia de liderazgo.

La semana pasada escribí sobre la incivilidad. Hoy quiero subrayar su consecuencia política más grave… Una sociedad sin civismo se vuelve tierra fértil para el autoritarismo.

Civismo no es urbanidad superficial ni obediencia bien portada, es responsabilidad cotidiana frente a lo común. Es dignidad en el trato, disposición a las demás personas y su bien, conciencia del impacto propio y compromiso frente a la vida compartida.

En mi práctica como investigador en desarrollo humano y liderazgo humanista, he definido cuatro valores cívicos: dignidad, disposición, conciencia y responsabilidad, como estructura filosófica y sistémica centrada en la persona. Ahora propongo también que sean la base de un civismo regenerativo para México.

El autoritarismo es un permiso anónimo social

El autoritarismo no nace solamente de quien desea concentrar poder. También nace de una sociedad que, por negligencia, ignorancia, miedo o comodidad, deja de poner límites. Se instala cuando normalizamos la corrupción cotidiana, cuando justificamos la violencia si golpea al adversario, cuando aceptamos que la ley se aplique selectivamente, cuando renunciamos a participar porque “todos/as son iguales” o cuando confundimos mayoría con verdad, fuerza con liderazgo y obediencia con orden.

México conoce esa historia. Durante décadas vivimos bajo presidencialismo fuerte, partido dominante, corporativismo, clientelismo y ciudadanía condicionada. Hubo estabilidad, sí, pero muchas veces fue una estabilidad sostenida por subordinación, silencio y dependencia. Tlatelolco y la Guerra Sucia no son episodios lejanos; son heridas pedagógicas de un Estado que reprimió, ocultó y enseñó que la verdad podía ser manipulada y tomar ventaja de eso. Hoy suceden situaciones similares inhumanas y preocupantes; parece que no aprendemos.

El autoritarismo histórico no sólo reprimió personas; deformó ciudadanía y nos enseñó a sobrevivir antes que a participar.

Hoy la democracia mexicana no puede darse el lujo de olvidar. V-Dem (2026) advierte que la democracia promedio para la ciudadanía global volvió a niveles de 1978; al cierre de 2025 había 92 autocracias y 87 democracias, y 74% de la población mundial vivía bajo algún tipo de autocracia. Freedom House registra veinte años consecutivos de deterioro de la libertad global. International IDEA alerta retrocesos en elecciones creíbles, parlamentos efectivos, libertad de prensa, independencia judicial e integridad electoral. La pregunta incómoda es inevitable:

¿México está leyendo las señales o solo las está viendo pasar?

El civismo es una microeconomía moral y no entenderlo nos cuesta multifactorialmente. El autoritarismo es un déficit moral y probablemente la somatización de nuestra propia disfuncionalidad sistémica y estructural como nación.

La educación es la verdadera reforma social

La única forma humana de contrarrestar el autoritarismo es la educación profunda. La otra suele ser una revolución, y las revoluciones, aun cuando nacen de causas legítimas, suelen traer dolor, fractura y nuevas tentaciones de poder. Educar no requiere dogmas que nos idiotizan; requiere amor, disposición, criterio, memoria histórica, conversación familiar, pensamiento crítico y compromiso con el bien común.

Pero la educación verdadera comienza en casa. Si la familia mexicana no logra estabilidad, armonía y conciencia de su importancia como fuerza de cambio, ¿cómo podría lograrlo el país? La crisis cívica mexicana tiene raíz sociofamiliar. No porque las familias sean culpables, sino porque muchas viven agobiadas y exhaustas por desigualdad, informalidad, miedo, deuda, estrés financiero y abandono institucional. INEGI reportó en la ENSAFI 2023 que 36.9% de la población adulta vive estrés financiero alto y 34.9% ya presenta consecuencias físicas derivadas de esa presión.

¿Cómo pedir serenidad democrática a familias que viven al día, con el corazón apretado y la mesa incompleta?

Por eso el civismo no puede separarse de la economía. Un país con más de la mitad de su población trabajadora en informalidad, con millones de personas sin seguridad social, con una cifra negra del delito de 93.2% según ENVIPE 2025, y con un estado de derecho ubicado por World Justice Project en el lugar 121 de 143 países, no solo enfrenta fallas administrativas. Enfrenta una fractura ética. Cuando nadie denuncia porque cree que no sirve, la democracia ya está herida. Cuando la corrupción se percibe como costo de vivir, la ley deja de ser bien común y se convierte en privilegio negociable.

Sin trabajo digno no hay democracia digna

Aquí entra el empresariado mexicano. No como salvador ni como sustituto del Estado, sino como agente real de regeneración social. La empresa, especialmente la familiar y la pyme mexicana, es una comunidad económica, cultural y humana. No produce solamente bienes y servicios; produce hábitos, estabilidad, pertenencia, educación informal, sentido de futuro y calidad de vida.

¿Puede hablarse de liderazgo humanista regenerativo sin desarrollo humano, ética del cuidado, inversión sistémica, educación continua y economías saludables dentro de la empresa? No.

¿Puede pedirse responsabilidad ciudadana a una persona trabajadora que vive precarizada, con jornadas que le arrebatan salud, familia, descanso y posibilidad de ahorro? Tampoco.

