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Opinión

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Amado Nervo y la nomenclatura aeroportuaria

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes

La modernización del Aeropuerto Internacional de Tepic es una buena noticia. Nayarit necesita conectividad, infraestructura capaz de recibir más pasajeros y una puerta de entrada acorde con el crecimiento que ha experimentado la Riviera Nayarit como destino turístico. Lo que resulta difícil de entender es que, en el proceso, el aeropuerto haya perdido su denominación -al menos en la publicidad- del nombre del poeta Amado Nervo.

Ahora le llaman únicamente Tepic-Riviera Nayarit. Desde el punto de vista mercadológico se entiende la intención: vincular directamente la terminal con un destino turístico que ya tiene reconocimiento internacional. Pero una cosa no debería excluir la otra. El aeropuerto podría perfectamente conservar el nombre de Amado Nervo y, al mismo tiempo, promover a la Riviera Nayarit. Porque los nombres también comunican.

De hecho, la Nomenclatura Aeroportuaria es casi un acertijo. México tiene aeropuertos que incluyen nombres de personas de lo más variopinto: desde políticos hasta generales. Pero Amado Nervo no es solamente un personaje local al que Nayarit recuerda por haber nacido en Tepic en 1870. Es uno de los escritores mexicanos más reconocidos de finales del siglo XIX y principios del XX, integrante del modernismo hispanoamericano, poeta, periodista y diplomático. Su obra pertenece al patrimonio cultural mexicano.

Y existe, además, una aportación suya que merece recordarse. En 1910 publicó Juana de Asbaje. Contribución al Centenario de la Independencia de México, un estudio sobre Sor Juana Inés de la Cruz que tuvo enorme importancia en la recuperación de la figura de la escritora novohispana.

Hoy Sor Juana parece omnipresente. Sus textos se estudian y cada día muestran nuevas facetas, sus poemas nos llenan de vida, su rostro está en nuestros billetes, existen innumerables investigaciones sobre su obra y es reconocida como una de las grandes figuras de la literatura en español. Pero no siempre fue así. A comienzos del siglo XX su obra permanecía insuficientemente estudiada y buena parte de su dimensión intelectual había quedado oscurecida.

Nervo contribuyó a cambiar esa situación. Su libro de 1910 fue pionero en la reivindicación moderna de Sor Juana y ayudó a abrir un periodo de renovado interés que después continuaría con muchos otros estudiosos. Hay algo extraordinariamente contemporáneo en ese gesto: un poeta mexicano recuperando para nuevas generaciones a otra poeta mexicana que el tiempo había relegado.

Por eso sorprende que Nayarit prescinda de ese nombre en su principal puerta al mundo.

Otros países han entendido el enorme valor simbólico de asociar sus aeropuertos con su cultura. Roma tiene a Leonardo da Vinci; Varsovia, a Frédéric Chopin; Budapest, a Franz Liszt; Liverpool, a John Lennon; Salzburgo, a Mozart; Granada, a Federico García Lorca; Lyon, a Antoine de Saint-Exupéry; La Habana, a José Martí y Río de Janeiro honra a Tom Jobim. No son nombres decorativos. Son cartas de presentación.

México tiene una extraordinaria riqueza cultural y casi nunca la identifica con sus aeropuertos. Recuperar el nombre de Amado Nervo para Tepic no significaría mirar hacia atrás: significaría entender que modernizar infraestructura no obliga a borrar memoria.

La Riviera Nayarit vende un destino, pero como lo ha comentado Consuelo Sáizar, Amado Nervo representa algo todavía más profundo: la identidad de Nayarit y una parte de la cultura de México. Hay espacio suficiente para ambos.

Periodista especializada en aviación y aeropuertos, con más de 30 años de experiencia en el sector. Es fundadora, editora, columnista y colaboradora en diversos medios de comunicación, incluyendo A21, El Economista, Reforma, y la columna "Despegues y Aterrizajes" que publica en La Crónica de Hoy.

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