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Terrícolas
Todos los días en todos los países se cometen actos igualmente crueles, calculados y masivos en contra de los animales.
Acasi todos nos queda muy claro el significado de la palabra racismo y lo inaceptables que son los sentimientos y conductas racistas. Sin duda, la cúspide del racismo en la historia moderna se encuentra en el Holocausto.
Nadie dudaría en calificar de monstruosa y aberrante la conducta de las personas que perpetraron el genocidio, bajo las órdenes del Tercer Reich.
Horripilantes son en particular la escala de infinita crueldad y frialdad de sus métodos de exterminio, que la mayoría hemos conocido a través de numerosas películas, libros y documentales.
Como sabemos, millones de personas fueron hacinadas en guetos insalubres antes de ser enviadas al matadero. Todo lo anterior sucedía en frío , dentro de un proceso lento, burocrático y cuidando incluso mantener bajos los costos de ejecución.
A todos nos gustaría pensar que la crueldad que marcó ese episodio fue un hecho aislado e imputable a la locura temporal de un grupo dentro de un país.
Sin embargo, todos los días en todos los países se cometen actos igualmente crueles, calculados y masivos en contra de los animales.
Sea con el pretexto de alimentarnos, vestirnos, entretenernos o avanzar en la ciencia, nuestra necesidad es suficiente para justificar la brutalidad y negligencia con que tratamos a otras especies, con las que compartimos el planeta. Esa justificación implícita se llama especismo.
Tomar por hecho el derecho de nuestra especie a disponer de otras, equivale en muchos sentidos a decir qué bueno, los nazis tenían derecho o buenas razones para hacer lo que hicieron. Decir que no es lo mismo confirma el especismo al que me refiero.
Si alguien piensa que la comparación con el Holocausto es descabellada, lo reto a ver con ojo crítico el documental www.earthlings.com (terrícolas). Las imágenes son elocuentes en mostrar la brutalidad y desprecio absoluto por la vida y la dignidad de los animales.
Los defensores de los animales y sus argumentos suelen ser tratados como ingenuos, ajenos a la realidad económica y a nuestra aludida necesidad de sobrevivir.
Cuestionar nuestro derecho a disponer de la vida de los animales corresponde tradicionalmente a hippies y activistas radicales que no entienden cómo funciona la economía. De manera similar que el racismo o sexismo, el especismo denota el sesgo o actitud de una especie en favor de su propia especie, en contra de los de otras especies. La indiferencia nos hace cómplices.
achacon@eleconomista.com.mx