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Censurar con delicadeza
Opinión
Esta semana la presidenta Sheinbaum parece haber dado un paso atrás en los ánimos de censura de los Lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias (LGPDA). Esto no resulta extraño, pero antes de celebrar hay que mirar detenidamente cómo ha sido este proceso. El pasado 27 de julio, durante su conferencia matutina, habló del contenido de dichos lineamientos y llamó a una consulta pública para, en teoría, recibir opiniones y perfeccionarlos. Dicha consulta se abrió ese mismo día y se cerrará el 21 de agosto. Después de eso, se hará una iniciativa que se enviará al congreso en septiembre. El objetivo de este mecanismo es, según el gobierno, fomentar la autorregulación en radio y televisión, diferenciar noticias de opiniones y garantizar el derecho de réplica.
Una y otra vez, Sheinbaum y varios miembros de su gabinete y de su partido han insistido que no se trata de censurar, pero lo que dicen los LGPDA señala otra cosa. Acerca de que se tomará en cuenta el resultado de la consulta hay que señalar que, a estas alturas de los gobiernos de la 4T, ya nadie cree en las “consultas” a modo que organizan. Tenemos suficientes evidencias de que no son un ejercicio ni transparente ni confiable.
No es exagerado decir que la presentación de los lineamientos desató una fuerte reacción de parte de medios, organizaciones, periodistas y expertos que señalaron las trampas en letra no tan chica que le dan al gobierno la posibilidad de la censura. Creo que esta tormenta de opiniones en contra hizo que esta semana Sheinbaum moderara los alcances iniciales de los LGPDA, pero esto no está claro. Veo dos opciones: si los moderó, entonces, no tienen mayor sentido; si esta moderación no existe, entonces, la espada de Damocles sigue pendiendo sobre la cabeza de los medios y periodistas. Veamos.
Los lineamientos obligarían a los concesionarios de radio y televisión a establecer códigos de ética propios, designar un defensor de las audiencias, definir un mecanismo claro de queja y transparentar la publicidad o la separación entre opinión, información y publicidad. Para “defender” a las audiencias se debe evitar emitir información falsa, "descontextualizada" o con un entorno histórico no actualizado. Ante una queja o señalamiento no resuelto en el ámbito del defensor de las audiencias y el medio, ¿quién determina lo que es verdad, está contextualizado y no deforma la historia? En última instancia esto lo decide la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), es decir, Claudia Sheinbaum pues de ella depende dicha instancia.
Aquí no debe verse el tema de los lineamientos para los medios electrónicos por separado de lo que ha pasado en los últimos años. Ya que se insiste en el contexto, hay que señalar que los gobiernos de la 4T han anulado los contrapesos, no existe la separación de Poderes y los órganos autónomos ya no existen o están al servicio del gobierno. El siguiente paso es someter a los medios y periodistas que todavía son independientes del gobierno. Los LGPDA tiene dedicatoria: Grupo Azteca, El Universal, Reforma, Loret de Mola, Aristegui, Ciro Gómez Leyva, Sergio Sarmiento, al que la presidenta le tiene una predilección especial, entre otros medios y periodistas.
Irene Levy, presidenta de Observatel, ha señalado que estos lineamientos otorgan facultades excesivas y peligrosas a la CRT, incluso inconstitucionales, abriendo la puerta a la censura gubernamental. Esta última instancia que sería la Comisión podría aplicar multas severas de hasta 1% de los ingresos brutos de la empresa. Lo peor es que sus resoluciones serían incuestionables, dejando en la indefensión a los medios y periodistas señalados.
El alud de críticas ante la desmesurada iniciativa presidencial obligó a cambiar la narrativa. Ahora se dice que solo se sancionará si el medio no publica su código de ética, define su defensor de las audiencias y señala el mecanismo a seguir para las inconformidades. Evidentemente la posición cambió, aunque la presidenta Sheinbaum lo niegue y siga diciendo que no hay la intención de censurar.
Sin embargo, no hay que confiarse. Este es un país que tiene el dudoso honor de ser el más peligroso para el periodismo sin estar en guerra, se ataca a periodistas y medios en las mañaneras. Para variar, Sheinbaum entró en una contradicción al afirmar que, por un lado, se les dan recursos públicos a los medios con más audiencia y, por otro lado, dice que por sus pistolas no se les da un quinto a televisión Azteca, El Universal y Reforma porque atacan su gobierno. Estas razones las aprobaría en un segundo José López Portillo: no pago para que me peguen.
No hay censura, repite el gobierno, pero el arma está cargada y su juramento de que no la usarán es muy poco fiable.