Lectura 3:00 min
¡Sorpresa que no se esperaba!
Se pensó que con la llegada de Raquel Buenrostro a la Secretaría de Economía se podía seguir ganando tiempo y darle más largas al enfrentamiento...
El ultimátum a México por reclamaciones energéticas al amparo del T-MEC no tiene nada de novedoso. Se había gestado durante meses y era ya como la crónica de una muerte anunciada. La sorpresa estuvo en la oportunidad. Internamente se pensó, seguramente con ingenuidad, que con la llegada de Raquel Buenrostro a la Secretaría de Economía se podía seguir ganando tiempo y darle más largas al estallido del enfrentamiento.
Desde el ángulo analítico, la sorpresa del ultimátum por parte de las autoridades estadounidenses y canadienses puso al descubierto el entramado de la estrategia adoptada para el caso por el gobierno de la llamada 4T. Una estrategia basada en las tácticas dilatorias, las tácticas distractivas y las tácticas de compensación. Las tácticas dilatorias eran particularmente afines al estilo personal de gobernar del presidente López Obrador, dispuesto a no ceder un ápice en asuntos de soberanía nacional en los cuales quedaría mancillada su presuntamente inmaculada imagen personal. Con la designación de Buenrostro a la cabeza de la Secon, tomaron relevancia dentro de dicha estrategia las tácticas de compensación, ofreciendo premios de consolación en la forma de otras oportunidades de inversión, principalmente en el sector eléctrico. Los estadunidenses y los canadienses se negaron a morder el anzuelo.
Desde el punto de vista jurídico quedaron en evidencia las diferencias de enfoque entre los gobiernos de Biden y Trudeau y el de López Obrador. Darle primacía a lo que está establecido en los tratados internacionales (Derecho Uniforme) sobre las disposiciones del orden local, mas propicias para la manipulación y el engaño. En el orden ideosincrático quedó de relieve una de las ficciones más comunes en la deformación del pensamiento de los mexicanos: suponer que los anglosajones no son suficientemente listos porque tienden a creer en las mentiras que les propinan sus antagonistas y en que son tan ingenuos que confían en el imperio de las leyes.
Queda por tocar el aspecto técnico de las reclamaciones, en caso de que, como es previsible, se llegue al panel de solución de controversias dentro del T-MEC. La opinión prácticamente unánime en ese sentido es que, de llegarse al panel, México carecería de argumentos de defensa. Es decir, la violación por parte del gobierno de la 4T con respecto a lo que se establece en el T-MEC en materia de inversiones en los sectores eléctrico y energético quedaría completamente al descubierto, sino es que ya lo está.