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Avances en conectividad de alta capacidad en México
Ernesto Piedras | Inteligencia competitiva
El acceso a la conectividad en México ya no puede centrarse únicamente en cuántas personas tienen acceso a internet. México atraviesa una etapa de transición acelerada en sus necesidades de conectividad.
El incremento exponencial en el uso de video en ultra alta definición, videojuegos en línea, servicios en la nube, herramientas colaborativas, teletrabajo y aplicaciones basadas en inteligencia artificial (IA) generativa está redefiniendo la demanda de capacidades de hogares, empresas y gobiernos.
El internet dejó de ser simplemente un servicio de comunicación. Hoy es infraestructura crítica para la productividad, la competitividad y el desarrollo económico.
Más usuarios, pero también más demanda. Al cierre de 2025, México alcanzó 103.7 millones de internautas, equivalentes a una penetración de 87.8% entre la población de seis años o más.
Hace apenas una década, menos de 60% de los mexicanos utilizaban internet. Hoy, prácticamente nueve de cada diez personas están conectadas.
Sin embargo, el crecimiento en usuarios ya no es el único indicador relevante. El reto ahora consiste en garantizar conexiones capaces de soportar múltiples dispositivos simultáneamente, servicios de video de alta resolución, videoconferencias recurrentes y aplicaciones intensivas en procesamiento de datos.
La fibra óptica como prioridad estratégica. Ante este nuevo escenario, los operadores de telecomunicaciones han intensificado la modernización de sus redes, especialmente mediante despliegues de fibra óptica y mejoras sustanciales en sus ofertas comerciales.
Las cifras reflejan claramente esta transición. De acuerdo con datos del extinto IFT, los planes de internet fijo superiores a 100 Mbps pasaron de representar apenas 12.7% de las contrataciones a inicios de 2024 a 32.5% hacia septiembre-octubre del mismo año.
Este crecimiento evidencia que los consumidores mexicanos están migrando rápidamente hacia velocidades más altas y conexiones más robustas. Ya no basta con tener acceso básico, los usuarios requieren estabilidad, capacidad y velocidad para sostener actividades simultáneas dentro de hogares cada vez más digitalizados.
Los operadores han respondido con paquetes simétricos de mayor capacidad y precios más competitivos. Incluso, algunos proveedores ya comercializan velocidades residenciales de hasta 10 Gbps, una capacidad que hace apenas pocos años parecía exclusiva de segmentos empresariales.
Avances en métricas internacionales. De acuerdo con el ‘Speedtest Global Index’ de Ookla, actualizado a marzo de 2026, México alcanzó una velocidad promedio de internet fijo de 104.3 Mbps y avanzó ocho posiciones en el ranking global para ubicarse en el lugar 64 de 153 países evaluados.
El avance es relevante y confirma que las inversiones en redes comienzan a traducirse en mejores capacidades de conectividad. No obstante, el país todavía se encuentra por debajo del promedio mundial de 120.5 Mbps y lejos de economías líderes como Singapur, Emiratos Árabes Unidos o Chile.
Incluso dentro de América Latina, México aún registra velocidades inferiores a las observadas en Brasil o Colombia, mercados que han acelerado más rápidamente la expansión de redes de alta capacidad.
La economía digital exige redes más robustas. La conectividad se ha convertido en un habilitador transversal de prácticamente toda la actividad económica. La IA, la automatización, los servicios digitales, el trabajo híbrido y la digitalización empresarial dependerán crecientemente de redes robustas y de alta capacidad.
Por ello, medir el desarrollo digital únicamente por número de usuarios conectados resulta insuficiente. La calidad de las redes, la velocidad efectiva, la estabilidad y la capacidad de respuesta serán los verdaderos diferenciadores en conectividad en los próximos años.
México ya comenzó esa transición. Ahora el reto será mantener el ritmo de inversión, continuar con los despliegues de fibra óptica y generar condiciones regulatorias que favorezcan la expansión de infraestructura de alta capacidad para responder a una demanda digital que seguirá creciendo de manera exponencial.