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Opinión

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Con el campeón hasta que pierda

Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Existe un refrán en el boxeo, que dice: “Con el campeón hasta que pierda”, refrán que han hecho suyo un buen número de priistas de toda la vida que de súbito se dieron cuenta que en el fondo de su corazón tricolor latía una preferencia por el color guinda. Y así mientras el viejo PRI bosteza en la banca, varios de sus cuadros más curtidos decidieron que eso de la lealtad partidista era un concepto flexible, biodegradable y, sobre todo, transferible.

Este texto nació a raíz del caso de Diego Rivera Navarro exalcalde de Tequila, expriista que cambió de partido pero no de mañas. Llegó a tal grado de corrupción que fue imposible seguirlo solapando. ¿Cuántos habrá como él?

Ahí está Adán Augusto López Hernández, que pasó de ser cofrade del viejo sistema a operador estelar del nuevo. Porque si algo ha demostrado la política mexicana es que el pasado no importa siempre y cuando no estorbe. Como no le estorbó a Omar Fayad, quien después de gobernar Hidalgo, hizo maletas rumbo al frio como embajador en Noruega. Después de gobernar un estado priista a representar al gobierno morenista, demuestra que la globalización también aplica para las convicciones.

El oaxaqueño Alejandro Murat decidió que la mejor forma de sobrevivir al naufragio tricolor era subirse al barco ganador. Total, en política el chaleco salvavidas siempre es del color que gobierna. Y si de conversiones hablamos surge el nombre de Alejandra del Moral, quien después de competir con el aparato priista a su favor descubrió que el futuro estaba del otro lado de la boleta. Cosas de la iluminación democrática.

El exgobernador de Sinaloa Quirino Ordaz Coppel terminó despachando como embajador de México en España. Nada como una buena paella diplomática para digerir el cambio de siglas. En Barcelona, Claudia Pavlovich pasó de gobernadora a cónsul. Del desierto sonorense a la Rambla catalana: la geografía cambia, la vocación de servicio se adapta.

Pero si hablamos de conversos ilustres, el caso de Manuel Bartlett merece capítulo aparte. Aquel secretario de Gobernación al que “se le cayó el sistema” en 1988, quien fuera secretario de Educación con Salinas y gobernador de Puebla por el PRI, hoy es ferviente partidario de la Cuarta Transformación. El sexenio pasado fungió como director de la Comisión Federal de Electricidad. De guardián del antiguo régimen a cruzado del nuevo. A falta de sentido del honor la historia tiene sentido del humor.

En Zacatecas gobierna David Monreal Ávila, también formado en las filas priistas antes de abrazar la causa guinda. En Campeche, Layda Sansores, heredera de prosapia política —hija de Carlos Sansores Pérez, figura emblemática del PRI—, encontró en Morena el vehículo ideal para continuar la tradición familiar, ahora con otro logotipo. En Sonora despacha Alfonso Durazo, quien fue colosista, luego foxista y hoy morenista convencido. Un auténtico viajero frecuente de la política nacional.

Tlaxcala tiene a Lorena Cuéllar, Tamaulipas a Américo Villarreal Anaya, -priistas de hueso guinda. En Hidalgo gobierna Julio Menchaca, militante priista durante 35 años antes de cambiar de camiseta. Tres ejemplos de que en política la fidelidad dura lo que dura la oportunidad.

En fin, son muchos los actuales gobernadores y altos funcionarios que hicieron escuela en el PRI y hoy militan o colaboran con Morena. No se trata de una anécdota aislada sino de una migración masiva; el viejo aparato reciclado en el nuevo proyecto. La moraleja de esta tragicomedia es simple: en México no se cambia de ideología, se actualiza.

El PRI fue durante décadas el monarca indiscutido. Hoy, Morena ocupa el cinturón. Y nuestros protagonistas, pragmáticos hasta la médula, aplican la regla de oro del político profesional: no importa el color del uniforme mientras haya estadio lleno.

Al final, más que traiciones, lo que vemos es una coreografía perfectamente ensayada: el viejo régimen reciclándose en el nuevo, con la naturalidad de quien cambia de oficina pero conserva el escritorio.

elprivilegiodeopinar@eleconomista.mx

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Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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