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Opinión

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Richard Wagner no tiene la culpa

¡Pobre Richard Wagner! El autor de óperas tan sublimes como Lohengrin o Tannhäuser durante mucho tiempo ha sido objeto de fuertes controversias por haber sido el músico favorito de Hitler y ahora a un ruso loco se le ocurrió bautizar con su nombre a un abominable grupo de mercenarios. Dmitry Utkin, militar retirado ruso, neonazi por añadidura, fundó en 2014 al Grupo Wagner, el cual desde entonces ha estado presente en una buena cantidad de conflictos en África, Siria, Crimea y el Donbás. Utkin eligió el nombre “Wagner” para su pandilla de asesinos profesionales como “homenaje” al compositor. Aunque el verdadero hombre fuerte del grupo es su financiador, el empresario, Yevgeny Prigozhin, quien se hizo rico con su empresa Concord Catering, la cual ganó durante años contratos multimillonarios para distribuir alimentos a escuelas públicas y cuarteles.

Compañías dirigidas por personas relacionadas con Prigozhin explotan recursos mineros y energéticos en países donde Wagner tiene presencia, como República Centroafricana, Mali, Sudán y Siria. También desarrollan complejos inmobiliarios en San Petersburgo y construyen instalaciones militares. Nada mal para un individuo de modesto origen quien pasó nueve años en prisión por robo en la época de la URSS. No conforme con todo ello, ahora abriga fuertes ambiciones políticas, incluso presidenciales. Para ello procura obtener el control de un partido político llamado “Rusia Por la Verdad”. Por supuesto, jamás se enfrentaría directamente a Putin, su amigo y socio, pero el dictador ruso está envejeciendo y alguien deberá sucederlo algún día.

Prigozhin se ha destacado últimamente por ser critico, tanto del ministerio de Asuntos Exteriores (“no hace absolutamente nada por los intereses rusos en África”), como del ministerio de Defensa (“No apoya adecuadamente los esfuerzos de Wagner en la batalla de  Bakhmut”). También ha sabido exagerar el papel de Wagner en los pocos éxitos rusos en Ucrania. Así granjea el apoyo de los sectores ultranacionalistas. Sin embargo, muchos dudan de las posibilidades presidencias de Prigozhin, personaje asaz desacreditado por las brutales actividades de sus mercenarios, acusados de perpetrar una infinidad de crímenes de guerra. Asimismo, depende demasiado de la aquiescencia y de los contratos del gobierno para pensar en ser un “disidente”. Y sus ambiciones son mal vistas por ciertos grupos de poder. Según algunos observadores, el reciente asesinato de su amigo el bloguero Vladlen Tatarsky en una cafetería frente a la sede de Wagner en San Petersburgo fue una advertencia de ciertas mafias.

Pero no es posible descartar del todo a Prigozhin, quien es tan inescrupuloso, taimado, oportunista y despiadado como el personaje a quien pretende suceder. Tras un relativo distanciamiento parece haber recuperado el favor de Putin ante la ineficacia del ejército convencional ruso durante la ofensiva de invierno en el Donbás. Las fuerzas de Wagner de nuevo reciben pertrechos, municiones y reconocimiento político, en contraste con la estrategia anterior del Kremlin dirigida a desgastar a los mercenarios en Bakhmut.

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