El trabajo indigno no es solo una violencia personal; es una violencia estructural que termina pagando la familia, la comunidad y el Estado.

Si el empresariado mexicano cocrea bienestar y calidad de vida para sus trabajadores y sus familias, esas familias pueden responder con reciprocidad, compromiso y pertenencia. Ese es el ciclo virtuoso que necesitamos: dignidad humana, trabajo digno y prosperidad regenerativa. Prosperidad no como acumulación ciega, sino como mejor ingreso, más tiempo, salud integral, educación, armonía familiar, oportunidad y realización. Una economía que solo extrae termina erosionando la democracia; una economía que cuida puede reconstruir ciudadanía.

El despertar empieza con/por/al hacerse cargo

Desde mi trabajo como desarrollista humano, empresario, docente y consejero sistémico, he aprendido que ninguna transformación colectiva madura si la persona no se lidera primero a sí misma. El fanatismo, el consumo compulsivo, la tecnología usada como anestesia, la polarización digital y la monetización del enojo están debilitando nuestra capacidad de discernir. Nos llenamos de opinión y nos vaciamos de conciencia. Nos conectamos más, pero deliberamos menos. Reaccionamos más, pero nos responsabilizamos menos.

¿Dónde empieza entonces la reconstrucción?

En el micro México de cada quien, en círculos concéntricos, comenzando por la persona, la familia, la escuela, la empresa, la vecindad, la comunidad.

La sociedad debemos dejar de mirarnos dividida y asumirse como corresponsable.

El Estado debe garantizar derechos y límites al poder. Las empresas deben generar trabajo digno y cultura de cuidado.

La sociedad civil debe sostener la memoria, participación y vigilancia. La familia debe volver a ser escuela de ética cotidiana.

Necesitamos espacios donde las personas no solo opinen, sino deliberen e incidan para cocrear bien común. Necesitamos una reconversión crítica que vincule políticas públicas con derechos humanos, reconocimiento comunitario del daño, capitalismo consciente y esperanza de futuro. Necesitamos narrativas contraculturales que desnuden dogmas obsoletos de poder, productividad y consumo, y que vuelvan a colocar el corazón en el centro: el corazón como vida, conciencia, sufrimiento, memoria, amor y decisión.

El civismo regenerativo es la esperanza tangible de México

No estamos condenados. Toda época oscura trae también una oportunidad creativa. Después de largas noches de miedo, dogma y concentración de poder, el Renacimiento volvió a mirar al ser humano, su dignidad, su pensamiento y su libertad. México necesita un renacimiento cívico propio. No para destruir al adversario. No para romantizar el pasado. No para defender privilegios. Sino para recordar que ningún proyecto político vale más que la dignidad humana, ningún gobierno debe estar por encima de la ley y ningún pueblo debe entregar su libertad por promesas de orden inmediato.

La reconstrucción del tejido social no es moralismo. Es una postura ética, contemporánea y profundamente política. Es autocuidado, sí, pero también cuidado de la otredad. Es liderazgo humanista, sí, pero también responsabilidad empresarial. Es salud pública, sí, pero también salud familiar, emocional, económica y democrática.

La falta de civismo abre la puerta al autoritarismo. La recuperación del civismo puede volver a cerrarla. Pero no se cerrará sola. Habrá que educar, trabajar, conversar, denunciar, cuidar, limitar el abuso y liderar desde donde cada quien está.

Una mexicanidad que permite el autoritarismo colectivo, disfruta la incivilidad y abandona su soberanía pierde, lenta y sistémicamente, su libertad.

Todavía estamos a tiempo de iluminar esta oscuridad. Pero la luz no vendrá de arriba. Vendrá del corazón cívico de una ciudadanía que decida despertar.

Despierta tu humanismo cívico mexicano y reconstruyamos en conjunto el tejido social y familiar para vivir una mexicanidad digna de nuestra cultura y legado.

Por último, te invito a sintonizar nuestro espacio radiofónico ‘Liderazgo, Salud y Sociedad. Pensar y decidir mejor para vivir mejor’, que se transmite los jueves en vivo y los martes en repetición. Este tema lo seguiremos conversando el jueves 18 de junio, de 15:00 a 16:00 horas, tiempo del centro de México, y su repetición será el martes 23 de junio a la misma hora, por Radio Fórmula: 1470 AM en la Ciudad de México y 1230 AM en Guadalajara y Monterrey. Lo conduciremos, con muchísimo gusto, Rafael Balderas Ledezma, Maribel Ramírez Coronel y yo, Jaime Cervantes Covarrubias.

Pensar bien. Decidir mejor. Vivir mejor. Convivir mejor.

Fuentes consultadas: V-Dem 2026, Freedom House 2026, INEGI ENVIPE 2025, INEGI ENSAFI 2023 y World Justice Project 2025. https://www.instagram.com/p/DZfLhJiiBW8/?igsh=c2l5bDdkbjg0Z241 o misspoliticamg

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El autor es Doctor en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México; Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de Empresa, España. Licenciado en Comunicación Gráfica y Columnista en El Economista.

jaime.cervantes@desarrollistahumano.com |🌐LinkedIn | Instagram

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El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

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