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Aplanadora demócrata: poco tiempo y muchos riesgos
Enrique Campos Suárez | La gran depresión
No todos los electores que propiciaron la marea demócrata del martes pasado están convencidos de que esta sea una mejor opción de gobierno; simplemente la vieron como el único camino viable para dar un voto de castigo a Donald Trump.
Fue la economía lo que movilizó y polarizó a la gran mayoría de los votantes, más allá de comunidades específicas que encontraron otras motivaciones para aborrecer la opción republicana; el costo de vida movilizó a un electorado heterogéneo que desbordó a las bases tradicionales del Partido Demócrata.
Por lo pronto, con esa cómoda mayoría en el Congreso, los demócratas cuentan con margen para amortiguar sus fracturas internas entre el ala progresista y la moderada y no autosabotear sus consensos al momento de votar. Sin embargo, su principal desafío no es la falta de poder, sino la trampa de las altas expectativas.
No hay que perder de vista que los demócratas disponen de solo dos años para consolidar una narrativa de cambio tangible que convenza a sus votantes ocasionales de que valió la pena cruzar la línea partidista.
Tienen que alejarse de la tentación –en la que caen muchos ganadores tras regímenes abusivos– de enfrascarse en un proceso de impeachment contra Trump que consuma la agenda legislativa sin ofrecer resultados concretos. Por ahora, el castigo al movimiento MAGA republicano está en el propio resultado electoral; repetir la confrontación estéril desde el Congreso minaría la credibilidad demócrata de cara al siguiente ciclo electoral.
Ahora bien, ¿una victoria demócrata en el Congreso y en gubernaturas clave de Estados Unidos es una buena noticia para México? No necesariamente. Primero, Donald Trump puede radicalizarse y encontrar en nuestro país una piñata atractiva para dar golpes propagandísticos lejos del Poder Legislativo. Y, segundo, si bien los demócratas podrían abrir oportunidades para la revisión y supervivencia del T-MEC, también plantean serios riesgos para el gran motor reciente de nuestras exportaciones: los equipos de cómputo.
México ensambla equipos de cómputo para alimentar el auge de la Inteligencia Artificial, el cual había asentado su principal territorio de expansión en estados gobernados por republicanos. Muestra de ello es que México exporta siete de cada 10 equipos digitales a Texas, estado que tras las elecciones del martes giró al lado demócrata.
El problema radica en las propuestas de campaña de las nuevas administraciones demócratas contra la expansión de los centros de datos, esenciales para la demanda de esa manufactura tecnológica mexicana.
Sus planteamientos van desde moratorias a su construcción hasta el freno de los estímulos fiscales –esos que provocaron que Elon Musk dejara California y se mudara a Texas–. Lo mismo sucede en Nevada, Georgia o Iowa, donde los candidatos demócratas ganadores no comparten la visión de expansión acelerada de estos negocios que tenían los republicanos perdedores.
En fin, habrá que digerir con el paso de las semanas las consecuencias de la aplanadora demócrata en el Congreso desde la perspectiva mexicana; porque si bien habrá mayores controles en temas comerciales, hay otros asuntos de su agenda que pueden implicar un impacto negativo para México.
Por ahora, la única prioridad demócrata es demostrar que pueden dar resultados en el escaso tiempo que tienen antes de que inicie el fragor hacia las elecciones presidenciales del 2028.