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Opinión

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Las armas financieras son más letales

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

El hito fue mandar equipos militares de élite a Caracas, Venezuela, para capturar a un dictador que se burlaba con un bailecito chocante del Presidente de Estados Unidos y lo retaba a que fuera a por él al Palacio de Miraflores.

Cuando Nicolás Maduro apareció con el traje de reo en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, a más de un régimen latinoamericano le quedó claro que Donald Trump estaba dispuesto a saltarse cualquier muro, legal o histórico, para cumplir con sus amenazas.

Es evidente que en estos momentos la discusión viral gira en torno a la posibilidad de mandar a las tropas estadounidenses con una silla de ruedas a capturar a Raúl Castro a su residencia en Cuba.

La fragilidad de un anciano de 94 años podría dotar a esa dictadura caribeña de un mártir, porque la naturaleza humana ya le cuenta los días de vida a una persona de esa edad. Sin duda, el pragmatismo de ese régimen autoritario estaría encantado de pagar ese precio.

A la par, con el fantasma de la sustracción de Maduro de principios de enero, flota la pregunta de si Estados Unidos se atrevería a una operación similar para capturar a los cómplices políticos del Cártel de Sinaloa. Más allá de que no hay manera de descifrar los alcances de Trump, en el caso de México el gobierno de Washington tiene una larga lista de armas comerciales y financieras más poderosas que los marines en sus Blackhawks.

No es casualidad que el gobierno mexicano pregone con la mano izquierda la cantaleta de las pruebas y la soberanía, mientras que con la mano derecha hace lo correcto con la Unidad de Inteligencia Financiera.

Solo que ahora tiene que lidiar este régimen con un obús financiero de mayor calibre: la determinación de la Casa Blanca de instruir a los bancos estadounidenses a reforzar la revisión del estatus migratorio de sus clientes, incluidos aquellos que llevan a cabo transferencias transfronterizas de bajo monto; traducción: las remesas.

Hay evidencias, como las que marca el think tank mexicano, Signos Vitales, que indican que 7.6% de las remesas enviadas a México presentan comportamientos atípicos consistentes con operaciones del crimen organizado. Incluso la FinCen ha emitido alertas por flujos atípicos de envíos de bajos montos.

Así, mientras la retórica gubernamental se mantiene en el tono de la negación, el gobierno estadounidense empieza a desplegar instrumentos financieros de alto impacto. Incluso, el Departamento del Tesoro podría ir más allá y tomar medidas tan drásticas que generarían un daño profundo a la economía mexicana.

Si la autoridad financiera estadounidense decreta como actividad de alto riesgo la corresponsalía bancaria internacional, los grandes bancos de ese país optarían por lo más seguro: romper su relación con los intermediarios mexicanos más frágiles, como las uniones de crédito en zonas de alto riesgo de lavado, para evitarse problemas con sus autoridades supervisoras.

Una eventual ruptura de puentes financieros ante esos argumentos de de-risking, podría ser un golpe más letal que una operación militar. La retórica soberanista matutina puede seguir para la clientela del régimen populista, siempre y cuando se evalúe bien la cooperación bilateral y real en materia de combate al crimen organizado, en especial en materia de inteligencia financiera.

Si la autoridad financiera de EU decreta como actividad de alto riesgo la corresponsalía bancaria internacional, los grandes bancos de ese país optarían por romper su relación con los intermediarios mexicanos más frágiles.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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