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Opinión

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Sigo en el horario de verano

Los políticos de Estados Unidos y los candidatos ?están convencidos de que son el ombligo del mundo.

López Obrador encontró en el tema del cambio de horario de verano una manera de hacerse publicidad.

Este pasado fin de semana estuve en la zona fronteriza entre México y Estados Unidos. Y está muy claro que sus actividades las comparten más con el país del norte que con el centro de México.

Y esta mañana del domingo, tanto Reynosa, Tamaulipas como McAllen, Texas amanecieron con el horario de verano intacto, a pesar de que el resto de la República Mexicana ya había atrasado una hora los relojes.

Esta ciudad fronteriza mexicana y otros 32 municipios de toda la franja que divide a los dos países norteamericanos seguirán instalados en el horario de verano hasta el próximo domingo.

La razón es simple. Estados Unidos decidió unilateralmente, hace unos pocos años, extender el periodo de este cambio en los relojes por prácticamente un mes más. Tres semanas al inicio, una semana al final.

La medición del tiempo es una invención humana y por lo tanto tienen claro que al ser una herramienta no divina la pueden usar para ahorrar millones de dólares en energéticos, aprovechando de mejor manera la luz del sol.

Fue, de hecho, en los momentos en que subían disparadamente los precios del petróleo y que un barril de crudo pasaba de los 15 dólares en 1998 a los 60 dólares durante el 2005 cuando se tomó esta medida.

Los políticos en Estados Unidos, como lo vimos en el debate de política internacional entre los candidatos presidenciales, están convencidos de que son el ombligo del mundo. No sólo eso, sienten que deben cargar con la responsabilidad de serlo.

Ni demócratas ni republicanos tienen un poco de humildad al reconocer algo de liderazgo en otras regiones. Por lo tanto, no tienen por qué preguntar a nadie si toman una medida que los beneficiará como el cambio de horario de verano.

Total, que Estados Unidos decidió cambiar sus relojes y eso complicó a sus vecinos, en especial a los del sur.

México acababa de pasar hace unos cuantos años por una de las discusiones más bizarras de las que nos podamos acordar. Y vaya que hay muchas.

En una afán protagónico y sabedor de que millones le siguen con fe ciega, Andrés Manuel López Obrador encontró en el tema del cambio de horario de verano una manera de hacerse publicidad gratuita con miras a su primera campaña electoral.

Y como con cualquier dogma, sus argumentos, aunque cargados de una enorme estupidez, fueron absorbidos como palabra divina por millones de seguidores que empezaron a repetir, sin razón de por medio, que el horario de verano en México era para beneficiar a la Bolsa Mexicana de Valores.

Los pastores auxiliares de la religión lopezobradorista se encargaban de machacar el mensaje: el horario de verano es malo para la salud, el horario de verano es una imposición imperial, el horario de verano afecta la práctica sexual, el horario de verano es cosa del demonio.

Es la fecha en que muchos, de verdad millones de personas, siguen considerando que el horario es un daño terrible a nivel del cáncer, impuesto por los intereses de la mafia.

Va a ser imposible convencer a esas personas de que fueron utilizadas por un personaje que sólo quería atención para sus planes políticos personales. Lo bueno fue que la Suprema Corte de Justicia les dejó callados y atajó en definitiva tan absurda discusión.

Pero bueno, con este antecedente, y a pesar de que pudiera tener algún beneficio adicional el ampliar el horario de verano otro mes, era políticamente suicida para este país de tendencias autodestructivas regresar el tema a la discusión nacional.

Por lo tanto, a pesar de que la mayor parte del país está ahora en el horario de invierno, la frontera está alineada con Estados Unidos, por la simple conveniencia de que los amigos, clientes, vecinos y demás no estén una hora delante de ellos. Vamos, el mejor de los sentidos comunes al estilo norteño.

Y la bolsa de valores, centro del complot lopezobradorista, simplemente adapta sus horarios durante esas semanas adicionales y no pasa nada. Nada.

El que quiera ver que el horario de verano tiene beneficios económicos y sociales, ahí están las evidencias. El que quiera seguir pensando que nos roban una hora, que nos afectan la salud, tiene también todo el derecho de profesar las creencias que desee.

Lo mejor de todo es que en el norte no se complican y hacen lo más prudente. Viajé de Reynosa a Monterrey y todo lo que tuve que hacer fue retrasar una hora mi reloj para estar a tiempo.

ecampos@eleconomista.com.mx

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