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Adaptación al cambio climático de cadenas de suministro: Construcción de resiliencia empresarial y corredores comerciales

OpiniónEl Economista

El más reciente Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial enfatizó cómo los fenómenos meteorológicos extremos son los principales riesgos de la próxima década. A medida que las condiciones económicas cambiantes y los realineamientos políticos transforman las relaciones comerciales, las empresas —grandes y pequeñas— y las comunidades vinculadas a cada eslabón de la cadena de suministro deberán adaptarse a vivir en un mundo con múltiples amenazas.

La magnitud del daño económico relacionado con el clima ya no es abstracta: está reconfigurando los mercados globales. Desde 1990, los desastres relacionados con el clima le han costado al mundo aproximadamente 4.5 billones de dólares, y las proyecciones sugieren que las pérdidas acumuladas podrían alcanzar hasta 25 billones de dólares para 2060. Estos no son riesgos lejanos; están integrados en los sistemas económicos actuales. De hecho, una de cada cinco interrupciones en las cadenas de suministro globales ya está vinculada a peligros relacionados con el clima, y se espera que los choques climáticos se intensifiquen en las cadenas de suministro de casi todos los países para 2040. El mensaje es claro: el riesgo climático ya no es un tema ambiental periférico, sino un factor central de inestabilidad económica e incertidumbre empresarial.

Estamos en un punto de inflexión financiera en el que el riesgo climático se está incorporando a la lógica central del sistema bancario. El Banco de Inglaterra recientemente requirió que los reguladores y las instituciones bancarias lo traten ahora junto con los riesgos de crédito, liquidez e insolvencia. Este cambio se está trasladando a la gobernanza corporativa, donde los consejos de administración y los ejecutivos son cada vez más responsables de gestionar la exposición al clima. Las consecuencias son tangibles: los riesgos físicos del clima ya están influyendo en la fijación de precios de los préstamos y las empresas están encontrando límites reales para transferir riesgos, ya que los seguros se vuelven más caros o, en algunos casos, inaccesibles. Lo que antes se consideraba una externalidad ahora está firmemente reflejado en los balances, obligando a un replanteamiento sistémico del riesgo, la resiliencia y la creación de valor a largo plazo.

En los últimos años, hemos comenzado a reconocer y mejor comprender las consecuencias del aumento de las temperaturas globales y sus impactos en la salud humana, la productividad económica, la seguridad e incluso la vida cultural en muchos países.

Los avances en el desarrollo de capacidades para reducir el riesgo de desastres pueden parecer lentos, sin embargo, hay importantes esfuerzos sostenidos por parte de gobiernos y organizaciones internacionales para impulsar una adopción más amplia de la toma de decisiones y la inversión informadas por el riesgo climático y de desastres. Aun así, persisten importantes brechas en la escala de inversión necesaria para crear resiliencia de la sociedad ante desastres, una falta de información local para la toma de decisiones; y en la forma en que las empresas, gobiernos y actores apoyando estos procesos demuestran y comunican el valor de las diversas soluciones. 

El Informe de Evaluación Regional 2024 para América Latina y el Caribe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) destaca una discrepancia en el financiamiento. Entre 2018 y 2021, solo el 1.8% de la ayuda pública internacional destinada a reducir el riesgo de desastres se dirigió a los sectores de transporte y almacenamiento, fundamentales para la continuidad de las cadenas de suministro.

Cada vez es más claro que ninguna empresa puede aislarse completamente ni enfrentar de manera independiente los impactos del cambio climático. Las estrategias tradicionales de gestión de riesgos, como la diversificación o el traslado de ubicaciones de suministro establecidas desde hace tiempo, están perdiendo efectividad a medida que las zonas de riesgo se expanden globalmente y aumentan los costos de oportunidad, a menudo a costa de la confianza y las alianzas que las empresas han construido con el tiempo.

En esta nueva realidad climática, la estabilidad y la confiabilidad operativa dependerán menos de las capacidades internas de una sola empresa y más de la solidez de las redes de suministro: sistemas en los que el aprendizaje y la innovación entre múltiples organizaciones pueden construir resiliencia, incluidas las pymes, que a menudo sostienen eslabones críticos en las cadenas de suministro y pueden determinar si las disrupciones, perdidas y costos se absorben o se amplifican en toda la red.

