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Barruntos en San Lázaro
Alberto Aguirre | Signos Vitales
De San Lázaro --sin escalas-- al Palacio Nacional. Ricardo Monreal y Raúl Bolaños Cacho llegaron muy temprano para desahogar una apretada agenda de citas, que incluyó a figuras parlamentarias de todas las bancadas, de ambas Cámaras.
Ese carrusel se interrumpió un par de horas. En su estreno como presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, el legislador oaxaqueño estuvo en primera fila en el patio mariano de la sede del Ejecutivo, para escuchar el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum. El líder de la bancada morenista estuvo cuatro filas atrás, a un lado de Citlalli Hernández y Ariadna Montiel.
Los legisladores habían trabajado horas extra, para negociar un inicio terso del último año de sesiones de la LXVI Legislatura. Mientras estaban en Palacio Nacional supieron –por las redes sociales— que el legislador priista Humberto Ambiz había introducido al recinto legislativo dos cajas con casi medio centenar de megáfonos. Y también un ataúd blanco.
Ayer al mediodía, nada parecía evitar una tormenta en San Lázaro. El PRI mantenía su amago de tomar la tribuna para hacer escuchar el mensaje del senador Alejandro Moreno Cárdenas, que después del arranque de los trabajos legislativos, quedó apenas en una diatriba enérgica sobre los resultados del gobierno, que se vio superada por el llamado a las fuerzas opositoras para negociar un frente electoral que haga frente al oficialismo el próximo año.
Ricardo Monreal Ávila, líder de la bancada oficialista en San Lázaro, condujo las negociaciones con los principales liderazgos priistas, pero sobre todo contuvo a los puros de Morena.
“Yo soy un hombre conciliador, apuesto por el diálogo y la política”, afirmaba una hora antes de recibir a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, encargada de cumplir con el mandato constitucional de entregar el informe. El exgobernador de Zacatecas se había encomendado al Santo Niño de Atocha. “No me gusta la confrontación y tampoco, ningún tipo de expresión que violente una apertura de sesiones”.
Los coordinadores de las bancadas oficialistas, Reginaldo Sandoval (PT) y Carlos Puente (PVEM) cerraron filas con la presidenta Claudia Sheinbaum. Movimiento Ciudadano y el PAN se posicionaron a través de dos senadores: Luis Donaldo Colosio y Ricardo Anaya; ambos con amplias simpatías en la ruta del 2030.
El legislador emecista, perfilado para la candidatura al gobierno de Sonora, tuvo reclamos puntuales hacia la administración claudista.
“¿Cuántos años más van a culpar al pasado si ustedes mismos ya son parte de ese pasado?”, cuestionó. “Si Morena lo ganó todo, entonces, teniéndolo todo, ¿qué han resuelto? La corrupción que juraron enterrar sigue viva y todos sabemos dónde está. El derroche sigue, únicamente cambió de manos; la violencia sigue, los desaparecidos, sigue la pobreza, sigue la impunidad”.
Anaya reclamó al segundo piso de la Cuarta Transformación haber incumplido sus tres promesas esenciales (no mentir, no robar y no traicionar) y retó al gobierno a una revisión pública de las cifras del secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la corrección de los nuevos lineamientos para la defensa de las audiencias, emitidos por la Comisión Regulatoria de Telecomunicaciones.
La última oradora fue Malú Micher, sin nada memorable en su participación. Concluida la sesión de Congreso General, las aguas regresaron a su nivel normal. “Muy bien”, reconoció la presidenta saliente de la mesa de debates, Kenia López-Rabadan, al despedirse de Bolaños Cacho. “Mejor, imposible”. La priista Marcela Guerra Castillo, fue más coloquial y franca: “la neta, muchas felicidades”.
En el Salón de Sesiones, la sesión de Congreso General arrancó sin aspavientos, bajo la conducción del abogado pevemista. A su lado, el senador morenista Higinio Martínez, quien ya no portaba la corbata guinda que lucío al mediodía en Palacio Nacional.