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Candidatos cupulares fracturan las bases

OpiniónEl Economista

El Instituto Nacional Electoral (INE) declaró oficialmente, el pasado 10 de septiembre, el inicio del Proceso Electoral Federal 2026-2027 en México rumbo a las elecciones intermedias del 6 de junio de 2027. La dirigencia nacional de Morena reveló los primeros nombramientos y perfiles que postulará para la contienda por las 17 gubernaturas que estarán en juego, sin embargo, varias designaciones causaron descontento al interior del partido guinda, amenazando con fracturar la cohesión de sus bases.

Lejos de consolidar la tan anhelada unidad dentro de la llamada Cuarta Transformación, las designaciones dadas a conocer por Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, reflejan un desencanto palpable entre la militancia tradicional que observa cómo los espacios de decisión se reconfiguran bajo sospechas de imposición y pragmatismo cupular, generándose una ebullición interna que pone en peligro la cohesión de la unidad morenista.

La designación de la ex perredista Beatriz Mojica como coordinadora de los comités de defensa de la Cuarta Transformación en Guerrero, generó profundas divisiones y amagos de ruptura por parte de las corrientes que respaldan a Abelina López Rodríguez (alcaldesa de Acapulco), quienes expresaron su total inconformidad y rechazo a los resultados del proceso interno.

Abelina López calificó como la “crónica de una muerte anunciada” el nombramiento de Beatriz Mojica como virtual candidata de Morena al gobierno de Guerrero, y cuestionó los resultados del proceso interno al afirmar: “Ganaron en las encuestas de papel, pero yo tengo la encuesta real”, ya que dijo contar con la fuerza y respaldo popular, pues presumió el apoyo de más de 100,000 personas que caminaron junto a ella. 

También, sostuvo que este proceso marca un antes y un después, por lo que instó a revisar los principios, los valores y la trayectoria de la izquierda. Aunque no respondió directamente si piensa competir por la gubernatura de Guerrero a través de otro partido político, Abelina López comentó de manera enigmática: “Ustedes lo van a ver, ustedes lo van a ver. Traigo pueblo”, dejando abierta esa posibilidad.

El “destape” de Verónica Díaz Robles como coordinadora de los comités de defensa de la Cuarta Transformación en Zacatecas, desató una tormenta política inmediata a través de airados reclamos de militantes inconformes que calificaron el método de selección como un ejercicio simulado y carente de piso parejo. 

Para los simpatizantes de figura de peso como el senador José Narro Céspedes y Ulises Mejía Haro, la imposición de Díaz Robles -estrechamente vinculada al grupo político de los Monreal- representa la perpetuación de un clan político por encima de la renovación democrática que tanto pregona el movimiento. Las protestas y los señalamientos de un supuesto “fraude” en las encuestas internas morenistas demuestran que el partido guinda enfrenta un desgaste profundo en un bastión donde la lealtad ya no se concede en automático.

Por otro lado, en Baja California, la selección de Julieta Ramírez como coordinadora estatal también encendió los ánimos entre los diversos grupos que operan en la entidad. Con una baraja competida que incluía a figuras como el alcalde con licencia de Tijuana, Ismael Burgueño, y diversos senadores y diputados con trabajo territorial, la decisión final dejó varios heridos en el camino.

Y es que el sector más duro de la militancia morenista bajacaliforniana recrimina que las encuestas de reconocimiento vuelven a favorecer a perfiles impulsados por las estructuras institucionales vigentes, marginando a cuadros que llevan años construyendo el movimiento desde las bases municipales. La transición de poder en la frontera se perfila, así como una disputa encarnizada donde el “fuego amigo” amenaza con fracturar la competitividad electoral del partido fundado por López Obrador. 

En el caso de Quintana Roo, el “destape” de Eugenio “Gino” Segura, también desató inconformidades soterradas que amenazan la unidad de Morena rumbo a las elecciones intermedias de 2027, en las que estará en juego la mayoría calificada en el Congreso de la Unión, que es fundamental para la continuidad del segundo tramo del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Para la militancia de vieja guardia, estas designaciones envían un mensaje desalentador: El mérito territorial y la lealtad fundacional parecen subordinados a los equilibrios de la nomenklatura vigente y los acuerdos pragmáticos de cúpula. Al intentar abarcar la renovación de 17 gubernaturas, la dirigencia nacional morenista prioriza el control de los aparatos y el cálculo de rentabilidad electoral a corto plazo, aunque tendrá que pagar costo político de un pragmatismo a ciegas.

Y es que este amiguismo y la exclusión de liderazgos legítimos por parte de la dirigencia nacional de Morena, ignoran una máxima de la sociología política: Los partidos sin bases movilizadas por convicción se vuelven vulnerables. El hartazgo de la militancia no siempre se traduce en votos hacia la oposición, sino en un peligroso abstencionismo interno.

Además, la incorporación de operadores externos o figuras con pasado en otras fuerzas políticas (como el caso de Beatriz Mojica que, en las elecciones presidenciales de 2018, arremetió públicamente en contra de López Obrador) diluye la identidad ideológica del movimiento

Si la dirigencia confía ciegamente en que la inercia de la marca guinda bastará para subsanar el descontento regional, puede cometer un error de cálculo histórico, ya que, la fuerza de Morena nació precisamente desde abajo, en contra de las imposiciones de los partidos tradicionales.

La disputa por las gubernaturas de 2027 no es meramente una contienda administrativa, sino una prueba de fuego sobre la salud democrática interna del partido oficial. Ignorar el descontento de las bases en entidades como Guerrero, Zacatecas, Baja California y Quintana Roo, es apostar a la fragilidad de un castillo de naipes. 

La verdadera prueba para la Cuarta Transformación no será ganar gubernaturas a cualquier costo, sino evitar convertirse en aquello que prometieron erradicar: Una élite sorda al clamor de su propia militancia. ¿Logrará Ariadna Montiel aplacar las inconformidades regionales a tiempo, o el “fuego amigo” terminará por fracturar el dique electoral del movimiento en los estados clave? Usted qué opina.

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