Al mismo tiempo, los riesgos e impactos climáticos se ven agravados por un mercado internacional volátil, cambios geopolíticos y cadenas de suministro cada vez más fragmentadas. Esto significa que, a medida que las organizaciones reconstruyen o reconfiguran sus redes de suministro, el pensamiento en resiliencia debe moldear su visión empresarial tanto a corto como a largo plazo: una visión que considere la prosperidad compartida a través del comercio, la colaboración y nuevas alianzas en un contexto de creciente incertidumbre.

La UNDRR y los gobiernos nacionales se han comprometido con importantes iniciativas emblemáticas para acelerar la adopción y el alcance de los sistemas de alerta temprana. Están aprovechando nuevas tecnologías y fortaleciendo las alianzas de investigación con científicos y comunidades para identificar oportunidades que mejoren la prevención y la preparación, no solo frente a amenazas naturales de rápida aparición como incendios forestales, inundaciones y huracanes, sino también ante impactos de evolución lenta como la expansión de enfermedades y plagas, las olas de calor y el aumento del nivel del mar que impactara las zonas costeras.

Responder a este momento requerirá aceptar que el clima de nuestro planeta está evolucionando hacia mayores riesgos y reconocer que algunos sectores de la sociedad pueden verse tentados no solo a negar estos cambios, sino también a resistirse al trabajo necesario para afrontarlos. Debemos trabajar para sostener los valores de la cooperación multilateral con el fin de lograr salud, bienestar y prosperidad en todas nuestras comunidades.

Se necesita una nueva generación de mecanismos en los sectores financiero y de seguros que ofrezcan productos y servicios que reconozcan e incentiven que la resiliencia de los sistemas de suministro depende de múltiples empresas trabajando juntas para estabilizar el flujo de bienes frente a disrupciones climáticas crecientes. Así como soluciones tecnológicas que sea aptas para las condiciones locales de cada comunidad.

Ya contamos con enfoques técnicos para evaluar y calcular el riesgo. Sin embargo, se requiere más trabajo para desarrollar enfoques que fomenten el aprendizaje, la innovación y la inversión entre empresas en diversos lugares. Las empresas deben desempeñar un papel de liderazgo: cuentan con capacidades operativas y conocimientos únicos en las cadenas de suministro, y pueden utilizarlos para integrar la resiliencia entre proveedores, corredores y mercados.

Una empresa más resiliente en Canadá, por ejemplo, puede reducir su riesgo de múltiples maneras al trabajar con proveedores en México y los países de origen de sus insumos: apoyando la resiliencia en el origen, fortaleciendo la confiabilidad a lo largo del corredor y reduciendo las disrupciones a lo largo de la cadena.

A medida que avanzamos hacia nuevas alianzas basadas en el reconocimiento de desafíos compartidos y urgentes, los sistemas de suministro destacan como uno de los ejemplos más poderosos de cooperación económica y social entre realidades distintas, pero unidas por un interés común en la resiliencia.

Los sistemas de suministro también representan una oportunidad clara: no solo para una empresa, sino para muchas, de emprender esfuerzos coordinados para crear corredores comerciales resilientes al clima que impulsen las próximas décadas de desarrollo. Los avances reales se lograrán al centrarse en industrias, clústeres económicos y regiones subnacionales donde las alianzas puedan construirse, sostenerse y medirse.

Los esfuerzos para construir resiliencia climática y ante desastres en los sistemas de suministro estarán impulsados por el aprendizaje y la innovación como funciones centrales del negocio. Cuando este trabajo se planifica intencionalmente y se acelera mediante alianzas entre empresas, gobiernos e instituciones de apoyo empresarial que abarcan múltiples cadenas de suministro y países, se pueden lograr cambios más significativos y medibles. Estos avances pueden ayudar a crear corredores comerciales resilientes al clima y a los desastres, y dar forma a la siguiente etapa de cooperación necesaria para prosperar en un mundo y un clima en transformación.

*El Dr. José DiBella es investigador principal en el Instituto Climático de Waterloo, Canadá. Correo: jose.dibella@uwaterloo.ca

*Nahuel Arenas García es jefe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgo de Desastres para las Américas y el Caribe (UNDRR) y la Alianza del Sector Privado ARISE para Sociedades Resilientes a los Desastres

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