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Opinión

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Agricultura y ganadería, ¿villanos climáticos?

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

La agricultura y la ganadería explican casi la cuarta parte de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero en el mundo, incluyendo la deforestación para la expansión de la frontera agropecuaria, las emisiones de Metano del ganado, y de Óxido Nitroso por la aplicación de fertilizantes. Su contribución (22%) es muy similar a las emisiones directas de toda la industria (24%) y de la generación de electricidad (23%). Los tres sectores aportan alrededor del 70% del total, con responsabilidades equiparables cada uno. El resto, es atribuible al transporte en vehículos de combustión interna (15%), a la industria energética del petróleo y gas (10%), y el 5% restante a las edificaciones. (Para México, esta distribución del inventario de emisiones es ligeramente distinta, pero comparable en lo esencial). Hay que hacer notar que, para evitar doble contabilidad, las emisiones indirectas asociadas al consumo de electricidad en la industria y en las edificaciones, ya están asignadas al sector eléctrico, mientras que las emisiones por la quema de combustibles fósiles en vehículos automotores se imputan al sector transporte, no, a la industria petrolera. Es curioso que lo que arrojan estas cifras del Panel Intergubernamental de Cambio Climático o IPCC (cuerpo de científicos de más de 100 países que asesoran en el tema a las Naciones Unidas) no corresponde a las culpas e imputaciones que normalmente atribuye la opinión pública a los distintos sectores económicos. La industria es señalada con dedo flamígero, mientras el sector agropecuario es por lo general soslayado (es más apetitoso culpar a los empresarios “voraces” y al “capitalismo” industrial, que, a agricultores, campesinos y ganaderos, y a nuestros propios hábitos alimenticios). La industria del petróleo y gas que generalmente encabeza las listas de condena, como vemos, es responsable del 10% del total; subrayando que son principalmente los automovilistas los ejecutores finales de las emisiones. Casi nadie los indicia como culpables, sino más bien, a las empresas petroleras que los abastecen –como si los forzaran a hacerlo, o como si se culpara de los asesinatos en México a las empresas que fabrican armas. (Cosa que intentó hacer infructuosamente el gobierno mexicano).

El caso es que pocos le prestan atención al 22% de las emisiones totales que se originan por actividades agrícolas y ganaderas, y que se les denomina en conjunto con cierto eufemismo Agricultura, Silvicultura y Otros Usos de la Tierra (AFOLU por sus siglas en inglés). Estas incluyen principalmente a la deforestación (denominada Emisiones por Uso del Suelo), al Metano emitido por las reses en la ganadería, y al Óxido Nitroso generado por la utilización de fertilizantes. Sin embargo, ahora, hay datos recientes para ver esto con cierto optimismo. El último reporte publicado en la revista Earth System Science Data documenta una reducción estadísticamente significativa en las emisiones producto del cambio de uso del suelo, es decir de la deforestación, durante lo que va del siglo XXI. Recuérdese que los países que observan las mayores emisiones por deforestación en el mundo son Brasil, la República Democrática del Congo, e Indonesia. Pero se estima que tales emisiones decrecieron en 2025 en un 32% comparadas con el promedio de los primeros años del milenio. Tal descenso se debe, por un lado, a una menor deforestación ganadera y por soya en Brasil, y por palma africana de aceite en Indonesia, y a una mayor absorción de CO2 en numerosos países tropicales en predios de agricultura de subsistencia que han sido abandonados y por tanto regenerados de nuevo a selvas, a través de una sucesión ecológica natural. Algo que matiza el optimismo es que esta disminución en la deforestación pudo haberse debido a un débil fenómeno cíclico de El Niño, lo que se vincularía con menor seguía y menor propensión a deforestación con fuego. Considérese que la deforestación normalmente se lleva a cabo con fuego en comunidades campesinas y en explotaciones ganaderas; en agricultura comercial se recurre con más frecuencia a maquinaria pesada como bulldozers y excavadoras. Tanto en Brasil como en Indonesia la deforestación y las emisiones se han reducido en los últimos años debido a políticas eficaces de aplicación de la Ley, control de ampliación de cultivos comerciales de exportación (soya y palma de aceite), y conservación mediante Áreas Naturales Protegidas. Esto, simultáneamente a la reforestación, restauración forestal, y captura masiva de CO2 que han tenido lugar sobre todo en China, pero también en Estados Unidos y Europa. En la República Democrática del Congo, triste y contrastantemente, la deforestación y las emisiones se han incrementado por presiones demográficas y por la expansión de la agricultura de subsistencia en comunidades rurales. Debe advertirse que es difícil separar deforestación y emisiones por causas estrictamente humanas, de aquellas derivadas de factores climáticos. También, que las estimaciones anteriores tienen una considerable incertidumbre, dados los modelos utilizados que conjugan información satelital con información estadística y probabilística. Si bien la agricultura y la ganadería son verdaderos villanos climáticos, al parecer, hay esperanza para redimirlos.

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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